lunes, 15 de julio de 2013

WERNER BISCHOF: UN MAESTRO DE LA FOTOGRAFÍA CUYA OBRA SIGUE MUY VIVA

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El 16 de Mayo de 1954 murió Werner Bischof, uno de los más grandes fotógrafos de la historia, al despeñarse el jeep en el que viajaba por un acantilado en la zona de Peña de Aguila, en los Andes Peruanos.

Dominador de todas las facetas fotográficas imaginables (gran formato 4x5 (10 x 12 cm) en estudio, formato medio 6 x 6 cm y 35 mm, consumado maestro de la iluminación, dotado de gran maestría técnica, un estilo muy singular con fabuloso sentido de la composición, timing muy preciso para la captación de momentos relevantes, y concepción existencial de la creación de imágenes como medio de reflexión sobre temas importantes), la obra de este monstruo de la fotografía que sinergizó a la perfección sus excepcionales cualidades artísticas con su gran potencial para el fotoperiodismo (llegando a ser una de las más eminentes figuras de la revista Life y la Agencia Magnum desde finales de los años cuarenta hasta su temprana muerte en 1954), sigue muy viva.

Marco Bischof, hijo mayor de Werner Bischof, 59 años después. Tenía 4 años de edad cuando murió su padre, uno de los mayores talentos en toda la Historia de la Fotografía y hombre de gran humanidad y sensibilidad, cuyas exquisitas fotografías continúan suscitando el máximo interés en todas las exhibiciones fotográficas que albergan imágenes creadas por él, algunas de ellas ciertamente míticas, como las correspondientes a su famoso reportaje sobre la Hambruna en Bihar (India) en 1951, considerado una de las cimas diacrónicas del fotoperiodismo mundial. Desde 1986, año del fallecimiento de su madre Rosellina Bischof (administradora de los archivos fotográficos de su esposo Werner Bischof y de la Oficina de la Agencia Magnum en Zurich), Marco Bischof ha sido el factor decisivo y gran motor impulsor en potenciar el conocimiento sobre la obra de su padre, dirigiendo personalmente exhibiciones con sus fotografías por todo el mundo, realizando un trabajo ímprobo de clasificación de imágenes, copias de época, cartas, diarios, entrevistas con amigos de Werner Bischof en distintos países, etc.

Werner Bischof Vintage Prints, una de las más alucinantes exhibiciones fotográficas de todos los tiempos, preparada y dirigida con gran esfuerzo y esmero por Werner Bischof durante varios años y que tuvo como sede la Leica Gallery de Nueva York entre el 9 de Mayo y el 15 de Abril de 1999. Los asistentes a este inolvidable evento pudieron admirar de cerca el inmenso don para la fotografía, la soberbia técnica y sublimes composiciones de este Mago del Formato Medio 6 x 6 cm en Blanco y Negro, imbuido además de gran compromiso fotoperiodístico. Ni que decir tiene que las copias vintage mostradas fueron una auténtica delicia y dieron fe de la sutileza, elegancia y magistral versatilidad del fotógrafo suizo..  

De modo asombroso, casi 60 años después de su muerte, la obra fotográfica de Werner Bischof continúa generando un enorme interés por todo el mundo y las exhibiciones que incluyen fotografías hechas por él producen intensos niveles de expectación y asistencia masiva de público una y otra vez. 

COMIENZOS DE UNA PROMETEDORA CARRERA
La década de los años treinta supone a efectos prácticos la inmersión de Werner Bischof en el ámbito de la fotografía, ya que inicialmente su vocación era la de la pintura, habiéndose revelado ya como un muy buen dibujante desde su infancia.

Pero su inscripción en la Escuela de Artes Aplicadas de Zurich en 1932 asistiendo al curso de fotografía impartido por Hans Finsler significa un punto de inflexión a partir del cual decide evolucionar profesionalmente en este ámbito.

Durante 1933 y 1934, Werner Bischof se entrega en cuerpo y alma a la fotografía, convirtiéndose en el mejor alumno de la Escuela de Artes Aplicadas de Zurich, siendo respaldado por Alfred Willimann (su profesor de diseño gráfico) y el propio Finsler (su maestro de fotografía) que le siguen muy de cerca, conscientes de que el joven Bischof que cuenta a la sazón 18 años de edad, posee grandes dotes para las artes en general y la fotografía en particular, realizando además fotografías botánicas destacables como “Diente de León” con cámara de gran formato en estudio.

La sed por adquirir conocimientos del joven prodigio no tiene límites, y durante 1935, Bischof aprende una amplia variedad de técnicas fotográficas con las que experimenta sin cesar, asombrando a sus profesores y exhibiendo una inagotable creatividad y originalidad, con obras como “Vid” (con prodigiosa iluminación de planta sobre fondo oscuro, captando con precisión sus texturas), “Oruga sobre Hoja”, “Fotograma”, y otras.

Igualmente, se convierte en un consumado experto en iluminación, obtiene su Diplomatura en la Escuela de Artes Aplicadas en 1936 y pocos meses después abre en Zurich un estudio de fotografía y publicidad, realizando abundante fotografía publicitaria para diversas marcas del entorno comercial así como para empresas del sector de moda, con notable éxito.

También durante este año prosigue con sus técnicas experimentales en fotografía de estudio gran formato 4 x 5, con obras como “Caracoles Que Flotan” , “Voluta Tallada de Violín” y otras.

"Caracoles que Flotan". 1936. Una de las muchas fotografías experimentales realizadas por Werner Bischof durante la segunda mitad de los años treinta y primera mitad de los cuarenta. Esta es una fotografía significativa, en la que Werner Bischof se anticipa conceptualmente en unos veinte años a aspectos planteados por Salvador Dalí en 1956 con su obra " Naturaleza Muerta Viviente " (cuyo nivel de detalle es asombroso y sobre todo, cada uno de los elementos que aparecen parece tener vida propia). De este modo, entes cotidianos como caracoles y conchas se convierten en esta imagen en el núcleo de la visión de Werner Bischof del movimiento como fuerza. Ello confirma que Bischof era un artista todoterreno de altísimo nivel, no sólo un gran fotógrafo desde el punto de vista de las composiciones dinámicas, la narración de historias y el discernimiento en la creación de imágenes, sino también un maestro de la técnica con muy sólidos conocimientos científicos, notable dominio de la iluminación y capaz de conseguir soberbios niveles de nitidez, detalle y gradación tonal. © Werner Bischof / Magnum Photos

Y aunque Bischof prosigue su carrera ya como reconocido fotógrafo publicitario y de moda, las Bellas Artes continúan desatando en él una incontenible pasión, y tres años más tarde, en 1939, viaja a París con la intención de abrir un estudio de pintura, pero el comienzo de la Segunda Guerra Mundial le obliga a regresar a Suiza y proseguir su actividad profesional fotográfica en su estudio original, donde continúa realizando fotografía publicitaria para marcas importantes como Guerlain y su perfume Mitsuko en 1941.

Durante la guerra, Bischof realiza dos años de servicio militar en Suiza. Sigue siendo un profesional reconocido y gana dinero, pero se halla en un momento de transición vocacional y conceptual, por lo que se refugia en su estudio y dedica cientos y cientos de horas a profundizar en el dominio de la iluminación, experimentando sin cesar ( a esta época corresponden obras como “Bella Durmiente en Zurich”, “Mercurio”, “Desnudo (Cebra)”, “Chica Sordomuda” y otras, hasta Septiembre de 1945.

            "Mercurio". 1941. Otra imagen muy interesante que muestra el momento de inflexión que estaba viviendo Werner Bischof a principios de los años cuarenta, una fase de transición simbolizada por el movimiento de estas ondas de mercurio. Su vocación más fuerte sigue siendo la pintura, pero se ha convertido en un afamado fotógrafo profesional de estudio que domina todas y cada una de las fases en la producción de imágenes, en fotografía de retrato, comercial y de moda. Además, es ya por sí mismo una potencia artística avant-garde (reforzada por sus contactos con destacados profesionales del diseño gráfico y brillantes artistas como Max Huber, Emil Schultness, Max Bill, Hans Neuburg, Josef Muller-Brockmann, Achille Castiglioni, Carlo Vivarelli, Albe Steiner y otros) y su producción está muy influenciada por la fotografía, la pintura y otros medios gráficos. © Werner Bischof / Magnum Photos

Alumna de la Escuela Mimi Scheiblauer para Niños Sordomudos en Zurich. © Werner Bischof / Magnum Photos

ECLOSIÓN DE SU VOCACIÓN FOTOPERIODÍSTICA LATENTE
Pero en Septiembre de 1945, Werner Bischof, tras séis años de estancia ininterrumpida en Suiza, decide viajar en bicicleta a través del sur de Alemania, equipado con una Rolleiflex Automat de formato medio 6 x 6 cm y abundante película.

Lo que se encuentra es terrible, devastador. Un país completamente destruido por la guerra, la población hambrienta y buscando comida en vertederos y entre los escombros, niños jugando inocentemente en barrios deshechos por los bombardeos, caballos famélicos que vagan a su libre albedrío, gente que ha perdido sus casas durmiendo en la calle sobre improvisados cochones, etc.

Dos niñas jugando dentro de una iglesia destruida por la guerra. Friedrichshafen (Alemania). 1945. La precisión en el timing al presionar el botón liberador del obturador Compur-Rapid de su Rolleiflex Automat Model 2 Type K4B de formato medio 6 x 6 cm es asombrosa, captando espléndidamente el movimiento de ambas muchachas. La chica más próxima a la cámara tiene la pierna derecha adelantada, con el pie derecho a punto de tocar el suelo y el brazo izquierdo se halla avanzando bien separado del cuerpo, mientras que la chica más joven de la izquierda tiene la pierna izquierda adelantada con el pie a punto de tocar el suelo y su brazo derecho adelantado ligeramente cruzado sobre el vientre. A diferencia de la chica de mayor edad que va pisando los rombos mientras camina, la chica más pequeña es captada justo sobre el espacio blanco de separación entre las dos filas con rombos a través de las cuales avanza, de tal manera que el fotógrafo consigue que el observador adquiera la convicción de que la niña está flotando en el aire, incluso en grandes ampliaciones. Los conocimientos geométricos y maestría compositiva de Bischof son impresionantes, enmarcando sabiamente a ambas niñas con los arcos de fondo y logrando concentrar en ellas la atención mediante una zona ligeramente desenfocada próxima a la cámara que progresivamente va aumentando su nitidez hasta llegar a ambas niñas, perfectamente enfocadas y preservar también la suficiente profundidad de campo con respecto a las estructuras arquitectónicas visibles al fondo y el altar situado en el centro justo tras ellas. © Werner Bischof /Magnum Photos

Un hombre mirando la ciudad en ruinas. Frankfurt (Alemania). 1946. © Werner Bischof / Magnum Photos

Un hombre caminando a través de la ciudad destruida buscando comida en Freiburg im Breisgau (Alemania). 1945. © Werner Bischof / Magnum Photos

Es un contexto obviamente presidido por la miseria y la incertidumbre de personas que están padeciendo mil y una penalidades que Bischof se esfuerza por documentar.

Pero simultáneamente, siente que su presencia fotografiando este tipo de situaciones es necesaria. Comienza a tomar conciencia de que además de su talla como fotógrafo, en este tipo de reportajes es necesario tener compromiso y sentir cierta empatía hacia las personas fotografiadas, con las que se creará un vínculo.

Poco después, sus fotografías causan admiración en la sede de la prestigiosa revista ilustrada suiza de muy alta calidad Du (que contaba ya con fotógrafos de la talla de Peter W. Häberlin,  René Groebli y Otto Pfenniger) con sede en Zurich, y en Noviembre de 1945 viaja en coche como fotorreportero de dicha publicación con Emil Schulthess (Director de Arte y Editor Gráfico de Du entre 1941 y 1957 ) a través de Francia y Holanda, también devastadas por la guerra.

Parados franceses buscando trabajo en la estación de tren de Rouen (Francia). 1945 © Werner Bischof / Magnum Photos

Al regresar a las oficinas de Du, una vez más, sus imágenes causan sensación y se decide elaborar un número especial titulado “Europa en Reconstrucción” con fotos de Werner Bischof, incluyendo la portada con una fotografía en color de un chico holandés cuyo rostro totalmente deformado por pequeños impactos de metralla, muestra las consecuencias de la guerra.

A comienzos de 1946, por mediación de Alfred Kluber (Director de Du) Werner Bischof conoce a otro genio de la fotografía: el austriaco Ernst Haas, cinco años más joven que él y que con el tiempo se convertirá en el mayor experto en fotografía de color del mundo. Surge entre ellos una enorme y sincera amistad. 

En Mayo de 1946, Bischof decide volver a Alemania y realizar un periplo integral en bicicleta por todo el país, haciendo nuevas fotografías extraordinarias de las secuelas bélicas en la población civil alemana, que son publicadas en Heute.

Durante el verano de 1946, visita Italia, país igualmente asolado por la Segunda Guerra Mundial. Bischof queda cautivado por sus bellos paisajes, pero documenta sobre todo el sufrimiento de sus gentes, con imágenes que por enésima vez muestran edificios destruidos por doquier, marchando en otoño de dicho año a Grecia, donde permanecerá hasta Marzo de 1947.

CONSOLIDACIÓN EN DU Y LIFE
A mediados de 1947, las fotografías de Werner Bischof gozan ya de abundante predicamento en el sector fotoperiodístico europeo, sobre todo en Du y Heute, hasta que la prestigiosa revista ilustrada Life entra en escena y contrata también los servicios de Werner Bischof para que realice reportajes sobre asentamientos de niños víctimas de la guerra en países de Europa del Este.

A esta época pertenecen algunas de sus más conocidas imágenes, como las de niños huérfanos que salen en tren desde Budapest para ir a Suiza, y a los que fotografía en el interior de los vagones (muchos de ellos con la mirada perdida o llorando) a través de las ventanas,  

                             © Werner Bischof / Magnum Photos
         
                        © Werner Bischof / Magnum Photos

y las realizadas en Polonia en 1948

     Calle de Varsovia (1948). © Werner Bischof / Magnum Photos

Pareja esculpida. Varsovia. 1948. © Werner Bischof / Magnum Photos

Niño huérfano junto a una mesa en Varsovia (Polonia).1948. El profundo conocimiento del uso selectivo de la reducción de la profundidad de campo disparando a diafragma abierto así como el magistral aprovechamiento de la luz natural, unidos a la captación por sorpresa del muchacho ensimismado y que no está mirando a la cámara, revelan el inmenso talento de un auténtico genio. © Werner Bischof / Magnum Photos

MIEMBRO DE MAGNUM
Principios de 1949. Han transcurrido dos años desde la fundación de la Agencia Magnum por Robert Capa, David Seymour “Chim”, Henri Cartier-Bresson, Maria Eisner, George Rodger, William Vandivert y Rita Vandivert.

Robert Capa, principal artífice de su génesis, se halla en la sede neoyorquina de Magnum ubicada en el sótano del brownstone de 17 East Sixty-fourth Street, cerca de la Galería Wildenstein (posteriormente cambiaría a 15 West 47th Street).

Lleva ya varios meses en comunicación con Maria Eisner (directora de la oficina parisina de Magnum en 125 rue du Faubourg Saint-Honoré, que en pocos meses contraerá matrimonio y fijará definitivamente su residencia en Nueva York), que desde hace tiempo le habla maravillas de un fotógrafo suizo muy joven con inmenso talento y gran proyección de futuro.

Maria Eisner, una de las mejores editoras gráficas del mundo en esos momentos (fue discípula de Simon Guttmann), posee además una gran experiencia como agente comercial de fotógrafos desde 1933, año en que inició su actividad como representante de Simon Guttmann en París, que prosiguió tras la creación de Anglo-Continental Press-Photo Service a mediados de 1934 -y que duraría unos pocos meses-, tras lo cual fundó Alliance Photo, que se consolidó definitivamente durante la segunda mitad de los años treinta y distribuyó la producción fotográfica entre otros de David Seymour “Chim”, Henri Cartier-Bresson y Robert Capa.

Dos años antes, Capa (Presidente de Magnum) había nombrado a Marie-Jeanne Eisner Secretaria y Tesorera de Magnum.

Durante estos dos años, Maria Eisner se ha reunido varias veces con Warren Trabant (editor de la revista ilustrada Heute con sede en Munich y financiación norteamericana) desde que éste publicara en 1947 el extraordinario reportaje de Werner Bischof sobre prisioneros de guerra austriacos regresando a Viena en 1947.

Maria Eisner, infatigable y al mando de todas las operaciones de Magnum en Europa, ha tenido también varias reuniones en Viena con Inge Morath (corresponsal de Heute en la capital austríaca) durante 1948 en las que han hablado del fenómeno helvético.

Ambas coinciden: no hay otro igual.

El genio suizo es un fotógrafo excepcional, que posee tremendos conocimientos técnicos y experiencia para su juventud (sólo tiene 32 años), siendo capaz de hacer espléndidas fotografías, tanto en estudio (ámbito en el que obtiene soberbios resultados gracias a su dominio de la iluminación, el control sobre la profundidad de campo, etc) como de personas en reportajes en exteriores, donde mediante su gran sensibilidad humanística, intuición, precisión en el timing, gran discernimiento para captar los momentos más representativos y pasión por su oficio, también crea imágenes muy potentes y significativas una y otra vez, cuidando hasta los últimos detalles, incluso en los contextos más extremos, ya que es un gran perfeccionista.

Pero María Eisner, profesional de gran versatilidad y capacidad de trabajo, que adquirió de Simon Guttmann el olfato poco menos que infalible para detectar a los grandes fotógrafos de verdad, percibe claramente el inefable potencial fotoperiodístico de Bischof, que ha realizado ya además algunos excelentes reportajes para las revistas Du y Life 

Así pues, Eisner envía a Capa (Presidente de Magnum) desde la sede de Magnum en París a principios de 1949 a la oficina de Magnum en Nueva York un porfolio con  una selección de fotografías del portento suizo.

Capa tiene ahora sobre la mesa dicho porfolio, en cuya portada se lee:


Comienza a ver las fotografías y queda asombrado. 

Ante sus ojos desfilan unas imágenes de primerísimo nivel, con insólita variedad temática: zapadores rusos reparando un puente en Viena; una mujer entre las ruinas de Montecassino en Italia; unos niños alemanes jugando haciendo corro en una calle de Friburgo con un barrio destruido por las bombas visible al fondo; el Muelle de Littmatt desde el Grossmunster en Zurich; parados franceses buscando trabajo en la estación de tren de Rouen; una fotografía de estudio en la que aparecen caracoles y conchas flotando realzados con magistral iluminación; niños con un papel colgado del cuello a bordo de un tren de la Cruz Roja que les lleva desde Budapest a Suiza; un mendigo harapiento, descalzo y con los pies sucios durmiendo sobre un banco en una calle de Bonn; un hombre totalmente vestido de negro, con botas, sombrero y una cesta en su mano izquierda captado de espaldas y caminando entre las vías de un tranvía de Friburgo (Baden-Würtemberg) fuera de servicio buscando algo para poder comer entre la devastación que le rodea; un chico sentado junto a una mesa leyendo un libro iluminado únicamente con la luz de una vela; un hombre metido en un río de aguas poco profundas y tirando de un bote de remos con una cadena; soldados de plomo que avanzan mientras al fondo se desarrolla un incendio; el lecho del río Vístula en una maravillosa foto apaisada; granjeros húngaros bebiendo vino; un niño húngaro llorando captado por sorpresa prácticamente a bocajarro, etc.

El Presidente de Magnum constata la enorme valía de Werner Bischof y rápidamente llama por teléfono a Henri Cartier-Bresson, Chim y George Rodgers, que deciden por unanimidad aceptarle como fotógrafo de Magnum.

Pocos meses después, en Julio de 1949, con Maria Eisner ya residente en Nueva York, Werner Bischof es nombrado oficialmente Miembro de la Agencia Magnum.

1949-1954, AÑOS DE GLORIA Y CELEBRIDAD  INTERNACIONAL
Tras ser elegido como nuevo miembro de Magnum en 1949, Werner Bischof se entrega en cuerpo y alma a la fotografía y mantiene frecuentes reuniones con Robert Capa, David Seymour “ Chim”, Henri Cartier-Bresson y Ernst Haas, con los que mantiene una estrecha relación.

Robert Capa se convierte en su gran mentor y sobre todo surge entre ellos una gran amistad que durará hasta la muerte de ambos en Mayo de 1954.

Marco Bischof posando junto a una copia vintage de la mítica fotografía Monjes Sintoistas Caminando Bajo Una Nevada Junto al Templo Meiji en Tokio (Japón), captada por su padre Werner Bischof en 1951. Entre sus manos sostiene el libro Magnum´s First, abierto en su página 117, que muestra una de las fotografías hechas a la Bailarina Anjali Hora en Bombay, también en 1951.

Este es el período en el que Werner Bischof alcanza su máximo nivel fotoperiodístico, convirtiéndose en uno de los referentes internacionales de la fotografía, realizando distintos reportajes para el Proyecto Generación X, desarrollado por Magnum durante los años cincuenta y que consistía en que cada fotógrafo tenía que captar en los países que visitaba a personas de las nuevas generaciones que serían el futuro. 

Entre su producción de primera mitrad de los años cincuenta (desde 1950 hasta 1954, año de su fallecimiento en accidente) destacan:

a) Reportajes en Italia y Gran Bretaña en 1950

Muchacho en Verona (Italia). 1950. © Werner Bischof / Magnum Photos

Chica joven en Cerdeña (Italia). 1950. © Werner Bischof / Magnum Photos

Dos campesinos en Cerdeña (Italia). 1950. © Werner Bischof / Magnum Photos

Pingüinos del zoo de Edimburgo (Escocia) realizando su paseo semanal para atraer visitantes. 1950. © Werner Bischof / Magnum Photos

Vista del Támesis desde la Abadía de Westminster en Londres. © Werner Bischof / Magnum Photos

b) Reportaje en la India durante cinco meses, entre Febrero y Junio de 1951, siendo de especial relevancia:

- Fotografías de una bailarina de templo, del rico comerciante Ushakant Ladiwala en Bombay, así como de una acería en Jamshedpur y el Observatorio de Jaipur en Rajasthan. 

Copia vintage de La Bailarina Anjai Hora, fotografía realizada por Werner Bischof en Bombay (India) en 1951. Maravillosas las texturas y pliegues captados en la ropa de la mujer, con luces y sombras mostradas en todo su esplendor. Se trata de un momento mágico del que Bischof es testigo. La danzarina se halla inclinada hacia adelante rezando o en actitud introspectiva y perpendicular a una cama sobre la que se apoya. Su tocado y peine descansan sobre la sábana que muestra toda la gama imaginable de blancos sin llegar nunca a quemar las altas luces. Los negros tanto de la parte superior de la larga cabellera como de las zonas del ropaje en sombra son tremendamente ricos y profundos, destacando también el realismo de los soportes de hierro forjado a ambos lados, con sus barras desgastadas y ornamentos repujados. Bischof mostró durante toda su trayectoria profesional ser un consumado maestro del formato medio, y en esta imagen aprovecha la simbiosis entre el negativo de blanco y negro 6 x 6 cm (400% más grande que el formato 35 mm) de su Rolleiflex Automat X Model K4 / 50 y su objetivo Zeiss Tessar 75 mm f/3.5 para lograr una bellísima fotografía, cimentada en un uso muy sabio de la luz natural y de la composición.

Gente durmiendo en las calles mientras el rico vendedor Ushakant Ladiwala pasa caminando junto a ellos. Bischof fue constantemente testigo en la India de las enormes desigualdades sociales imperantes y la obscena cotidianeidad de las mismas, hasta tal punto que en sólo cuestión de varios metros podía contemplarse la mayor opulencia o la más extrema miseria, algo contra lo que el gran fotógrafo suizo siempre se rebeló usando su cámara como arma y mostrando su profunda indignación. © Werner Bischof / Magnum Photos

Trabajadora en una acería de Jamshedpur (India). 1951. Werner Bischof fue uno de los pioneros en captar con su cámara los riesgos para los trabajadores del desarrollo industrial desaforado en el que todo vale con tal de obtener beneficios, y los peligros para la salud que tal dinámica depredadora de los recursos naturales entraña para los seres humanos: polución masiva, inhalación de vapores venenosos, riesgos de accidentes, etc, así como la sobreexplotación laboral de las personas en contextos de máxima necesidad, obligándolas a trabajar a destajo en horarios de entre 12 y 16 horas diarias para poder subsistir. © Werner Bischof /Magnum Photos

Observatorio de Jaipur, Rajasthan (India). © Werner Bischof / Magnum Photos

- Ensayo fotográfico sobre la Hambruna en la Región de Bihar (India) en 1951, publicado por Life y que le lanza a la fama internacional, siendo reconocido como uno de los mejores fotógrafos del mundo.

Madre hambrienta con su hijo padeciendo Kwashiorkor. Provincia de Bihar (India). 1951. Fotografías como ésta revelan la capacidad de Werner Bischof para crear imágenes icónicas incluso en las circunstancias más extremas, así como su empeño por documentar situaciones ciertamente vergonzosas e indecentes a más no poder, en un mundo en el que una parte de la población moría entonces y sigue muriendo hoy en día por falta de alimentos y otra por el exceso de ingesta de los mismos. © Werner Bischof / Magnum Photos

Una de las fotografías de Werner Bischof correspondientes a su serie sobre La Hambruna en Bihar (India) en 1951. © Werner Bischof / Magnum Photos

c) Reportaje en Japón, donde permanece durante diez meses, entre Junio de 1951 y Mayo de 1952. Bischof realiza en este país algunas de las más aclamadas fotografías de su carrera, como la maravillosa imagen de los monjes sintoístas caminando junto al templo Meiji de Tokio en mitad de una nevada.

Copia vintage de la mítica fotografía " Monjes Sintoístas caminando bajo una nevada junto al Templo Meiji en Tokio (Japón) ", realizada por Werner Bischof en 1951. El fotógrafo crea una especie de paisaje viviente caracterizado por su incomparable precisión formal compositiva, utilizando magistralmente la luz natural, obteniendo múltiples detalles y delicadísimas transiciones y matices de escala de grises y explotando al máximo las capacidades del formato medio cuadrado. Blancos muy puros en la nieve del suelo, techo del templo y copas de los árboles. 

"Clase en el colegio" . Kyoto (Japón). 1951. © Werner Bischof / Magnum Photos

d) Reportaje durante tres cortos viajes a la Guerra de Corea en Julio de 1951, Enero de 1952 y Marzo de 1952, en los que Bischof documenta los efectos de este conflicto bélico sobre la población civil, especialmente los niños, así como a personas pertenecientes a la misma familia y que quedaron separadas tras la división de ambas Koreas por el Paralelo 38 una vez acabada la guerra.

Muchachos coreanos pobres en una calle de Busan (Corea del Sur). 1952. © Werner Bischof / Magnum Photos

Jovencísimo soldado recogiendo sus platos con comida en el campo de internamiento de la isla de Koje Do para prisioneros norcoreanos. 1952. © Werner Bischof / Magnum Photos

e) Ensayo fotográfico en Hong-Kong, donde hace fotografías en Mayo y Junio de 1952 como parte de un libro fotográfico sobre Asia que tiene in mente.

" Puerto de Kowloon (Hong Kong) ". 1952. Werner Bischof / Magnum Photos 

"Niño refugiado chino dormido transportado sobre la espalda de su Madre". Hong-Kong. 1952

f) Reportaje en Indochina durante cinco meses, entre Junio y Octubre de 1952, enviado como fotógrafo de guerra en plena lucha entre tropas francesas y el Viet Minh, aunque Bischof siente mucho mayor interés por documentar a la población civil y las consecuencias que la guerra tiene sobre ellos.

Copia vintage de "Labrador protegiéndose del sol mediante un exótico protector fabricado por él mismo, junto a dos vacas", fotografía realizada por Werner Bischof en Camboya (Indochina). 1952. La calidad de esta copia de época hecha en 1955 es excelente, con muy fina gradación high key y low key desde los blancos más extremos de la zona central del fotograma hasta los negros más profundos del campesino en sombra, sin olvidar la ausencia de profundidad de campo de la hierba en primer término en el borde inferior del negativo de blanco y negro. Soberbio el trabajo artesanal por parte del printista con los encuadres y reservas hasta dejar la copia en papel fotográfico de blanco y negro en su punto óptimo de interpretación del momento. Además, el ángulo muy bajo de toma por parte de Bischof, confiere a la imagen un impacto y originalidad palpables.

Muchacho en Angkor (Camboya). 1951. © Werner Bischof / Magnum Photos

g) Exhibición fotográfica “Gente de Extremo Oriente”, organizada por Werner Bischof en Zurich en 1953, al tiempo que la revista Du lanza un número especial con idéntico título y fotos del gran fotógrafo suizo.

h) Reportaje fotográfico en México, Panamá, Chile y Perú durante 1954.
Ciudad de México. 1954. © Werner Bischof / Magnum Photos

Copia vintage de "Pueblo cerca de Machu Picchu", fotografía realizada por Werner Bischof en Perú en 1954. Aparecen dos campesinas peruanas y una llama, fotografiados de espaldas y dirigiéndose hacia una aldea, cuyas casas visibles al fondo y levemente desenfocadas, constituyen una composición espléndida, realzada por los techos de paja.

Copia vintage de la famosa fotografía " De Camino a Cuzco", realizada por Werner Bischof en Perú en 1954. Otro icono fotográfico atemporal en el que destacan el excelente nivel de detalle en la vestimenta indígena del muchacho y su sombrero típico, así como la textura intrincada del saco que lleva a su espalda, la sensación de volumen de su mano derecha, la musculatura fibrosa de sus pantorrillas, el suave bokeh en la zona montañosa que se aprecia al fondo y sobre todo una milenaria sinergia entre hombre y naturaleza que Werner Bischof constató que se hallaba en gran peligro.

Especialmente relevante es su trabajo realizado en Perú, ciertamente excepcional y donde capta con gran maestría, sensibilidad y discernimiento la ancestral cultura y costumbres de sus habitantes, fiestas populares y sus paisajes y viviendas, conviviendo con ellos, logrando una gran empatía e interesándose por su día a día, presidido las más veces por muy duras condiciones de trabajo.

Por otra parte, aunque desde un punto de vista porcentual la mayor parte de fotografías fotoperiodísticas que realizaó durante su carrera profesional fueron hechas con cámara Rolleiflex de formato medio 6 x 6 cm, de la que fue un consumado especialista, también utilizó una Leica IIIc de 35 mm con objetivo Leitz Elmar 5 cm f/3.5 con la que hizo igualmente grandes fotografías, apareciendo porfolios suyos hechos con dicha cámara y objetivo en 1954 y 1955 nada menos que en dos números distintos de la prestigiosa revista Leica Fotografie ( 5/1954 Master of the Leica: Werner Bischof y 3/1955 Werner Bischof y su libro Japón) que era en aquellos momentos el referente mundial cualitativo en su ámbito junto con la legendaria Camera (notablemente potenciada desde mediados de los años cincuenta por Walter Läubli, Hans Neuber, Imre Reiner y Romeo Martínez) y en 


LFI Leica Fotografie International (5/2012 Generation X, Tokyo 1951). 


© Texto y Fotos Indicadas: José Manuel Serrano Esparza

miércoles, 10 de julio de 2013

CÓRDOBA ENTRE DOS LUCES: HOMENAJE FOTOGRÁFICO A UNA CIUDAD BIMILENARIA



Córdoba busca la armonía entre su pasado y su presente, es un microcosmos de cal y piedra, agua y brisa dormida, y un cálido fuego que abrasa el corazón de sus gentes. Así es como el paseante ve el inicio de este viaje, así es como pretende explorar la identidad de la ciudad con la última luz del día, dejándose llevar por sus pasos, como un rito de descubrimiento.

Con estas palabras y una bella fotografía apaisada de la zona sur de la Ciudad Califal tomada desde la barriada de Fray Albino, se inicia Córdoba Entre Dos Luces, un libro de 248 páginas y 212 imágenes, ciertamente singular y en gran medida único, cimentado en la sinergia entre:

a) Las excelentes fotografías de Antonio Jesús González, reconocido fotoperiodista cordobés con casi treinta años de experiencia en la creación de imágenes (es redactor gráfico y responsable del Archivo del Diario Córdoba desde 1986 - año en el que además colaboró con Tor Eigeland en la revista National Geographic-, fue corresponsal de la Agencia EFE en Córdoba entre 1991 y 1994 y ha publicado sus fotografías en la casi totalidad de prensa diaria y semanal española - El País, Diario 16, El Mundo, ABC, Tiempo, La Vanguardia, Interviú, Diario de Córdoba y otros medios-, además de contar en su haber con una acreditada trayectoria como comisario fotográfico, conferenciante, moderador, ponente, profesor, y miembro de jurado en una amplia gama de concursos fotográficos, con el complemento añadido de una sólida formación fotográfica que incluyó cursos con Eva Rubinstein y Koldo Chamorro en 1988).

b) Los soberbios textos de Antonio de Egipto (Director de Editorial El Páramo, Diplomado en Biblioteconomía y Documentación por la Universidad de Granada, hombre hecho a sí mismo, con notable experiencia en el ámbito de la librería, además de ser un experto creador de guiones de comics y poesía - en especial sus historias cortas con el dibujante Andrés G. Leiva-), habiendo publicado hasta la fecha dos libros: Desnudos en La Ciudad (Ayuntamiento de Cabra, 2006) y La Maleta (Ediciones De Papel 2009) y colaborado en los libros colectivos El árbol talado que retoña: Homenaje a Marcos Ana (El Páramo, 2009), A Pablo Guerrero en este ahora (El Páramo, 2010) y Picasso (Cuadernos de Roldán, 2010).

UNA OBRA MUY ESPECIAL
Córdoba Entre Dos Luces constituye sin lugar a dudas un libro muy especial, repleto de admirables imágenes de los lugares más representativos de la capital del Alto Guadalquivir, pero con el aliciente añadido de que fueron creadas por Antonio Jesús González con un denominador común: la captación durante la transición de aproximadamente un cuarto de hora entre los últimos atisbos de luz día y el comienzo de la noche.


Se trata pues de una visión muy personal de la ciudad que le vió nacer y a la que ama profundamente por parte de un fotógrafo profesional que lucha al máximo por plasmar su más genuina atmósfera, su esencia atemporal, el inefable poso cultural diacrónico que todavía se respira en lugares que el autor conoce como la palma de la mano desde hace décadas.

Y para ello, el fotógrafo recurre a un enfoque apriorísticamente radical, basado en tres pautas operativas constantes:

a) Apretar el botón liberador del obturador de su cámara digital únicamente durante el colofón crepuscular, en todas y cada una de las 212 fotografías que componen este excelente libro en gran formato 27 x 22 cm y 240 páginas, en el que Editorial Páramo ha hecho un gran esfuerzo, no escatimando gastos de inversión en calidad de papel, gramaje del mismo, y sobre todo una muy buena reproducción de las imágenes, lo cual tiene como resultado un auténtico deleite visual.

b) No utilizar nunca trípode.

c) Evitar toda manipulación digital de las imágenes, mostrándolas íntegramente, tal y como fueron realizadas en el mismo momento del acto fotográfico.


Obviamente, estas premisas autoexigentes a más no poder, disparando siempre a pulso en contextos al límite de luminosidad disponible, han hecho que Antonio Jesús González precisara un ímprobo esfuerzo de cuatro años para poder hacer todas las fotografías que componen esta obra, que destila calidad a raudales, pasión por lo que se está haciendo, gran conocimiento de la ciudad y sus distintas zonas y una gran habilidad e intuición para captar esos momentos mágicos de metamorfosis entre el día y la noche que forman el núcleo vital de Córdoba Entre Dos Luces.

LA IMAGEN FOTOGRÁFICA EN SÍ MISMA COMO ELEMENTO MÁS IMPORTANTE POR ENCIMA DE SU PERFECCIÓN TÉCNICA
Córdoba Entre Dos Luces prioriza claramente el hechizo de los momentos captados durante las postrimerías de la luz diurna en la inmediata antesala de la noche, la sutileza de los instantes irrepetibles, la representatividad y carácter fugaz de los mismos, susceptibles de ser plasmados por la fotografía para su posterior contemplación, y en definitiva las imágenes per se, que constituyen con diferencia el bagaje más importante de un fotógrafo profesional, por encima de su perfección técnica.

Poco importa pues, por citar sólo un ejemplo, la aparición de todo tipo de edificios, iglesias y monumentos representativos de Córdoba, en imágenes cuyas verticales se muestran a veces convergentes y fugan con cierta frecuencia hacia el cielo al no haberse utilizado en ningún momento objetivos de corrección de perspectiva con la cámara sobre trípode, ni siquiera en los contrapicados más extremos, tal y como sucede en la fotografía de la Iglesia de San Hipólito.

Lo que se busca ante todo y para todo es retratar el alma de Córdoba, su naturaleza más íntima, el eco de su glorioso pasado y la cotidianeidad de su presente, mediante fotografías que captan tanto


sus obras arquitectónicas más antiguas


como las más modernas,


sus barrios más genuinos, sus gentes, la asombrosa diversidad cromática de sus distintas áreas, los reflejos multicolores que proyectan las aguas del río Guadalquivir a su paso por la ciudad, los edificios de la Judería y muchos otros lugares muy interesantes y representativos.

Son fotografías muy cuidadas, impregnadas del atávico embrujo de la Ciudad Sultana (que hace mil años, en su época de máximo esplendor, fue una gran urbe que superaba el millón de habitantes y en la que coexistían en armonía tres culturas diferentes: la cristiana, la árabe y la judía), y en las que emergen tanto la Córdoba antigua como la moderna, aunando imágenes que reflejan su gran acervo histórico y duende de muchos siglos con otras que ilustran su adaptación a la modernidad presidida por un paisaje urbano ya inmerso en el siglo XXI, todo ello aderezado por muy elevadas dosis de realismo y ulterior espacio reservado a algunas fotografías que compendian asimismo el latido vital cotidiano y popular de sus habitantes, que disfrutan de una ciudad muy armónica, caracterizada por la perfecta simbiosis entre su casco antiguo y la urbe moderna.

ENORME DIVERSIDAD DE CONTENIDO
Córdoba Entre Dos Luces revela con maestría la gran diversidad inherente tanto a La Sultana clásica (que embelesa a sus visitantes, ofreciéndoles la posibilidad de recorrer a pie su casco histórico, deleitándose en la contemplación de múltiples testimonios arquitectónicos y monumentales, mudos testigos de su ininterrumpido esplendor desde que comenzó a ser centro de acuñamiento de moneda el año 80 a. C. y caput provinciae de la Hispania Ulterior poco después, alcanzando sus máximas cotas de importancia en el año 1.000, en pleno apogeo del Califato de Córdoba, época en que se convirtió en la ciudad más poblada de Europa y en uno de los centros culturales, comerciales y financieros más importantes del Viejo Continente, llegando incluso a ser la primera ciudad de la Península Ibérica que ya hace diez siglos tenía pavimentación completa en sus calles, alumbrado público nocturno y una red de alcantarillado perfectamente organizada, así como la mejor biblioteca del mundo) como a la contemporánea.

De este modo, Antonio Jesús González nos brinda una muy amplia gama de imágenes preñadas de buen gusto, pasión por la fotografía y emoción a raudales, en las que cobran protagonismo enclaves altamente representativos de la ciudad de Córdoba: el Puente de Miraflores, el Edificio Sede Institucional del Yacimiento Arqueológico de Medina Azahara, la Barriada de Fray Albino, la Plaza de las Tendillas, la calle Cruz Conde, la Iglesia de Santa Victoria, la calle Paraíso, la Iglesia de San Miguel, el Templo Romano de la calle Claudio Marcelo, la Plaza de la Compañía con su Torre del Reloj, la Sede de la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía, el Instituto Maimónides de Enseñanza Secundaria, la Plaza de la Corredera, la Iglesia de San Pablo, la calle Agustín Moreno, el Cimborrio del Convento del Corpus Christi, el Santuario de la Fuensanta, el Triunfo de San Rafael en la Plaza de los Aguayos, la Iglesia de Santiago, la Fuente de la Piedra Escrita, el Patio de Recibo del Palacio de Viana, el Claustro de San Francisco, la Fuente del Potro, el Puente Romano sobre el Guadalquivir, la Torre de la Calahorra, la Mezquita Catedral, el Molino de San Antonio, la Fuente del Olivo del Patio de los Naranjos, la Calleja del Pañuelo, el Alcázar de los Reyes Cristianos, el Campanario de la Iglesia de San Basilio, el Museo Arqueológico de Córdoba, la Puerta de Almodóvar, el Mausoleo Romano en la Puerta de Gallegos, el Rectorado de la Universidad de Córdoba, las Caballerizas Reales, el Gran Teatro de Córdoba, el Azulejo dedicado a la Virgen de los Dolores en el Bailío, el Monumento a Manolete, la Plaza de la Flor del Olivo, el Reloj de la Diputación Provincial de Córdoba, el Bulevar del Gran Capitán, la Plaza de Capuchinos, la Muralla del Marrubial, la Fuente en el Paseo de Córdoba, la Estación de Ferrocarril del AVE, la Clínica Médica de la Avenida del Brillante, el Puente de Andalucía, la Plaza del Mediodía, la Iglesia de San Nicolás, el Campus Universitario de Rabanales, las Ermitas de Córdoba, el Puente de San Rafael, el Zaguán de la Casa de Sefarad y muchos otros, que convierten también a esta obra en una muy útil guía de referencia para visitantes tanto de España como del resto del mundo.

Córdoba Entre Dos Luces aproximándose al Aeropuerto de Narita, cerca de Tokyo, diez minutos antes de la puesta de sol.

EXPLOSIÓN CROMÁTICA Y DE CONTRASTES
Pese a que las fotografías que componen la obra fueron tomadas durante los quince postreros minutos de luz diurna que preceden a la noche, en condiciones de baja luminosidad, la experiencia y conocimientos fotográficos del autor le han permitido aprehender con maestría, cámara en mano, la explosión cromática y de contrastes que caracterizan a la ciudad de Córdoba.

En este sentido, destacan imágenes como

- La Iglesia de San Lorenzo (captada intencionadamente algo fuera de foco y con intensa tonalidad bermellón) al tiempo que el uso de una abertura de diafragma amplia ha hecho posible resaltar de modo simultáneo unas letras árabes que aparecen en primer plano, esculpidas sobre piedra en la zona inferior de la fotografía.


- La bella composición diagonal apaisada de la Escultura de Agustín Ibarrola en el Parque de Miraflores, con unos azules intensos en los grandes cantos rodados que ocupan dos tercios de la fotografía y contrastan con los verdes, naranjas y rojos de la izquierda de la imagen, más allá de la zona de profundidad de campo.

- La espectacular vista de la Torre de la Calahorra (que aparece iluminada con una suave tonalidad verde y en la que A.J ha conseguido un notable nivel de detalle en la deteriorada mampostería de la pequeña muralla de circunvalación, con muchos ladrillos al aire), el Puente Romano (junto al cual se observan las aguas del río Guadalquivir repletas de reflejos multicolores) y la Mezquita Catedral (que se perfila al fondo, en la mitad izquierda de la imagen, con una fuerte tonalidad naranja, todo ello enmarcado por un cielo azul marino oscuro que precede a la noche).

- San Rafael del Puente Romano y río Guadalquivir, con encomiable captación de texturas y precisión de color en la estatua y su base, que contrastan con el rojo intenso de las grandes velas y sus llamas y los paseantes que se vislumbran al fondo a la izquierda - de los cuales el más próximo a la cámara se halla hablando por teléfono móvil- , mientras que en el horizonte se aprecia la majestuosa Mezquita Catedral. A destacar también la presencia de un cielo azul marino muy oscuro e intenso a más no poder, justo antes de caer la noche.

- La Puerta del Puente, imagen potente presidida por sus altos basamentos sobre los que se erigen columnas dóricas estriadas coronadas por un entablamento clásico en el que aparecen triglifos y metopas.

Antonio Jesús González la capta en todo su esplendor, con profusión de áreas en sombra, gran nivel de detalle en la textura de los materiales arquitectónicos y las esculturas labradas en piedra de la zona superior, una turista caminando plasmada en sombra junto a la base del monumento y quince viandantes más que aparecen apenas perceptibles a la izquierda, en la pequeña plaza que da a un gran edificio con arcos iluminados en color naranja, con la estatua del Triunfo de San Rafael ubicada a la izquierda del todo de la fotografía.

- El Zaguán de la Casa de Sefarad, ubicado en el corazón de la Judería de Córdoba, en pleno casco histórico de la ciudad, justo enfrente de la antigua sinagoga, linda con la calle Averroes y es un proyecto cultural que pretende recuperar y dar a conocer el enorme y rico legado de la tradición sefardí, siendo el conjunto urbano mejor conservado de las juderías medievales españolas.

Bellísima imagen en la que el autor capta con pericia las sombras de diferentes arcos proyectadas sobre un fondo bermellón intenso repleto de motivos ornamentales esculpidos en piedra y en el que se intercalan sombras, mientras dos hermosas lámparas sefarditas emiten una luz nívea, al tiempo que en la mitad inferior derecha de la imagen se aprecia la puerta de acceso a este zaguán, dotada de elegante arco enmarcado por motivos florales blancos sobre fondo azul, todo lo cual contrasta vivamente con los negros profundos del techo y sus gruesas vigas de madera tenuemente perceptibles.


- La Glorieta de Chinales. El impresionante refulgir del cielo con nubes saturadas de granate es captado por el autor con los arcos de bienvenida a Córdoba - que evocan la arquitectura de la Mezquita- realizados en aluminio presidiendo la escena, mientras un vehículo situado en la mitad inferior de la fotografía avanza hacia la derecha. Es un momento irrepetible, en el que pareciere que el firmamento se halla incandescente.

- La Plaza de la Flor del Olivo. Situada en los terrenos de la antigua fábrica de aceites San Antonio de la compañía Carbonell, construida en 1903 . Antonio Jesús González sabe sintetizar visualmente el encanto de este espacio urbano de planta rectangular, en uno de cuyos extremos destaca el viejo chimeneón de labrillo rojo de la anteriormente mencionada fábrica, cerca de Torremalmuerta.

El fotógrafo enmarca la bella plaza con el espacio central vacuo de una estatua modernista a partir de la cual vemos en sombra la zona central de paseo dotada de cuadrículas grises, pero realzada a ambos lados por intensa luz naranja que baña parcialmente los bancos de piedra de la zona derecha y totalmente los de la izquierda, con el complemento añadido de la iluminación de las farolas que presiden la plaza y la imponente silueta oscura pero perfectamente distinguible del antiguo chimeneón, precedido por una gran palmera y una bella fuente de pilar octogonal y generoso surtidor, sabiamente iluminada.

Al mismo tiempo, la presencia de densas nubes alargadas con tonalidad azul oscuro que cruzan por encima de la plaza, añade elevadas dosis de dramatismo a la imagen.


- El Puente de Andalucía: Otra de las imágenes más espectaculares del libro. El fotógrafo capta con oficio y muy buen gusto el mayestático atractivo de esta obra arquitectónica moderna cordobesa en su momento de mayor esplendor: los últimos instantes previos a la llegada del anochecer, cuando la iluminación de sus originales pilares y sus reflejos en las aguas del río Guadalquivir constituyen todo un solaz para la mirada, aderezado por la también refracción sobre la vía fluvial de las luces de las farolas que jalonan la superficie del modernísimo puente de 210 metros de longitud, peculiar estructura atirantada y construcción prácticamente artesanal, obra del ingeniero Javier Manterola.

Destaca también en esta imagen la presencia de un cielo color azul celeste oscuro, repleto de nubes que se reflejan también sobre las aguas del Guadalquivir y que confieren todavía mayor impacto si cabe a esta impresionante fotografía.

- La Portada de la Feria de Mayo en el Recinto Ferial de El Arenal, vívido testimonio gráfico del colorido, sabor, aroma popular y cúmulo de sensaciones que caracterizan a la Córdoba contemporánea, fuertemente ligada de modo simultáneo a la tradición de un pasado de muchos siglos.

El conjunto está claramente inspirado en el famoso Bosque de Columnas de la Mezquita de Córdoba y se halla coronado por doble arquería, en la que destacan los arcos polilobulados y entrelazados que aparecen a la derecha de la imagen (rematados por tres arcos de medio punto), en el marco de una evocación festiva que trata de emular en la medida de lo posible, mediante luces de neón, la alternancia cromática y material de sus dovelas de ladrillo rojo y las de caliza amarillenta, con los arcos de herradura dotados de encuadre o alfiz con pilares rectangulares coronados por arcos de medio punto y el modillón de rollo en la base de cada soporte como principales protagonistas, en perfecta sinergia con la masiva afluencia de público y el pulso y vitalidad de la urbe.

La presencia de la gran fuente próxima a la Portada en la zona inferior de la fotografía, potencia aún más el dinamismo de la escena.

"LA LUZ QUE CONVIERTE EN ORO TODO LO QUE TOCA"
Entre otros muchos aspectos, a cual más interesante, Córdoba Entre Dos Luces corrobora una vez más los espléndidos frutos que puede conseguir la interacción sincrónica entre los últimos minutos de mágica luz que preceden a la noche y un reconocido fotoperiodista con acreditada experiencia, sapiencia y buen gusto cultivado durante décadas, que es además un profesional con gran capacidad de trabajo y que - factor que ha sido asimismo esencial para el éxito de este proyecto fotográfico- conoce la ciudad de Córdoba como la palma de su mano y la ama profundamente, de lo cual se infiere que este libro posee las cualidades de una obra probablemente irrepetible, fruto de varios años de tesón, paciencia a raudales y una notable precisión en el timing al apretar el botón liberador del obturador de la cámara en los instantes más representativos, de lo cual hay una amplia gama de imágenes, entre las que cabe reseñar, por citar sólo algunos ejemplos:

- La Calle Cruz Conde, una de las principales arterias de la ciudad, que fue convertida en peatonal en 2011. Ubicada en la zona del Barrio del Centro Comercial, es una de las áreas de paseo más tradicionales de la capital cordobesa. El autor la captó mediante toma vertical, poco antes de su remodelación, todavía con vehículos y con varios transeúntes cruzando un paso cebra frente a uno de sus bellos edificios.

- La Ermita de los Mártires Acisclo y Victoria en la Ribera, imagen de composición muy cuidada en la que destaca la fachada principal con hastial de sillares de piedra y portada levemente apuntada.

Se observa una amalgama entre la última luz natural que antecede a la noche y la iluminación artificial de las farolas y coches que surcan longitudinalmente el tramo de carretera adyacente y cuyas luces se reflejan sobre el asfalto, mientras dos jóvenes montados en bicicleta entran en la imagen desde la zona inferior izquierda de la misma. En el centro de la fotografía se aprecia también parte del entorno ajardinado aumentado en 2007.

- La Iglesia de San Pablo. Tras cruzar el arco de la portada de la calle Capitulares, el autor fotografía en todo su esplendor la portada principal (de estilo manierista del siglo XVI, obra del arquitecto Juan de Ochoa) de esta construcción barroca gótico-mudéjar, mediante toma con fuerte contrapicado apaisado, cuando el último atisbo de luz día baña con tonalidad anaranjada el rosetón de la zona superior, flanqueado por contrafuertes de la época original del edificio.

- El Santuario de la Fuensanta, de mediados del siglo XV y estilo gótico-mudéjar, con elementos barrocos y neogóticos. El autor lo fotografía desde el Humilladero o templete gótico (popularmente conocido como "Pocito" y situado delante de la fachada del santuario), parte del cual aparece a la derecha de la imagen, bañado por una bellísima luz naranja, apreciándose desde perspectiva diagonal uno de sus arcos ojivales, mientras una enorme palmera enmarca ambas construcciones y un cielo violeta oscuro anuncia la inminente llegada de la noche.

- El Palacio de Orive, también conocido como Palacio de los Villalones. Ubicado en la manzana de Orive, en pleno casco histórico de Córdoba, y realizado en 1560 por el arquitecto Hernán Ruiz II, es magistralmente captado por el fotógrafo segundos antes de caer la noche, cuando la oscuridad comienza a cernerse sobre el edificio y ocupa ya su zona superior.

El encuadre, notablemente contrapicado, añade gran dramatismo e impacto, abarcando la mitad de la zona superior de la portada, que aparece en el área inferior derecha de la imagen (en la que gracias a la extraordinaria luz que ilumina la escena, se muestran con gran nivel de detalle las texturas y volumen de una de las dos cartelas con leones que flanquean el dintel, la cornisa corrida de la fachada, y en su centro una concha, un florón y un escudo y una flor labrados en piedra y ubicados en el friso con ménsulas, sobre los cuales vemos unas acróteras que llevan al segundo cuerpo arquitectónico, en el que aflora una ventana principal rematada por adornos candelieri, iniciándose el tercer cuerpo con una segunda cornisa que le precede, coronándose la zona superior con espirales y un mirador de triple arcada).

- Detalle de la Puerta del Puente y Triunfo de San Rafael. Imagen vertical que destaca por los vivos colores de la fase final de la puesta de sol, con una espléndida calidad de luz que realza la textura del material arquitectónico de la zona de columna dórica y su capitel simple, protagonistas de la fotografía, lográndose un encomiable nivel de detalle y volumen, además de sensación de robustez y permanencia en el tiempo, así como sobriedad y elegancia, mientras al fondo de la imagen a la izquierda, la estatua de San Rafael, completamente en sombra, realza la composición.

Las estrías unidas a arista viva que recorren el fuste de la columna parecen adquirir vida propia.


- La fotografía de la Mezquita Catedral al fondo, bañada por luz anaranjada y unos jinetes sobre caballos andaluces silueteados en primer plano. Es una de las más bellas imágenes del libro, muy representativa de la idiosincrasia de Córdoba en particular y Andalucía y su acervo cultural e histórico en general.

- El Alcázar de los Reyes Cristianos. Situado a orillas del río Guadalquivir, es uno de los monumentos más representativos del Gótico Cordobés. El autor nos muestra la sobriedad de sus murallas (edificadas sobre restos de construcciones previas -el recinto amurallado original databa de la época romana-), fotografiando un tramo del complejo defensivo en la zona norte, situando en mitad de la imagen una enorme palmera silueteada que domina la escena y cuyo tronco oscuro contrasta vivamente con la majestuosa luz anaranjada que ilumina las almenas en las zonas inferior izquierda y central de la imagen,

- Las Caballerizas Reales. Denominadas "Catedral para los Caballos" por Federico García Lorca, fueron fundadas en el año 1570 por el rey Felipe II, que nombró caballerizo real al cordobés Diego López de Haro para que creara una nueva raza de caballo andaluz, lo cual se consiguió, adquiriendo el recinto rápidamente dimensión internacional en el ámbito de la equitación, lo cual confirió a Córdoba una gran proyección mundial como Centro de Cría Caballar.

Pero en este caso, el fotógrafo no nos muestra imágenes de sus instalaciones interiores y sus míticos caballos ni sus amplias salas abovedadas y cubiertas de piedra arenisca que delimitan las cuadras, sino que opta por captar la serena sobriedad arquitectónica de su zona externa desde una posición diagonal, descubriéndonos la zona externa del edificio de planta rectangular, sobre la que irradia la última luz del día antes de caer la noche, con una intensidad lumínica in crescendo de izquierda a derecha, y las líneas del edificio convergiendo en otra construcción que se vislumbra al fondo, al tiempo que abundantes naranjos se alinean en sus proximidades y dos paseantes silueteados (uno de los cuales camina llevando una bicicleta) avanzan relajadamente hacia la zona inferior izquierda de la fotografía, mientras un tercer viandante, apenas perceptible al fondo, lo hace en sentido opuesto.

- Muralla y Monumento a Averroes en la calle Cairuán. Una de las imágenes más representativas y simbólicas del libro, en el que su autor fotografía la estatua del médico y filósofo andalusí (célebre por sus Comentarios a Aristóteles, que tuvieron gran repercusión en la filosofía posterior) realizada por el escultor Pablo Yusti Conejo en 1967, formada por un pedestal sobre el que aparece la efigie de Averroes, sentado y agarrando con su mano izquierda un libro que apoya sobre sus rodillas.

La cálida luz postrera del atardecer así como un ángulo de toma perpendicular ligeramente contrapicado con respecto a la efigie, son aprovechados con maestría por el fotógrafo - que demuestra una vez más su oficio y experiencia para la elección del punto de vista y la calidad y dirección de luz que más le interesan-.

La limitada gama de colores y el contraste de las texturas entre la talla en piedra, el hierro forjado de la barandilla del balcón de fondo y su columna blanca, junto con los sillares de paredes, arcos y almenas de la Puerta de la Luna, parcialmente visible detrás del pensador, así como del tramo de muralla comprendido en el lienzo sur de la Puerta de Almodóvar que ocupa todo el fondo de la imagen, en sentido ascendente de izquierda a derecha, confieren un atractivo especial a esta fotografía, repleta de majestuosidad, que sintetiza el gran poso multicultural diacrónico de esta ciudad bimilenaria.  


- La Iglesia de San Nicolás. Otra imagen emblemática de la ciudad califal, en este caso captada desde una posición elevada, y - al igual que el resto de fotografías que componen este gran libro - tirando a pulso y al límite de lo posible, en condiciones muy bajas de luminosidad, en plena fusión entre los últimos atisbos de luz día y la iluminación artificial de farolas y escaparates de comercios que jalonan el Bulevar del Gran Capitán contiguo a la Iglesia de San Nicolás propiamente dicha, cuya construcción se remonta al siglo XIII, de estilo gótico-mudéjar, con elementos renacentistas y manieristas, en la que destaca su imponente torre (edificada en el siglo XV sobre los restos de un antiguo alminar y que forma parte de la fachada norte) que domina la escena, captada en un momento de abundante flujo de peatones y bullicio que dan fe del moderno pulso vital de esta ciudad cosmopolita en la que construcciones contemporáneas coexisten en plena armonía con edificios y monumentos de un pasado histórico de muchos siglos.

- Azulejo dedicado a la Virgen de los Dolores en el Bailío, imagen muy representativa de la Córdoba tradicional, dos de cuyos ancestrales barrios, el de la Medina y el de la Axerquía, se comunicaban mediante una muralla, una de cuyas entradas era la Cuesta del Bailío, hoy en día uno de los lugares más apropiados para contemplar los diferentes recorridos procesionales que transcurren a través de ella durante la Semana Santa, además de ser sede de la Biblioteca Viva de Al-Andalus, en la que se encuentran abundantes textos de la cultura clásica andalusí.

Desde el punto de vista lumínico, esta fotografía constituye una inefable concurrencia entre la última luz del día que antecede a la noche y la iluminación artificial procedente de la gran luminaria típica andaluza (que adquiere también protagonismo en otras instantáneas del libro) situada a la izquierda de la imagen, parte de cuyo impacto obedece a un uso efectivo del color con sabia dosificación del mismo.

- Torre de la Malmuerta. Otra imagen alegórica de la grandeza histórica y gran patrimonio cultural y arquitectónico de la ciudad de Córdoba. Este edificio defensivo ubicado en el Barrio de Santa Marina, data de principios del siglo XV y fue construido sobre otro anterior árabe, con intención de defender las Puertas del Rincón y del Colodro.

La mitad derecha de la fotografía, en la que aparece parte de la torre, destaca por su espléndida luz, que vigoriza notablemente la estructura de piedra de planta octogonal (de la cual vemos sólo dos caras), coronada por almenas y merlones, bajo los cuales evoluciona un friso decorativo estilo losange constituido por rombos y motivos geométricos.

El autor consigue una vez más resaltar de manera admirable texturas y volúmenes de los materiales arquitectónicos, tanto en aquellas zonas en las que se hallan mejor preservados (cara de la derecha y toda la zona superior de friso, almenas y merlones) como en aquellas que han experimentado un mayor grado de deterioro con el paso del tiempo (zona inferior de la cara izquierda), habiendo logrado además trascender el carácter inerte de la edificación, captando el momento preciso en que la noche ha caido ya sobre la zona alta de las almenas y se dispone a cubrir en breves minutos la totalidad del edificio, lo cual es corroborado por la presencia de varias palomas situadas en la zona baja del friso decorativo y que se disponen a iniciar su sueño, mientras la mitad izquierda de la fotografía está íntegramente ocupada por una atezada oscuridad y parte de la luna.

- Yacimiento Arqueológico de Medina Azahara. Constituye uno de los testimonios gráficos más relevantes de Córdoba Entre Dos Luces, que incluye un total de ocho fotografías de la bellísima ciudad palatina situada ocho kilómetros al oeste de Córdoba, en las últimas estribaciones de Sierra Morena, frente al Valle del Guadalquivir, y que fue construida en el año 936 por Abderramán III (trasladándose allí la corte nueve años después), que la convirtió en el referente arquitectónico del Califato de Córdoba junto con la Mezquita, en una época en que la capital del Alto Guadalquivir fue con diferencia la ciudad más avanzada de Europa.

Vemos de modo sucesivo dos imágenes horizontales del Edificio Sede Institucional (excavado bajo tierra, con 7293 m2 de superficie distribuidos en tres plantas, diseñado por los arquitectos Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano y del que A.J.González fue uno de los fotoperiodistas que lo fotografió el 9 de octubre de 2009, día de su inauguración, con asistencia de la Reina Sofía) del Yacimiento Arqueológico de Medina Azahara y


una espléndida fotografía vertical de una columna de Medina Azahara con su típico capitel de avispero (bañado por una luz de gran calidad que realza tanto la intricada filigrana en piedra del hermoso capitel tallado en mármol como el volumen y textura de su material constructivo), mientras se aprecia el fuste de mármol rosa de la columna en la parte inferior de la imagen, así como el cimacio y su zona superior, notablemente oscurecidos, y que indican claramente que la fotografía ha sido tomada en plenos momentos de inflexión de la transición día-noche.

CONCLUSIÓN
Un libro de referencia, cuya esencia son unas imágenes muy cuidadas, fruto de un ímprobo trabajo de varios años y de un profundo amor por la fotografía y la ciudad que vió nacer a su autor, siendo también una obra que lleva la impronta de AFOCO (Asociación Fotográfica Cordobesa, de la que Antonio Jesús González fue uno de sus fundadores), una de las más importantes entidades fotográficas de Europa, con un significativo asesoramiento en todo tipo de actividades fotográficas realizadas en Córdoba, destacando el Premio Mezquita (que figura por méritos propios entre los más prestigiosos de España) y la Bienal Internacional de Fotografía de Córdoba, editando además AFOCO NEWS en formato PDF, hoy por hoy una de las mejores revistas de fotografía del panorama internacional, destacando asimismo que AFOCO ha sido decisiva en el hecho de que Córdoba es la única ciudad de España a la que se ha otorgado el Premio Nacional de Fotografía que concede la CEF (Confederación Española de Fotografía) en sus cuatro categorías: 1992 (Mejor Asociación: AFOCO), 1993 (Mejor Institución: Ayuntamiento de Córdoba), 1998 (Mejor Publicación: Revista Diafragma Foto) y 2006 (Mejor Fotógrafo: José F. Gálvez), contando desde sus orígenes en 1981 con destacados miembros como Juan Vacas Montoro (eminente fotógrafo, Dibujante de la Luz Cordobesa, infatigable experimentador e investigador de nuevos lenguajes fotográficos, Presidente de Honor de AFOCO, referente de muchos fotógrafos jóvenes cordobeses, poseedor de magistral técnica, gran dominador del formato medio con su Fujica G690 GL telemétrica de 6 x 9 y sus objetivos Fujinon no retrofoco, de los que extraía todo su potencial usando trípode y realizando mediciones muy precisas mediante fotómetro de mano, profesional de inefable sensibilidad artística y gran pasión por la fotografía, enamorado del blanco y negro con el que mantuvo un idilio vital durante miles de horas de su vida en su laboratorio de la calle Feria, experto retratista, captador del duende de la Bética con obras como "Dunas por Soleares"  y uno de los más eximios y pacientes analistas de contextos lumínicos y compositivos previos al acto fotográfico que ha dado este país, albergando hoy en día el Museo de Arte Moderno de Nueva York dos de sus fotografías), José F. Gálvez (Miembro de la Sociedad de Historia de la Fotografía Española), Ladislao Rodríguez Galán " Ladis" (que aprendió fotografía acompañando a su mítico padre, el gran fotógrafo Ladislao Rodríguez Benítez, investigador autodidacta de la fotografía — se quedaba frecuentemente hasta altas horas de la madrugada leyendo libros sobre fotografía y armando y desarmando cámaras para ver su funcionamiento, ya que era un enamorado y experto de su mecánica — , que le enseñó también muchas cosas dentro del laboratorio), Alicia Reguera, Juan Manuel del Toro, Antonio Izquierdo, Rafael Sánchez, Luis Fernando Garrido, Francisco Fernández Caballero, José Lara, Ernesto Frejo, José Serrano, Ginés Ortiz, José Luis Caballano Alcántara, Pedro Berjillos, Paco Arévalo, Manuel Marín, José Salazar, José Jiménez, Francisco Linares, José Cañadilla, José María Tejederas, Manuel Pijuán, Rafael Barrios, Olga María Labrador, los hermanos Francisco y Antonio J. González, Manuel Angel Jiménez, Francisco Espadas, Rafael Fernández, Rafael Cava, José Francisco Ramos, Pascual Ponferrada, Luis M. López Esquivel, Luis Burgarín Alfonso Alcalde, Manuel Lama, Antonio Velasco, Vicente Rodríguez, Florentino Molero, Rafael Obregón, Francisco Rojano, Manuel Sáez, Rafael López Naisse y otros).


Texto y Fotos: José Manuel Serrano Esparza