miércoles, 10 de julio de 2013

CÓRDOBA ENTRE DOS LUCES: HOMENAJE FOTOGRÁFICO A UNA CIUDAD BIMILENARIA



Córdoba busca la armonía entre su pasado y su presente, es un microcosmos de cal y piedra, agua y brisa dormida, y un cálido fuego que abrasa el corazón de sus gentes. Así es como el paseante ve el inicio de este viaje, así es como pretende explorar la identidad de la ciudad con la última luz del día, dejándose llevar por sus pasos, como un rito de descubrimiento.

Con estas palabras y una bella fotografía apaisada de la zona sur de la Ciudad Califal tomada desde la barriada de Fray Albino, se inicia Córdoba Entre Dos Luces, un libro de 248 páginas y 212 imágenes, ciertamente singular y en gran medida único, cimentado en la sinergia entre:

a) Las excelentes fotografías de Antonio Jesús González, reconocido fotoperiodista cordobés con casi treinta años de experiencia en la creación de imágenes (es redactor gráfico y responsable del Archivo del Diario Córdoba desde 1986 - año en el que además colaboró con Tor Eigeland en la revista National Geographic-, fue corresponsal de la Agencia EFE en Córdoba entre 1991 y 1994 y ha publicado sus fotografías en la casi totalidad de prensa diaria y semanal española - El País, Diario 16, El Mundo, ABC, Tiempo, La Vanguardia, Interviú, Diario de Córdoba y otros medios-, además de contar en su haber con una acreditada trayectoria como comisario fotográfico, conferenciante, moderador, ponente, profesor, y miembro de jurado en una amplia gama de concursos fotográficos, con el complemento añadido de una sólida formación fotográfica que incluyó cursos con Eva Rubinstein y Koldo Chamorro en 1988).

b) Los soberbios textos de Antonio de Egipto (Director de Editorial El Páramo, Diplomado en Biblioteconomía y Documentación por la Universidad de Granada, hombre hecho a sí mismo, con notable experiencia en el ámbito de la librería, además de ser un experto creador de guiones de comics y poesía - en especial sus historias cortas con el dibujante Andrés G. Leiva-), habiendo publicado hasta la fecha dos libros: Desnudos en La Ciudad (Ayuntamiento de Cabra, 2006) y La Maleta (Ediciones De Papel 2009) y colaborado en los libros colectivos El árbol talado que retoña: Homenaje a Marcos Ana (El Páramo, 2009), A Pablo Guerrero en este ahora (El Páramo, 2010) y Picasso (Cuadernos de Roldán, 2010).

UNA OBRA MUY ESPECIAL
Córdoba Entre Dos Luces constituye sin lugar a dudas un libro muy especial, repleto de admirables imágenes de los lugares más representativos de la capital del Alto Guadalquivir, pero con el aliciente añadido de que fueron creadas por Antonio Jesús González con un denominador común: la captación durante la transición de aproximadamente un cuarto de hora entre los últimos atisbos de luz día y el comienzo de la noche.


Se trata pues de una visión muy personal de la ciudad que le vió nacer y a la que ama profundamente por parte de un fotógrafo profesional que lucha al máximo por plasmar su más genuina atmósfera, su esencia atemporal, el inefable poso cultural diacrónico que todavía se respira en lugares que el autor conoce como la palma de la mano desde hace décadas.

Y para ello, el fotógrafo recurre a un enfoque apriorísticamente radical, basado en tres pautas operativas constantes:

a) Apretar el botón liberador del obturador de su cámara digital únicamente durante el colofón crepuscular, en todas y cada una de las 212 fotografías que componen este excelente libro en gran formato 27 x 22 cm y 240 páginas, en el que Editorial Páramo ha hecho un gran esfuerzo, no escatimando gastos de inversión en calidad de papel, gramaje del mismo, y sobre todo una muy buena reproducción de las imágenes, lo cual tiene como resultado un auténtico deleite visual.

b) No utilizar nunca trípode.

c) Evitar toda manipulación digital de las imágenes, mostrándolas íntegramente, tal y como fueron realizadas en el mismo momento del acto fotográfico.


Obviamente, estas premisas autoexigentes a más no poder, disparando siempre a pulso en contextos al límite de luminosidad disponible, han hecho que Antonio Jesús González precisara un ímprobo esfuerzo de cuatro años para poder hacer todas las fotografías que componen esta obra, que destila calidad a raudales, pasión por lo que se está haciendo, gran conocimiento de la ciudad y sus distintas zonas y una gran habilidad e intuición para captar esos momentos mágicos de metamorfosis entre el día y la noche que forman el núcleo vital de Córdoba Entre Dos Luces.

LA IMAGEN FOTOGRÁFICA EN SÍ MISMA COMO ELEMENTO MÁS IMPORTANTE POR ENCIMA DE SU PERFECCIÓN TÉCNICA
Córdoba Entre Dos Luces prioriza claramente el hechizo de los momentos captados durante las postrimerías de la luz diurna en la inmediata antesala de la noche, la sutileza de los instantes irrepetibles, la representatividad y carácter fugaz de los mismos, susceptibles de ser plasmados por la fotografía para su posterior contemplación, y en definitiva las imágenes per se, que constituyen con diferencia el bagaje más importante de un fotógrafo profesional, por encima de su perfección técnica.

Poco importa pues, por citar sólo un ejemplo, la aparición de todo tipo de edificios, iglesias y monumentos representativos de Córdoba, en imágenes cuyas verticales se muestran a veces convergentes y fugan con cierta frecuencia hacia el cielo al no haberse utilizado en ningún momento objetivos de corrección de perspectiva con la cámara sobre trípode, ni siquiera en los contrapicados más extremos, tal y como sucede en la fotografía de la Iglesia de San Hipólito.

Lo que se busca ante todo y para todo es retratar el alma de Córdoba, su naturaleza más íntima, el eco de su glorioso pasado y la cotidianeidad de su presente, mediante fotografías que captan tanto


sus obras arquitectónicas más antiguas


como las más modernas,


sus barrios más genuinos, sus gentes, la asombrosa diversidad cromática de sus distintas áreas, los reflejos multicolores que proyectan las aguas del río Guadalquivir a su paso por la ciudad, los edificios de la Judería y muchos otros lugares muy interesantes y representativos.

Son fotografías muy cuidadas, impregnadas del atávico embrujo de la Ciudad Sultana (que hace mil años, en su época de máximo esplendor, fue una gran urbe que superaba el millón de habitantes y en la que coexistían en armonía tres culturas diferentes: la cristiana, la árabe y la judía), y en las que emergen tanto la Córdoba antigua como la moderna, aunando imágenes que reflejan su gran acervo histórico y duende de muchos siglos con otras que ilustran su adaptación a la modernidad presidida por un paisaje urbano ya inmerso en el siglo XXI, todo ello aderezado por muy elevadas dosis de realismo y ulterior espacio reservado a algunas fotografías que compendian asimismo el latido vital cotidiano y popular de sus habitantes, que disfrutan de una ciudad muy armónica, caracterizada por la perfecta simbiosis entre su casco antiguo y la urbe moderna.

ENORME DIVERSIDAD DE CONTENIDO
Córdoba Entre Dos Luces revela con maestría la gran diversidad inherente tanto a La Sultana clásica (que embelesa a sus visitantes, ofreciéndoles la posibilidad de recorrer a pie su casco histórico, deleitándose en la contemplación de múltiples testimonios arquitectónicos y monumentales, mudos testigos de su ininterrumpido esplendor desde que comenzó a ser centro de acuñamiento de moneda el año 80 a. C. y caput provinciae de la Hispania Ulterior poco después, alcanzando sus máximas cotas de importancia en el año 1.000, en pleno apogeo del Califato de Córdoba, época en que se convirtió en la ciudad más poblada de Europa y en uno de los centros culturales, comerciales y financieros más importantes del Viejo Continente, llegando incluso a ser la primera ciudad de la Península Ibérica que ya hace diez siglos tenía pavimentación completa en sus calles, alumbrado público nocturno y una red de alcantarillado perfectamente organizada, así como la mejor biblioteca del mundo) como a la contemporánea.

De este modo, Antonio Jesús González nos brinda una muy amplia gama de imágenes preñadas de buen gusto, pasión por la fotografía y emoción a raudales, en las que cobran protagonismo enclaves altamente representativos de la ciudad de Córdoba: el Puente de Miraflores, el Edificio Sede Institucional del Yacimiento Arqueológico de Medina Azahara, la Barriada de Fray Albino, la Plaza de las Tendillas, la calle Cruz Conde, la Iglesia de Santa Victoria, la calle Paraíso, la Iglesia de San Miguel, el Templo Romano de la calle Claudio Marcelo, la Plaza de la Compañía con su Torre del Reloj, la Sede de la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía, el Instituto Maimónides de Enseñanza Secundaria, la Plaza de la Corredera, la Iglesia de San Pablo, la calle Agustín Moreno, el Cimborrio del Convento del Corpus Christi, el Santuario de la Fuensanta, el Triunfo de San Rafael en la Plaza de los Aguayos, la Iglesia de Santiago, la Fuente de la Piedra Escrita, el Patio de Recibo del Palacio de Viana, el Claustro de San Francisco, la Fuente del Potro, el Puente Romano sobre el Guadalquivir, la Torre de la Calahorra, la Mezquita Catedral, el Molino de San Antonio, la Fuente del Olivo del Patio de los Naranjos, la Calleja del Pañuelo, el Alcázar de los Reyes Cristianos, el Campanario de la Iglesia de San Basilio, el Museo Arqueológico de Córdoba, la Puerta de Almodóvar, el Mausoleo Romano en la Puerta de Gallegos, el Rectorado de la Universidad de Córdoba, las Caballerizas Reales, el Gran Teatro de Córdoba, el Azulejo dedicado a la Virgen de los Dolores en el Bailío, el Monumento a Manolete, la Plaza de la Flor del Olivo, el Reloj de la Diputación Provincial de Córdoba, el Bulevar del Gran Capitán, la Plaza de Capuchinos, la Muralla del Marrubial, la Fuente en el Paseo de Córdoba, la Estación de Ferrocarril del AVE, la Clínica Médica de la Avenida del Brillante, el Puente de Andalucía, la Plaza del Mediodía, la Iglesia de San Nicolás, el Campus Universitario de Rabanales, las Ermitas de Córdoba, el Puente de San Rafael, el Zaguán de la Casa de Sefarad y muchos otros, que convierten también a esta obra en una muy útil guía de referencia para visitantes tanto de España como del resto del mundo.

Córdoba Entre Dos Luces aproximándose al Aeropuerto de Narita, cerca de Tokyo, diez minutos antes de la puesta de sol.

EXPLOSIÓN CROMÁTICA Y DE CONTRASTES
Pese a que las fotografías que componen la obra fueron tomadas durante los quince postreros minutos de luz diurna que preceden a la noche, en condiciones de baja luminosidad, la experiencia y conocimientos fotográficos del autor le han permitido aprehender con maestría, cámara en mano, la explosión cromática y de contrastes que caracterizan a la ciudad de Córdoba.

En este sentido, destacan imágenes como

- La Iglesia de San Lorenzo (captada intencionadamente algo fuera de foco y con intensa tonalidad bermellón) al tiempo que el uso de una abertura de diafragma amplia ha hecho posible resaltar de modo simultáneo unas letras árabes que aparecen en primer plano, esculpidas sobre piedra en la zona inferior de la fotografía.


- La bella composición diagonal apaisada de la Escultura de Agustín Ibarrola en el Parque de Miraflores, con unos azules intensos en los grandes cantos rodados que ocupan dos tercios de la fotografía y contrastan con los verdes, naranjas y rojos de la izquierda de la imagen, más allá de la zona de profundidad de campo.

- La espectacular vista de la Torre de la Calahorra (que aparece iluminada con una suave tonalidad verde y en la que A.J ha conseguido un notable nivel de detalle en la deteriorada mampostería de la pequeña muralla de circunvalación, con muchos ladrillos al aire), el Puente Romano (junto al cual se observan las aguas del río Guadalquivir repletas de reflejos multicolores) y la Mezquita Catedral (que se perfila al fondo, en la mitad izquierda de la imagen, con una fuerte tonalidad naranja, todo ello enmarcado por un cielo azul marino oscuro que precede a la noche).

- San Rafael del Puente Romano y río Guadalquivir, con encomiable captación de texturas y precisión de color en la estatua y su base, que contrastan con el rojo intenso de las grandes velas y sus llamas y los paseantes que se vislumbran al fondo a la izquierda - de los cuales el más próximo a la cámara se halla hablando por teléfono móvil- , mientras que en el horizonte se aprecia la majestuosa Mezquita Catedral. A destacar también la presencia de un cielo azul marino muy oscuro e intenso a más no poder, justo antes de caer la noche.

- La Puerta del Puente, imagen potente presidida por sus altos basamentos sobre los que se erigen columnas dóricas estriadas coronadas por un entablamento clásico en el que aparecen triglifos y metopas.

Antonio Jesús González la capta en todo su esplendor, con profusión de áreas en sombra, gran nivel de detalle en la textura de los materiales arquitectónicos y las esculturas labradas en piedra de la zona superior, una turista caminando plasmada en sombra junto a la base del monumento y quince viandantes más que aparecen apenas perceptibles a la izquierda, en la pequeña plaza que da a un gran edificio con arcos iluminados en color naranja, con la estatua del Triunfo de San Rafael ubicada a la izquierda del todo de la fotografía.

- El Zaguán de la Casa de Sefarad, ubicado en el corazón de la Judería de Córdoba, en pleno casco histórico de la ciudad, justo enfrente de la antigua sinagoga, linda con la calle Averroes y es un proyecto cultural que pretende recuperar y dar a conocer el enorme y rico legado de la tradición sefardí, siendo el conjunto urbano mejor conservado de las juderías medievales españolas.

Bellísima imagen en la que el autor capta con pericia las sombras de diferentes arcos proyectadas sobre un fondo bermellón intenso repleto de motivos ornamentales esculpidos en piedra y en el que se intercalan sombras, mientras dos hermosas lámparas sefarditas emiten una luz nívea, al tiempo que en la mitad inferior derecha de la imagen se aprecia la puerta de acceso a este zaguán, dotada de elegante arco enmarcado por motivos florales blancos sobre fondo azul, todo lo cual contrasta vivamente con los negros profundos del techo y sus gruesas vigas de madera tenuemente perceptibles.


- La Glorieta de Chinales. El impresionante refulgir del cielo con nubes saturadas de granate es captado por el autor con los arcos de bienvenida a Córdoba - que evocan la arquitectura de la Mezquita- realizados en aluminio presidiendo la escena, mientras un vehículo situado en la mitad inferior de la fotografía avanza hacia la derecha. Es un momento irrepetible, en el que pareciere que el firmamento se halla incandescente.

- La Plaza de la Flor del Olivo. Situada en los terrenos de la antigua fábrica de aceites San Antonio de la compañía Carbonell, construida en 1903 . Antonio Jesús González sabe sintetizar visualmente el encanto de este espacio urbano de planta rectangular, en uno de cuyos extremos destaca el viejo chimeneón de labrillo rojo de la anteriormente mencionada fábrica, cerca de Torremalmuerta.

El fotógrafo enmarca la bella plaza con el espacio central vacuo de una estatua modernista a partir de la cual vemos en sombra la zona central de paseo dotada de cuadrículas grises, pero realzada a ambos lados por intensa luz naranja que baña parcialmente los bancos de piedra de la zona derecha y totalmente los de la izquierda, con el complemento añadido de la iluminación de las farolas que presiden la plaza y la imponente silueta oscura pero perfectamente distinguible del antiguo chimeneón, precedido por una gran palmera y una bella fuente de pilar octogonal y generoso surtidor, sabiamente iluminada.

Al mismo tiempo, la presencia de densas nubes alargadas con tonalidad azul oscuro que cruzan por encima de la plaza, añade elevadas dosis de dramatismo a la imagen.


- El Puente de Andalucía: Otra de las imágenes más espectaculares del libro. El fotógrafo capta con oficio y muy buen gusto el mayestático atractivo de esta obra arquitectónica moderna cordobesa en su momento de mayor esplendor: los últimos instantes previos a la llegada del anochecer, cuando la iluminación de sus originales pilares y sus reflejos en las aguas del río Guadalquivir constituyen todo un solaz para la mirada, aderezado por la también refracción sobre la vía fluvial de las luces de las farolas que jalonan la superficie del modernísimo puente de 210 metros de longitud, peculiar estructura atirantada y construcción prácticamente artesanal, obra del ingeniero Javier Manterola.

Destaca también en esta imagen la presencia de un cielo color azul celeste oscuro, repleto de nubes que se reflejan también sobre las aguas del Guadalquivir y que confieren todavía mayor impacto si cabe a esta impresionante fotografía.

- La Portada de la Feria de Mayo en el Recinto Ferial de El Arenal, vívido testimonio gráfico del colorido, sabor, aroma popular y cúmulo de sensaciones que caracterizan a la Córdoba contemporánea, fuertemente ligada de modo simultáneo a la tradición de un pasado de muchos siglos.

El conjunto está claramente inspirado en el famoso Bosque de Columnas de la Mezquita de Córdoba y se halla coronado por doble arquería, en la que destacan los arcos polilobulados y entrelazados que aparecen a la derecha de la imagen (rematados por tres arcos de medio punto), en el marco de una evocación festiva que trata de emular en la medida de lo posible, mediante luces de neón, la alternancia cromática y material de sus dovelas de ladrillo rojo y las de caliza amarillenta, con los arcos de herradura dotados de encuadre o alfiz con pilares rectangulares coronados por arcos de medio punto y el modillón de rollo en la base de cada soporte como principales protagonistas, en perfecta sinergia con la masiva afluencia de público y el pulso y vitalidad de la urbe.

La presencia de la gran fuente próxima a la Portada en la zona inferior de la fotografía, potencia aún más el dinamismo de la escena.

"LA LUZ QUE CONVIERTE EN ORO TODO LO QUE TOCA"
Entre otros muchos aspectos, a cual más interesante, Córdoba Entre Dos Luces corrobora una vez más los espléndidos frutos que puede conseguir la interacción sincrónica entre los últimos minutos de mágica luz que preceden a la noche y un reconocido fotoperiodista con acreditada experiencia, sapiencia y buen gusto cultivado durante décadas, que es además un profesional con gran capacidad de trabajo y que - factor que ha sido asimismo esencial para el éxito de este proyecto fotográfico- conoce la ciudad de Córdoba como la palma de su mano y la ama profundamente, de lo cual se infiere que este libro posee las cualidades de una obra probablemente irrepetible, fruto de varios años de tesón, paciencia a raudales y una notable precisión en el timing al apretar el botón liberador del obturador de la cámara en los instantes más representativos, de lo cual hay una amplia gama de imágenes, entre las que cabe reseñar, por citar sólo algunos ejemplos:

- La Calle Cruz Conde, una de las principales arterias de la ciudad, que fue convertida en peatonal en 2011. Ubicada en la zona del Barrio del Centro Comercial, es una de las áreas de paseo más tradicionales de la capital cordobesa. El autor la captó mediante toma vertical, poco antes de su remodelación, todavía con vehículos y con varios transeúntes cruzando un paso cebra frente a uno de sus bellos edificios.

- La Ermita de los Mártires Acisclo y Victoria en la Ribera, imagen de composición muy cuidada en la que destaca la fachada principal con hastial de sillares de piedra y portada levemente apuntada.

Se observa una amalgama entre la última luz natural que antecede a la noche y la iluminación artificial de las farolas y coches que surcan longitudinalmente el tramo de carretera adyacente y cuyas luces se reflejan sobre el asfalto, mientras dos jóvenes montados en bicicleta entran en la imagen desde la zona inferior izquierda de la misma. En el centro de la fotografía se aprecia también parte del entorno ajardinado aumentado en 2007.

- La Iglesia de San Pablo. Tras cruzar el arco de la portada de la calle Capitulares, el autor fotografía en todo su esplendor la portada principal (de estilo manierista del siglo XVI, obra del arquitecto Juan de Ochoa) de esta construcción barroca gótico-mudéjar, mediante toma con fuerte contrapicado apaisado, cuando el último atisbo de luz día baña con tonalidad anaranjada el rosetón de la zona superior, flanqueado por contrafuertes de la época original del edificio.

- El Santuario de la Fuensanta, de mediados del siglo XV y estilo gótico-mudéjar, con elementos barrocos y neogóticos. El autor lo fotografía desde el Humilladero o templete gótico (popularmente conocido como "Pocito" y situado delante de la fachada del santuario), parte del cual aparece a la derecha de la imagen, bañado por una bellísima luz naranja, apreciándose desde perspectiva diagonal uno de sus arcos ojivales, mientras una enorme palmera enmarca ambas construcciones y un cielo violeta oscuro anuncia la inminente llegada de la noche.

- El Palacio de Orive, también conocido como Palacio de los Villalones. Ubicado en la manzana de Orive, en pleno casco histórico de Córdoba, y realizado en 1560 por el arquitecto Hernán Ruiz II, es magistralmente captado por el fotógrafo segundos antes de caer la noche, cuando la oscuridad comienza a cernerse sobre el edificio y ocupa ya su zona superior.

El encuadre, notablemente contrapicado, añade gran dramatismo e impacto, abarcando la mitad de la zona superior de la portada, que aparece en el área inferior derecha de la imagen (en la que gracias a la extraordinaria luz que ilumina la escena, se muestran con gran nivel de detalle las texturas y volumen de una de las dos cartelas con leones que flanquean el dintel, la cornisa corrida de la fachada, y en su centro una concha, un florón y un escudo y una flor labrados en piedra y ubicados en el friso con ménsulas, sobre los cuales vemos unas acróteras que llevan al segundo cuerpo arquitectónico, en el que aflora una ventana principal rematada por adornos candelieri, iniciándose el tercer cuerpo con una segunda cornisa que le precede, coronándose la zona superior con espirales y un mirador de triple arcada).

- Detalle de la Puerta del Puente y Triunfo de San Rafael. Imagen vertical que destaca por los vivos colores de la fase final de la puesta de sol, con una espléndida calidad de luz que realza la textura del material arquitectónico de la zona de columna dórica y su capitel simple, protagonistas de la fotografía, lográndose un encomiable nivel de detalle y volumen, además de sensación de robustez y permanencia en el tiempo, así como sobriedad y elegancia, mientras al fondo de la imagen a la izquierda, la estatua de San Rafael, completamente en sombra, realza la composición.

Las estrías unidas a arista viva que recorren el fuste de la columna parecen adquirir vida propia.


- La fotografía de la Mezquita Catedral al fondo, bañada por luz anaranjada y unos jinetes sobre caballos andaluces silueteados en primer plano. Es una de las más bellas imágenes del libro, muy representativa de la idiosincrasia de Córdoba en particular y Andalucía y su acervo cultural e histórico en general.

- El Alcázar de los Reyes Cristianos. Situado a orillas del río Guadalquivir, es uno de los monumentos más representativos del Gótico Cordobés. El autor nos muestra la sobriedad de sus murallas (edificadas sobre restos de construcciones previas -el recinto amurallado original databa de la época romana-), fotografiando un tramo del complejo defensivo en la zona norte, situando en mitad de la imagen una enorme palmera silueteada que domina la escena y cuyo tronco oscuro contrasta vivamente con la majestuosa luz anaranjada que ilumina las almenas en las zonas inferior izquierda y central de la imagen,

- Las Caballerizas Reales. Denominadas "Catedral para los Caballos" por Federico García Lorca, fueron fundadas en el año 1570 por el rey Felipe II, que nombró caballerizo real al cordobés Diego López de Haro para que creara una nueva raza de caballo andaluz, lo cual se consiguió, adquiriendo el recinto rápidamente dimensión internacional en el ámbito de la equitación, lo cual confirió a Córdoba una gran proyección mundial como Centro de Cría Caballar.

Pero en este caso, el fotógrafo no nos muestra imágenes de sus instalaciones interiores y sus míticos caballos ni sus amplias salas abovedadas y cubiertas de piedra arenisca que delimitan las cuadras, sino que opta por captar la serena sobriedad arquitectónica de su zona externa desde una posición diagonal, descubriéndonos la zona externa del edificio de planta rectangular, sobre la que irradia la última luz del día antes de caer la noche, con una intensidad lumínica in crescendo de izquierda a derecha, y las líneas del edificio convergiendo en otra construcción que se vislumbra al fondo, al tiempo que abundantes naranjos se alinean en sus proximidades y dos paseantes silueteados (uno de los cuales camina llevando una bicicleta) avanzan relajadamente hacia la zona inferior izquierda de la fotografía, mientras un tercer viandante, apenas perceptible al fondo, lo hace en sentido opuesto.

- Muralla y Monumento a Averroes en la calle Cairuán. Una de las imágenes más representativas y simbólicas del libro, en el que su autor fotografía la estatua del médico y filósofo andalusí (célebre por sus Comentarios a Aristóteles, que tuvieron gran repercusión en la filosofía posterior) realizada por el escultor Pablo Yusti Conejo en 1967, formada por un pedestal sobre el que aparece la efigie de Averroes, sentado y agarrando con su mano izquierda un libro que apoya sobre sus rodillas.

La cálida luz postrera del atardecer así como un ángulo de toma perpendicular ligeramente contrapicado con respecto a la efigie, son aprovechados con maestría por el fotógrafo - que demuestra una vez más su oficio y experiencia para la elección del punto de vista y la calidad y dirección de luz que más le interesan-.

La limitada gama de colores y el contraste de las texturas entre la talla en piedra, el hierro forjado de la barandilla del balcón de fondo y su columna blanca, junto con los sillares de paredes, arcos y almenas de la Puerta de la Luna, parcialmente visible detrás del pensador, así como del tramo de muralla comprendido en el lienzo sur de la Puerta de Almodóvar que ocupa todo el fondo de la imagen, en sentido ascendente de izquierda a derecha, confieren un atractivo especial a esta fotografía, repleta de majestuosidad, que sintetiza el gran poso multicultural diacrónico de esta ciudad bimilenaria.  


- La Iglesia de San Nicolás. Otra imagen emblemática de la ciudad califal, en este caso captada desde una posición elevada, y - al igual que el resto de fotografías que componen este gran libro - tirando a pulso y al límite de lo posible, en condiciones muy bajas de luminosidad, en plena fusión entre los últimos atisbos de luz día y la iluminación artificial de farolas y escaparates de comercios que jalonan el Bulevar del Gran Capitán contiguo a la Iglesia de San Nicolás propiamente dicha, cuya construcción se remonta al siglo XIII, de estilo gótico-mudéjar, con elementos renacentistas y manieristas, en la que destaca su imponente torre (edificada en el siglo XV sobre los restos de un antiguo alminar y que forma parte de la fachada norte) que domina la escena, captada en un momento de abundante flujo de peatones y bullicio que dan fe del moderno pulso vital de esta ciudad cosmopolita en la que construcciones contemporáneas coexisten en plena armonía con edificios y monumentos de un pasado histórico de muchos siglos.

- Azulejo dedicado a la Virgen de los Dolores en el Bailío, imagen muy representativa de la Córdoba tradicional, dos de cuyos ancestrales barrios, el de la Medina y el de la Axerquía, se comunicaban mediante una muralla, una de cuyas entradas era la Cuesta del Bailío, hoy en día uno de los lugares más apropiados para contemplar los diferentes recorridos procesionales que transcurren a través de ella durante la Semana Santa, además de ser sede de la Biblioteca Viva de Al-Andalus, en la que se encuentran abundantes textos de la cultura clásica andalusí.

Desde el punto de vista lumínico, esta fotografía constituye una inefable concurrencia entre la última luz del día que antecede a la noche y la iluminación artificial procedente de la gran luminaria típica andaluza (que adquiere también protagonismo en otras instantáneas del libro) situada a la izquierda de la imagen, parte de cuyo impacto obedece a un uso efectivo del color con sabia dosificación del mismo.

- Torre de la Malmuerta. Otra imagen alegórica de la grandeza histórica y gran patrimonio cultural y arquitectónico de la ciudad de Córdoba. Este edificio defensivo ubicado en el Barrio de Santa Marina, data de principios del siglo XV y fue construido sobre otro anterior árabe, con intención de defender las Puertas del Rincón y del Colodro.

La mitad derecha de la fotografía, en la que aparece parte de la torre, destaca por su espléndida luz, que vigoriza notablemente la estructura de piedra de planta octogonal (de la cual vemos sólo dos caras), coronada por almenas y merlones, bajo los cuales evoluciona un friso decorativo estilo losange constituido por rombos y motivos geométricos.

El autor consigue una vez más resaltar de manera admirable texturas y volúmenes de los materiales arquitectónicos, tanto en aquellas zonas en las que se hallan mejor preservados (cara de la derecha y toda la zona superior de friso, almenas y merlones) como en aquellas que han experimentado un mayor grado de deterioro con el paso del tiempo (zona inferior de la cara izquierda), habiendo logrado además trascender el carácter inerte de la edificación, captando el momento preciso en que la noche ha caido ya sobre la zona alta de las almenas y se dispone a cubrir en breves minutos la totalidad del edificio, lo cual es corroborado por la presencia de varias palomas situadas en la zona baja del friso decorativo y que se disponen a iniciar su sueño, mientras la mitad izquierda de la fotografía está íntegramente ocupada por una atezada oscuridad y parte de la luna.

- Yacimiento Arqueológico de Medina Azahara. Constituye uno de los testimonios gráficos más relevantes de Córdoba Entre Dos Luces, que incluye un total de ocho fotografías de la bellísima ciudad palatina situada ocho kilómetros al oeste de Córdoba, en las últimas estribaciones de Sierra Morena, frente al Valle del Guadalquivir, y que fue construida en el año 936 por Abderramán III (trasladándose allí la corte nueve años después), que la convirtió en el referente arquitectónico del Califato de Córdoba junto con la Mezquita, en una época en que la capital del Alto Guadalquivir fue con diferencia la ciudad más avanzada de Europa.

Vemos de modo sucesivo dos imágenes horizontales del Edificio Sede Institucional (excavado bajo tierra, con 7293 m2 de superficie distribuidos en tres plantas, diseñado por los arquitectos Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano y del que A.J.González fue uno de los fotoperiodistas que lo fotografió el 9 de octubre de 2009, día de su inauguración, con asistencia de la Reina Sofía) del Yacimiento Arqueológico de Medina Azahara y


una espléndida fotografía vertical de una columna de Medina Azahara con su típico capitel de avispero (bañado por una luz de gran calidad que realza tanto la intricada filigrana en piedra del hermoso capitel tallado en mármol como el volumen y textura de su material constructivo), mientras se aprecia el fuste de mármol rosa de la columna en la parte inferior de la imagen, así como el cimacio y su zona superior, notablemente oscurecidos, y que indican claramente que la fotografía ha sido tomada en plenos momentos de inflexión de la transición día-noche.

CONCLUSIÓN
Un libro de referencia, cuya esencia son unas imágenes muy cuidadas, fruto de un ímprobo trabajo de varios años y de un profundo amor por la fotografía y la ciudad que vió nacer a su autor, siendo también una obra que lleva la impronta de AFOCO (Asociación Fotográfica Cordobesa, de la que Antonio Jesús González fue uno de sus fundadores), una de las más importantes entidades fotográficas de Europa, con un significativo asesoramiento en todo tipo de actividades fotográficas realizadas en Córdoba, destacando el Premio Mezquita (que figura por méritos propios entre los más prestigiosos de España) y la Bienal Internacional de Fotografía de Córdoba, editando además AFOCO NEWS en formato PDF, hoy por hoy una de las mejores revistas de fotografía del panorama internacional, destacando asimismo que AFOCO ha sido decisiva en el hecho de que Córdoba es la única ciudad de España a la que se ha otorgado el Premio Nacional de Fotografía que concede la CEF (Confederación Española de Fotografía) en sus cuatro categorías: 1992 (Mejor Asociación: AFOCO), 1993 (Mejor Institución: Ayuntamiento de Córdoba), 1998 (Mejor Publicación: Revista Diafragma Foto) y 2006 (Mejor Fotógrafo: José F. Gálvez), contando desde sus orígenes en 1981 con destacados miembros como Juan Vacas Montoro (eminente fotógrafo, Dibujante de la Luz Cordobesa, infatigable experimentador e investigador de nuevos lenguajes fotográficos, Presidente de Honor de AFOCO, referente de muchos fotógrafos jóvenes cordobeses, poseedor de magistral técnica, gran dominador del formato medio con su Fujica G690 GL telemétrica de 6 x 9 y sus objetivos Fujinon no retrofoco, de los que extraía todo su potencial usando trípode y realizando mediciones muy precisas mediante fotómetro de mano, profesional de inefable sensibilidad artística y gran pasión por la fotografía, enamorado del blanco y negro con el que mantuvo un idilio vital durante miles de horas de su vida en su laboratorio de la calle Feria, experto retratista, captador del duende de la Bética con obras como "Dunas por Soleares"  y uno de los más eximios y pacientes analistas de contextos lumínicos y compositivos previos al acto fotográfico que ha dado este país, albergando hoy en día el Museo de Arte Moderno de Nueva York dos de sus fotografías), José F. Gálvez (Miembro de la Sociedad de Historia de la Fotografía Española), Ladislao Rodríguez Galán " Ladis" (que aprendió fotografía acompañando a su mítico padre, el gran fotógrafo Ladislao Rodríguez Benítez, investigador autodidacta de la fotografía — se quedaba frecuentemente hasta altas horas de la madrugada leyendo libros sobre fotografía y armando y desarmando cámaras para ver su funcionamiento, ya que era un enamorado y experto de su mecánica — , que le enseñó también muchas cosas dentro del laboratorio), Alicia Reguera, Juan Manuel del Toro, Antonio Izquierdo, Rafael Sánchez, Luis Fernando Garrido, Francisco Fernández Caballero, José Lara, Ernesto Frejo, José Serrano, Ginés Ortiz, José Luis Caballano Alcántara, Pedro Berjillos, Paco Arévalo, Manuel Marín, José Salazar, José Jiménez, Francisco Linares, José Cañadilla, José María Tejederas, Manuel Pijuán, Rafael Barrios, Olga María Labrador, los hermanos Francisco y Antonio J. González, Manuel Angel Jiménez, Francisco Espadas, Rafael Fernández, Rafael Cava, José Francisco Ramos, Pascual Ponferrada, Luis M. López Esquivel, Luis Burgarín Alfonso Alcalde, Manuel Lama, Antonio Velasco, Vicente Rodríguez, Florentino Molero, Rafael Obregón, Francisco Rojano, Manuel Sáez, Rafael López Naisse y otros).


Texto y Fotos: José Manuel Serrano Esparza

sábado, 6 de julio de 2013

COPIA DE "BESO EN TIMES SQUARE" DE ALFRED EISENSTAEDT VENDIDA EN WESTLICHT POR 24.000 EUROS: REFLEXIONES SOBRE UNA TENDENCIA CLARAMENTE AL ALZA

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El pasado 24 de Mayo supuso un notable éxito para la 8ª Subasta Fotográfica Westlicht en Viena, uno de cuyos momentos álgidos fue sin duda los 24.000 euros alcanzados por una copia tamaño 30,5 x 44,5 cm realizada sobre papel fotográfico a partir del negativo original 24 x 36 mm de la famosa imagen 

Copia de la mundialmente célebre fotografía hecha por Alfred Eisenstaedt subastada en Westlicht. Esta gran imagen es uno de los iconos más importantes en la Historia de la Fotografía.

“Beso durante el Día de la Victoria en Times Square”, captada por Alfred Eisenstaedt el 14 de Agosto de 1945 y firmada por el fotógrafo,




sin olvidar los 66.000 euros pagados por "Mujer ataviada con Sombrero de Pollo" de Irving Penn, los 15.600 euros obtenidos por una fotografía hecha por Ernst Haas a Elliott Erwitt sujetando una Leica M3 pintada en color negro y los 9.000 euros logrados por una fotografía realizada en 1957 por David Douglas Duncan a Pablo Picasso con máscara de payaso.

Así pues, este evento ha significado entre otros aspectos importantes la confirmación de una tendencia constantemente en aumento y un gran interés por la fotografía clásica, en especial la de blanco y negro, compartida tanto por coleccionistas internacionales como locales, cuyo denominador común es su gran pasión por las fotografías realmente grandiosas realizadas por muchos de los más legendarios Maestros de la Fotografía de todos los tiempos, hasta tal punto que Westlicht Photo Auction es hoy por hoy el referente internacional desde el punto de vista de los resultados en el ámbito de las casas de subastas dedicadas a fotografía (por mencionar sólo un ejemplo, durante la reciente 8ª Subasta Fotográfica Westlicht, se vendieron el 76% de las imágenes, que alcanzaron con frecuencia pujas y precios finales bastante por encima de sus valoraciones iniciales).

Logo de Westlicht Schauplatz für Fotografie a la entrada de la Galería donde tienen lugar las Exhibiciones y Subastas.

Pero entonces, inevitablemente surge una pregunta:

¿Cómo es posible este notorio renacimiento y pasión desaforada por fotografías que en muy alto porcentaje fueron hechas hace muchas décadas durante el Siglo XX con cámaras que utilizaban películas químicas en diferentes formatos? ¿Por qué existen en estos momentos tantas personas dispuestas a pagar con gusto cantidades tan elevadas por estas imágenes realizadas sobre papel fotográfico de alta calidad hasta el punto de que incluso son habituales los momentos de “ bidding war” por las fotografías en venta más codiciadas?

RAZONES PARA UNA TENDENCIA APRECIABLEMENTE EN ASCENSO

Son abundantes los factores que han provocado este deseo vehemente por adquirir fotografías clásicas hechas por fotógrafos famosos con película química, entre las que destacan:

a) El valor muy importante de dichas imágenes, tanto desde un punto de vista histórico como social, ya que la inmensa mayoría de ellas son en gran medida Patrimonio de la Humanidad y muestran con frecuencia instantes captados en medio de acontecimientos que marcaron puntos de inflexión en el devenir del Siglo XX.

b) La admirable calidad de las imágenes desde el punto de vista de los momentos muy representativos plasmados en ellas, independientemente de las cámaras y objetivos con los que fueron realizadas y los aspectos técnicos de las mismas, ya que lo más importante de todo es el fotógrafo que está tras la cámara, su talento, su experiencia y estar en el lugar preciso en el momento adecuado.

c) La magia del blanco y negro. La mayor parte de estas fotografías fueron captadas con emulsiones clásicas químicas monocromas que contenían elevadas cantidades de haluros de plata y lograban una muy especial y bella estética de imagen vintage sobre papel fotográfico, un auténtico deleite para contemplar y apreciar.

d) El impresionante talento para su oficio demostrado durante sus carreras profesionales por los legendarios fotógrafos que crearon estas imágenes, en una época en la que las grandes revistas ilustradas como Life, Picture Post, Collier´s, The Illustrated London News, Regards, Weekly Illustrated, Look, Ladies Home Journal, etc, pagaban muy bien a los excelentes fotógrafos para que cubrieran diferentes zonas del mundo y desarrollaran abundantes misiones fotográficas, invirtiendo grandes sumas de dinero propio para financiar sus viajes por los cinco continentes en las mejores condiciones posibles, para posterioemente llenar las páginas de sus publicaciones gráficas con espléndidas fotografías que destilaban impacto y catalizaban tanto las ventas supermasivas en los kioskos como los anuncios publicitarios en página completa de muchas marcas importantes.

Contraportada del número de la revista Life del 17 de Enero de 1938. La gran empresa en posesión de la mejor red de distribución del mundo entonces y ahora, tuvo la inteligencia de seguir los consejos de Henry Luce (Propietario y Editor de Life), John Shaw Billings (Editor Ejecutivo y el hombre clave a la hora de decidir los relatos fotográficos que habrían de ser incluídos), Daniel Longwell (Editor Ejectutivo, profundo conocedor de los fotoperiodistas y cuya misión era enviarles a realizar reportajes fotográficos en los que pudieran rendir al máximo conforme a su manera de trabajar, experiencia y personalidad) y grandes editores fotográficos como Edward K. Thompson desde las primeras reuniones mantenidas en las oficinas publicitarias de Life ubicadas en 135 East 42nd Street de Nueva York. Todos eran plenamente conscientes de que el factor clave para las ventas masivas de una revista de tan enorme calidad y calado era la contratación de fotógrafos muy buenos (que eran muy bien pagados) para que hicieran ensayos fotográficos por todo el mundo, repletos de imágenes que mostraran momentos definitorios, a fin de atraer constantemente la atención de los compradores y mantenerles como entusiastas compradores de Life, tanto si adquirían la revista (profusamente ilustrada y con un papel de gran calidad y notable gramaje, muy resistente al paso del tiempo) en kioskos como mediante suscripción. Ni que decir tiene que la labor de los editores gráficos eligiendo la flor y nata de las excelentes fotografías y el duro trabajo de los departamentos de arte elaborando junto a los editores gráficos la distribución y aspect ratio de las imágenes, era también de trascendental importancia.

Retrato de Alfred Eisenstaedt realizado por Claire Yaffa en 1978.

Por citar solo un ejemplo, Alfred Eisenstaedt,  fuerza fotográfica en sí mismo durante setenta años, entre finales de los años veinte y mediados de los noventa del siglo XX, fue decisivo en el desarrollo y tremendo éxito de la revista Life en la etapa de Henry Luce, desde su mismo lanzamiento al mercado el 23 de Noviembre de 1936 con 380.000 ejemplares vendidos, alcanzándose pronto cifras récord de 1 millón de revistas por semana a partir de 1937, números astronómicos para la época.

"Beso en Times Square durante la celebración del Día de la Victoria" es una de las imágenes más representativas en toda la Historia de la Fotografía y ha formado parte de muchas exhibiciones fotográficas por todo el mundo desde el final de la Segunda Guerra Mundial. He aquí la placa anunciando la exhibición 75 Años de Life, que tuvo lugar en la Leica Gallery de Nueva York entre el 11 de Noviembre y el 7 de Enero de 2012.

Eisenstaedt publicó miles de sus fotografías en ella y consiguió la asombrosa cifra de 92 portadas.

Y lo mismo ocurrió con otros grandes fotógrafos que trabajaron para Life magazine como Henri Cartier-Bresson, Eugene Smith, Robert Capa, Werner Bischof, David Seymour “Chim”, George Rodgers, Margaret Bourke-White, Eileen Darby, Ernst Haas, Elliot Erwitt, Andreas Feininger, Bob Landry, Carl Mydans, Elliot Elisofon, Dmitri Kessel, Frank Scherschel, David Douglas Duncan, Gjon Mili, Gordon Parks, George Silk, Hansel Mieth, Larry Burrows, Ralph Morse, Pater Stackpole, Phillipppe Halsman, Cornell Capa, Thomas McAvoy, Walker Evans, William Vandivert y muchos otros.

e) El continuo incremento del valor de recompra de las copias adquiridas, tanto de época como posteriores, por lo que se convierten en codiciados artículos de inversión con grandes niveles de fiabilidad.

f) La floreciente pujanza de China como país muy interesado en la fotografía clásica, siendo muchos los compradores procedentes de esta nación.

g) La creciente difusión de dispositivos LED de gama alta que están empezando a permitir tanto a coleccionistas privados como a inversores tener en sus propios domicilios estos muy valiosos positivos hechos a partir de negativos originales expuestos por fotógrafos famosos, algo que hasta la fecha estaba en gran medida reservado a museos y galerías. Estos mecanismos luminosos de última generación y muy bajo consumo están permitiendo a los entusiastas de la fotografía de la más alta calidad pura y dura poder habilitar zonas específicas de sus casas para mostrar estas obras maestras con la iluminación más adecuada y sin riesgo de dañarlas.

h) La naturaleza artesanal de las copias a la venta en Westlicht, tanto vintage como posteriores, que fueron creadas dentro de cuarto oscuro hace muchos años, a menudo tras ingentes cantidades de horas e incluso días de denodados esfuerzos en pos de los mejores positivos posibles, intentando interpretar con la mayor fidelidad  la realidad del acto fotográfico en el momento de la exposición y génesis de la imagen latente.

i) Una gran cantidad de estas fotografías fueron seleccionadas por muchos de los mejores editores de fotografía de la historia: Simon Guttman (Berliner Illustrierte Zeitung), Edward K. Thompson (Life ), Stefan Lorant (Weekly Illustrated, Picture Post), Roy Striker (FSA Project, Lamp), Willard D. Morgan (Life, Look), John G. Morris (Life, Ladies Home Journal, Washington Post, New York Times, National Geographic), James A. Fox (Magnum), Howard Chapnick (Black Star Agency), Barbara Baker Burrows (Life), Marie Schumann (Life), Arnold H. Drapkin (Time), Robert Pledge (Zoom , Gamma, Contact Press Images) y otros.

En aquella época, se pedía constantemente a los fotógrafos que realizaran relatos fotográficos, con un requisito primordial: las imágenes habrían de ser excelentes y tnedrían que dejar huella en los lectores, porque el objetivo era vender todas las revistas posibles.

Por tanto, la labor de los editores gráficos era un factor absolutamente fundamental, ya que tenían que elegir a partir de los contactos las mejores imágenes para su publicación.

Elegante cartel publicitario de la película de blanco y negro Agfa Isopan de 35 mm de finales de los años treinta.

j) La muy bella y especial estética de imagen característica de las copias sobre papel fotográfico realizadas a partir de legendarias emulsiones químicas de blanco y negro como la Eastman Kodak Nitrate Panchromatic Weston 32 cargada a granel (obtenida a partir de stock cinematográfico) de los años treinta, Kodak SS Panchro Nitrate Panchromatic de los años treinta, Kodak Super X Nitrate Panchromatic de los años treinta, Agfa Isopan de finales de los años treinta, Agfa Isopan F de principios de los años cuarenta,

Película de blanco y negro de 35 mm Agfa Isopan F de principios de los años cuarenta.

Kodak Plus-X, otra emulsión clásica de blanco y negro. Fue lanzada al mercado en 1938 y siguió en producción hasta nada menos que 2011. Su sensibilidad era de ISO 125 y fue usada por muchos fotógrafos de la Agencia Magnum durante los años cuarenta, cincuenta y sesenta como George Rodger (cobertura de los Bombardeos sobre Londres en 1940), Mark Riboud (fotografías de la Torre Eiffel en París en 1953), Erich Lessing (sublevación de Budapest contra la ocupación soviética en 1956), Eve Arnold (fotografías de Joan Crawford en 1959), Leonard Freed (fotografías de Martin Luther King en Octubre de 1964 en Baltimore, aclamado por miles de personas, recién regresado de Europa tras recibir el Premio Nobel de la Paz) y muchos otros. 

Kodak Plus X, Agfa Isopan ISS, Kodak Panatomic-X ISO 32 (1933-1987), Kodak Super XX, Kodak Tri-X 400, Ilford HPS, Ilford HP3, Agfa L IR, Ansco Super Hypan, Ilford HP4, Ilford HP5, Fuji NP 400 PR, Agfa Isopan Ultra, Ilford Pan F50, etc.

Kodak Super-XX de 35 mm, la película de blanco y negro utilizada por Alfred Eisenstaedt el 14 de Agosto de 1945 para captar su famosa fotografía del Beso del marinero y la enfermera durante la celebración del Día de la Victoria en Times Square. Tenía una sensibilidad de ISO 250 y fue la emulsión rápida todoterreno fotoperiodística por excelencia hasta la llegada del también mítico Kodak Tri-X Pan 400 en 1954.

Por su parte, todas estas películas monocromas aportaban distintas estéticas de imagen y se podía obtener una notable versatilidad de resultados dependiendo de los reveladores utilizados, unos optimizados para conseguir grano fino como el Kodak D-76 y el Kodak Xtol y otros que favorecían la acutancia, es decir, la percepción visual de nitidez, como el entrañable Agfa Rodinal.

Kodak Tri-X Pan, la película de blanco y negro formato 24 x 36 mm más utilizada en el ámbito fotoperiodístico en toda la Historia de la Fotografía. Un alto porcentaje de fotografías de renombre fueron hechas exponiendo esta emulsión monocroma de blanco y negro que destaca por su soberbia acutancia y rango tonal, acompañadas de una versatilidad imbatible.

Y existían excelentes emulsiones clásicas de blanco y negro como el Kodak Tri-X Pan 400 y el Kodak-Plus X que pese a mostrar algo de grano, aportaban una notable acutancia, gama tonal y versatilidad en laboratorio fotográfico al hacer copias de alta calidad en diferentes tamaños.

k) Los positivos hechos a partir de negativos de blanco y negro expuestos por estos Maestros de la Fotografía se realizaban habitualmente con ampliadoras profesionales de muy alta calidad como la Leitz Focomat VIWOO Varob Model 1934 (para formato 35 mm), Leitz Valoy II (para formato 35 mm),

Leitz Valoy II, una magnífica ampliadora dedicada para formato 35 mm. Era muy cómoda de usar, con enfoque manual y montura con helicoidal de foco, pudiendo utilizar una amplia gama de objetivos de ampliación de alta calidad como el Elmar 5 cm f/3.5, Leitz Focotar 50 mm f/4.5, Leitz Summicron 50 mm f/2 con adaptador DMUOO, EL Nikkor 50 mm f/2.8 (con tubo de extensión dotado con montura de rosca Leica de 39 mm y ubicado entre el objetivo y la ampliadora) y otros. Junto con la también excelente ampliadora Leitz Focomat 1C (concebida igualmente para uso con formato 35 mm y utilizada entre otros por Ralph Gibson), fue usada de manera intensiva por muchas agencias fotográficas y fotógrafos de renombre como Eugene Smith durante la segunda mitad del siglo XX, siendo el modelo de ampliadora preferido por muchos amantes de la Fotografía en Blanco y Negro que todavía exponen películas químicas monocromas con sus cámaras analógicas de formato 24 x 36 mm.

Leitz Focomat IIC (para formato medio), 



Leitz Focomat IIC, optimizada para formato 6 x 9 cm, si bien es capaz de manejar otros tamaños como 35 mm y 6 x 6 cm mediante los adecuadas bandejas de negativos. Esta es una de las mejores ampliadoras jamás fabricadas. Sus objetivos de ampliación habituales eran el Leitz Focotar 60 mm f/4.5 y el Leitz V Elmar 100 mm f/4.5. Producida entre 1957 y 1983, durante los años sesenta tenía un precio similar al de un coche. Fue integrante habitual de las secciones de cuarto oscuro de las mejores agencias de publicidad, fotográficas y revistas ilustradas del mundo, logrando soberbios resultados dimanantes de su calidad óptica y mecánica sin compromisos, hasta tal punto que la inmensa mayoría de ellas funcionan perfectamente hoy en día.

Beseler Model 23C (desde 35 mm hasta formato medio 6 x 6 cm),

Beseler Modelo 23C, especialmente diseñada para formato medio 6 x 6 cm (aunque puede utilizar otros tamaños de negativo desde Minox 8 mm a 6 x 7 cm), un clásico muy querido por los incondicionales de la fotografía de blanco y negro. La impresionante calidad de esta ampliadora, construida como un tanque, permitía un duro uso profesional diario durante muchas décadas, hasta tal punto que existe en la actualidad un floreciente mercado de segunda mano con muchas de ellas en buen estado y funcionamiento impecable. Ni que decir tiene que en simbiosis con objetivos de ampliación de formato medio de gama alta como el Schneider Kreuznach Componon-S 80 mm f/4 que generalmente ha incorporado desde mediados de los años sesenta hasta hoy en día, la calidad de las copias sobre papel fotográfico en muchos tamaños distintos que puede obtenerse con ella es simplemente soberbia.

Omega D2 (para gran formato 10 x 12 cm)

Ampliadora Omega D2 de gran formato 4 x 5 (10 x 12 cm) de mediados de los años cincuenta, un auténtico caballo de batalla robusto a más no poder fabricado entre 1954 y 1979 y perteneciente a la estirpe evolutiva iniciada por la Omega D (1938-1941) y la Omega DII (1941-1954) que fue el standard entre las impresoras de gran formato desde finales de los años treinta. Capaz de soportar muchas décadas de uso intensivo profesional diario, demostró ser virtualmente indestructible, y en sinergia con los objetivos Wollensak Raptar 135 mm f/4.5 Anastigmat y el Wollensak Raptar 162 mm f/4.5 Velostigmat (que eran las ópticas de buena calidad que incorporaba originalmente) y sobre todo con los mucho mejores Schneider Componon-S 135 mm f/5.6, Schneider Componon-S 150 mm f/5.6, Nikkor EL 135 mm f/5.6 y Nikkor EL 150 mm f/5.6, se convirtió en una máquina muy extendida y de gran fiabilidad dentro de las salas de cuarto oscuro de las más importantes agencias fotográficas y revistas ilustradas del mundo, ya que aunque el formato miniatura  35 mm encarnado por las pequeñas cámaras telemétricas sin espejo Leicas y Contax significó a efectos prácticos una revolución y generó un nuevo tipo de fotoperiodismo mucho más ágil y dinámico, las soberbias cámaras de gran formato 4 x 5 (10 x 12 cm) como la Greflex Super D y sobre todo las Peacemaker Speed Graphic y Crown Graphic siguieron siendo usadas por muchos fotógrafos profesionales (tanto en la esfera fotoperiodística como de fotografía artística) que anhelaban conseguir los mejores resultados posibles desde el punto de vista del poder de resolución, contraste, gama tonal y posibilidad de grandes ampliaciones sin grano así como reencuadres de zonas concretas del negativo sin pérdida de calidad, ya que la gran superficie de la placa de 4 x 5 " (10 x 12 cm, dieciséis veces el área del formato 24 x 36 mm y todavía mucho más grande que el formato medio 6 x 6 cm) permitía a los editores gráficos realizar reencuadres selectivos modificando el aspect ratio de las imágenes originales de los reportajes e incluso elegir en caso necesario zonas muy pequeñas para su ampliación (preservando incluso así un muy alto nivel de detalle) para adaptarse a la maquetación y a las necesidades de paginación. En este sentido, grandes fotógrafos que utilizaron las cámaras de gran formato anteriormente mencionadas como Margaret Bourke-White, Walker Evans, Dorothea Lange, Weegee, John Sexton, Nat Fein y muchos otros, hicieron muy buena fotografías que destacaban por su espectacular nivel de detalle y que eran con frecuencia elegidas como portada. Además, una ampliadora Omega DII de finales de los años cuarenta, que perteneció a Diane Arbus ha sido utilizada por el aclamado fotógrafo de retratos y positivador Neil Serkirk (utilizando cargadores de 6 x 6 cm) para hacer soberbias copias de negativos originales expuestos por la gran fotógrafa norteamericana de Nueva York con cámaras binoculares réflex de formato medio Rolleiflex y Mamiya.

Beseler 45 AF (para gran formato 10 x 12 cm), Beseler 45MX (para gran formato 10 x 12 cm), Beseler 45MXT (para gran formato 10 x 12 cm), Durst L 184 (para gran formato 20 x 25 cm), Saunders LPL 4500 II (para gran formato 10 x 12 cm), De Vere 504 (para gran formato 10 x 12 cm), Durst L 1200 (para gran formato 10 x 12 cm), Omega B22 (para formato medio 2 ¼ x 2 ¼), Zone VI (para gran formato 5 x 7), Leica Focomat V35 (para formato 35 mm) y otras.Todo ello en perfecta sinergia con objetivos de ampliación de alta calidad como el Varob 5 cm f/3.5 (para 35 mm), Leitz 95 mm f/4 VOORT (para formato medio), Schneider Componon-S 80 mm f/4 (para formato medio), Schneider Componon 100 mm f/5.6 (para formato medio), Focotar 50 mm f/4.5 (para formato 35 mm), Summicron 50 mm f/2 M39 con adaptador Leitz DMUOO Summicron (para formato 35 mm), el Schneider Componon-S 50 mm f/2.8 (para formato 35 mm) y otros, que eran en gran medida el factor crucial para la calidad final de las copias, junto con el tipo de fuentes de luz que permitían diferentes aspectos de los positivos.

l) Las asombrosas propiedades físicas y químicas de las emulsiones clásicas de blanco y negro como la Kodak Tri-X 400 y otras que contienen grandes cantidades de haluros de plata de formas no controladas que se asemejan a nubes de asteroides.

Al hacer copias sobre papel fotográfico a partir de estas emulsiones de blanco y negro que incluyen grandes cantidades de plata, el grano es más visible que con otras emulsiones monocromas tecnológicamente más avanzadas como la Kodak T-Max 100, Fuji Acros 100, Kodak T-Max 400, Ilford Delta 100, Ilford Delta 400, etc, que se caracterizan por sus formas hexagonales, configuración tabular, cristales muy planos de sales de plata, uniformidad geométrica y mucha menos cantidad de plata, de tal manera que el grano es menos evidente en las copias hechas a partir de ellas mediante ampliadora, incluso con películas de ISO 400 e ISO 800.

Pero las emulsiones clásicas de blanco y negro que incluyen cantidades de plata mucho más altas y se caracterizan por las formas no controladas e irregulares de sus granos, consiguen mucho mejor rango tonal y acutancia, especialmente si se revelan con los reveladores más apropiados para ello, en sinergia con ampliadoras profesionales y los papeles fotográficos que mejor se adapten a sus rasgos.

Pero además, por increíble que pueda parecer, las películas clásicas de blanco y negro con elevadas cantidades de plata y grano con form a imprevisible y no uniforme como la Kodak Tri-X 400, Kodak Plus-X, Kodak Panatomic-X y otras, están mucho más íntimamente vinculadas (en lo tocante a su comportamiento durante el acto fotográfico, el revelado de las emulsiones expuestas, la creación de contactos y la elaboración mediante ampliadoras de copias en diferentes tamaños) a los últimos confines de la más avanzada Ciencia Física actual, sobre todo al ámbito del Principio de Incertidumbre de Werner Heisenberg (con respecto a la posición y momento de la órbita de electrones en los átomos) y la Teoría de los Cuantos de Max Planck (con respecto a la revelación de los comportamientos individuales de las partículas subatómicas que forman todos los tipos de materia y al conocimiento de qué moléculas son energéticamente favorables entre sí y las magnitudes energéticas involucradas) y la Ecuación de Schrödingen (con respecto al cambio de las funciones de onda en el tiempo y su aplicación al concepto de patícula libre) y la naturaleza extremadamente irregular del caos clásico que se muestra cuando tiene lugar la dispersión de electrones a partir de pequeñas moléculas, sin olvidar el hecho de que en el momento de la exposición de las películas clásicas de blanco y negro que incluyen gran cantidad de plata, se generan en su interior una pléyade de sobreexcitados átomos de Rydberg cuya morada se halla entre el mundo clásico y el cuántico y cuyo vínculo de unión es el Caos Cuántico, presidido por la imposibilidad de saber la posición y velocidad de una partícula subatómica.

Por tanto, lo que ocurre dentro de la gelatina transparente que incorporan estas emulsiones químicas de blanco y negro cuando sus granos de plata (que presentan distintos tamaños, formas irregulares y se hallan dispersos en su interior) son incididos por luz en el momento de la exposición, es algo verdaderamente asombroso y de enorme complejidad.

Contacto de 35 mm de la famosa fotografía "Beso durante la celebración del Día de la Victoria en Times Square" realizada por Alfred Eisenstaedt el 14 de Agosto de 1945. Photo: Alfred Eisenstaedt.

En este sentido, la gran fotografía “Beso el Día de la Victoria en Times Square” hecha por el extraordinario fotógrafo Alfred Eisenstaedt aquel 14 de Agosto de 1945 en Times Square, Nueva York, es un buen ejemplo del producto final obtenido tras la formación de la imagen latente en el momento de la exposición.

Es decir, una imagen invisible nació dentro de la cámara telemétrica Leica IIIa de 35 mm cuando la película de blanco y negro Kodak Super XX ISO 250 en formato 24 x 36 mm que había en su interior (y que incluía grandes cantidades de plata), fue expuesta al presionar Eisenstaetd el botón liberador del obturador y la luz incidió sobre la emulsión química monocroma, momento en el que una imagen invisible del beso entre el marinero y la enfermera (la imagen latente propiamente dicha, constituida únicamente por plata) fue creada e impresionada sobre ella, haciéndose posteriormente que fuera visible mediante el revelado con Kodak D-76 (durante 20 minutos) unas pocas horas después aquel día hace 68 años, y tras ello, se crearon los contactos de 35 mm para realizar la edición (Eisenstaedt hizo cinco fotografías del marinero y la enfermera en Times Square, de las cuales se eligió la mejor que es la mundialmente conocida).

m) La lealtad a la fotografía química de blanco y negro de altísima calidad mantenida por sus conocedores y entusiastas por todo el mundo. Con respecto a Westlicht, los devotos de las imágenes hechas por Maestros de la Fotografía llevan muchos años ininterrumpidos embelesados,


prestando mucha atención a las imágenes


y reemprendiendo la marcha tras disfrutar la magia del Blanco y Negro.


Copyright Texto y Fotos: José Manuel Serrano Esparza