viernes, 27 de marzo de 2015

ARENGA EN LA FINCA DE VILLA ALICIA: MOMENTOS PREVIOS A LA MUERTE

ENGLISH
                                 Photo: Robert Capa. © ICP New York


Tras identificar en Agosto de 2010 a Gerda Taro entre los milicianos a la izquierda de una fotografía perteneciente a la serie La Arenga, hecha por Robert Capa el 5 de Septiembre de 1936 y ubicarla en la Finca de Villa Alicia (al igual que el resto de fotografías de dicha serie), José Manuel Serrano Esparza realizó una investigación que duró dos años, entre Septiembre de 2011 y Agosto de 2013.

Gracias a ella, Esparza pudo descubrir la autoría y ubicación hasta entonces desconocidas de cuatro fotografías hechas por Robert Capa el 5 de Septiembre de 1936, durante la mencionada arenga de dos jefes anarquistas a milicianos alcoyanos, andaluces y algunos soldados republicanos que escuchan su alocución, aproximadamente a las doce y media del mediodía, en la Finca de Villa Alicia, aproximadamente un kilómetro al suroeste del pueblo de Cerro Muriano (Córdoba), adyacente a la vertiente norte de la colina Torreárboles, y repleta de contingentes de milicianos que protegen las espaldas de sus compañeros, quienes defienden la cima y vertiente sur de la misma, que está siendo ya atacada por la columna franquista de la izquierda (del total de tres que forman la ofensiva planeada por el general Varela), al mando del comandante Sagrado.


La Finca de Villa Alicia se halla en plena zona de muy probable maniobra envolvente- lo cual es sabido por los altos mandos republicanos, incluyendo el capitán Castañeda, que se halla presente entre los milicianos escuchando la arenga -  y que horas más tarde será, en efecto, realizada por fuerzas legionarias del comandante Baturone, que atacarán Torreárboles por su vertiente norte (en coordinación con las fuerzas del comandante Sagrado, que llevan atacando la vertiente sur desde aproximadamente las diez de la mañana).

Dicho ataque consigue aniquilar primeramente a todas las fuerzas republicanas presentes en la Finca de Villa Alicia y después a las ubicadas en la cima de Torreárboles (cota en la que las tropas republicanas tenían instaladas, ya desde hacía días, ametralladoras Hotchkiss del calibre 7 x 57 mm, intuyendo que las tropas franquistas les atacarían muy pronto), al igual que ocurrirá con la Loma de las Malagueñas, que sucumbirá tras varias horas de enconada lucha al ataque de la columna franquista de la derecha, al mando global del teniente coronel Sáenz de Buruaga (que incluye el Tabor de Regulares de Melilla nº 3 bajo las órdenes del comandante López Guerrero- perteneciente al Grupo de Regulares de Melilla nº 2, con base en Nador, de la Circunscripción Oriental- y los Escuadrones de Regulares Ceuta nº 3 de la Circunscripción Occidental y Alhucemas bajo las órdenes del comandante Gerardo Figuerola), que tras ser frenados durante varias horas conseguirán envolver también dicha cota y capturarla finalmente en lenta coordinación - la numantina defensa de los alcoyanos ralentizó notablemente el plan del general Varela- con el ataque frontal del comandante Alvarez Rementería a través de la vertiente sur.

Estas son las cuatro fotografías:

                        Photo: Robert Capa
1) Esta imagen aparece impresa a tamaño 17, 9 cm de ancho x 23, 8 cm de alto, con un aspect ratio aproximado 4:3 vertical en el libro La Lucha del Pueblo Español por su Libertad de A. Ramos Oliveira, editado por la Embajada Española en Londres en 1937, sin que se indique ni su autoría ni el lugar donde fue hecha.

Capa capta a dos milicianos que escuchan las palabras de ánimo que un jefe anarquista pronuncia a un contingente de combatientes voluntarios desde una posición elevada.

Todos están oyendo el intercambio de disparos de fusil, ametralladoras y artillería entre la columna franquista de la izquierda (al mando del comandante Sagrado, que está ya atacando la vertiente sur de Torreárboles) y los defensores republicanos situados en la cima de dicha colina, desde la que se ve la ciudad de Córdoba, a unos 15 km de distancia.

Imagen dura. El miliciano más próximo a la cámara, captado de perfil, con camisa oscura y manta a cuadros sobre su hombro izquierdo, mira con atención al jefe anarquista que les está hablando, tratando de infundirles ánimo antes del combate que tendrá lugar muy pronto.


Acaban de ser informados de que las tropas franquistas están ya atacando Torreárboles en su ladera sur y de que las temidas unidades marroquíes de tabores de regulares de Sáenz de Buruaga llevan ya varias horas desplegadas en las proximidades de Piedra Horadada, dispuestas a lanzarse sobre la cota de Las Malagueñas en cualquier momento.

Tanto los jefes anarquistas como el capitán Castañeda, presente durante esta alocución en la Finca de Villa Alicia, saben que las tropas franquistas intentarán también la maniobra envolvente a través de la Finca de Villa Alicia, que es la clave para poder asaltar Torreárboles a través de su vertiente norte, por lo que la misión de los abundantes efectivos de milicianos y soldados republicanos que se hallan en ella es intentar evitarlo (algo que conseguirán hasta primera hora de la noche, cuando serán definitivamente arrollados).

Este miliciano muy joven, que lleva camisa oscura con un botón desabrochado a consecuencia del calor y la tensión, así como un gorro anarquista con borla, se da cuenta de que existe una probabilidad muy alta de que muera en las próximas horas, lo cual provoca una mezcla de sentimientos en su mente: el lógico miedo, la enorme angustia al pensar en los seres queridos, las experiencias vitales que afluyen a la mente como una película, el temor ante la posibilidad de combates a la bayoneta - nadie quiere luchar al arma blanca contra las experimentadas tropas franquistas del Ejército de África - , etc.

La tensión se hace insoportable y el afán de supervivencia sale también a flote, haciendo que el miliciano se aferre instintivamente con su mano derecha - de la cual se aprecian tres dedos- a la correa de cuero de transporte de su fusil (parte de cuyo cañón se observa justo detrás de su omóplato izquierdo).

Inmediatamente tras este joven miliciano, vemos a otro de mayor edad, con más experiencia, y rostro con facciones más endurecidas. Este miliciano es todavía más consciente que el joven en primer plano del enorme peligro de muerte que se avecina y muestra también un semblante de profunda preocupación, pero con mayor introspección y una relativa calma dadas las circunstancias. Parece aceptar su destino con cierta resignación, pero sobre todo con convicción, y trata de superar el miedo, la angustia y la incertidumbre, fumando un cigarrillo que sujeta con su mano izquierda.

Capa está muy cerca de ellos cuando les fotografía inmersos en unos momentos muy difíciles, previos a un combate en el que estos combatientes civiles, pertenecientes a los más diversos ámbitos laborales comunes de la vida diaria civil, van a enfrentarse a tropas profesionales del Ejército de África, con muchos años de experiencia en combate, gran pericia en el manejo de las armas de fuego y la bayoneta, y mandadas por jefes militares curtidos en muchas batallas en las Campañas del Rif y posteriores en Marruecos, desde principios de los años veinte.

El fotoperiodista húngaro de origen judío, que lleva ya varios minutos presente desde el inicio de la arenga (instantes en que se encontraba a varios metros del jefe anarquista que dirige su alocución a los milicianos), es consciente de la proximidad de la muerte y se halla muy impresionado al ver a civiles dispuestos a morir por sus ideas frente a tropas profesionales.

Capa se ha ido abriendo paso a través de los combatientes, haciendo fotos con su Leica II (Model D) y un objetivo Leitz Elmar 50 mm f/3.5 a distintos milicianos hasta llegar a este punto, donde fotografía a los dos que se aprecian en esta significativa imagen.

                                                 Photo: Robert Capa
2) Esta imagen aparece reproducida en formato algo más cuadrado, 10,7 cm de ancho x 13,2 cm de alto, en el libro La Lucha del Pueblo Español por su Libertad de A. Ramos Oliveira, editado por la Embajada Española en Londres en 1937, sin que se indique ni su autoría ni el lugar donde fue hecha. Se trata de un reencuadre realizado a partir de una copia en papel fotográfico de blanco y negro, positivada por Csiki Weisz en París y enviada por María Eisner al Departamento de Prensa de la Embajada Española en Londres. El libro fue impreso por Waterloo & Sons Ltd.

Capa capta una escena enormemente dramática: otro miliciano muy joven, ataviado con gorro anarquista de la CNT o de la FAI, camisa oscura y cazadora clara, acaba de conocer la noticia que han estado esperando: las tropas franquistas del Ejército de África, procedentes de Córdoba capital van a intentar capturar ambas cotas. Y además, los legionarios del comandante Baturone intentarán envolver la Finca de Villa Alicia y caer sobre la vertiente norte de Torreárboles, adyacente al lugar donde se encuentran los milicianos fotografiados por Capa y Taro durante la arenga.

El miliciano joven se derrumba por momentos y tiene la mirada perdida, quizá pensando para sus adentros que no volverá a ver a sus más allegados.

Se percibe claramente que estos instantes tienen una gran importancia para Capa, que concentrado al máximo y muy interesado en captar con su cámara lo que está ocurriendo, ha conseguido acercarse hasta prácticamente debajo mismo del orador (cuyo pie izquierdo y parte de su pantalón izquierdo vemos en la mitad derecha de la imagen, así como parte del tonel de notable tamaño sobre el que el jefe anarquista se ha aupado para dirigir su arenga a los milicianos).

Capa hace esta fotografía también prácticamente a bocajarro y capta magistralmente la terrible atmósfera de los momentos previos a la muerte.

Aunque sigue escuchándole, el miliciano joven no mira ya al jefe que les dirige la arenga, sino que está apoyado con su mano izquierda en el tonel y tiene la mirada perdida, claramente absorto en sus pensamientos, probablemente relacionados con sus seres más queridos y los principales momentos de inflexión de su vida.

Lógicamente, tiene miedo y experimenta una enorme e inevitable angustia. Sabe que el combate frente a tropas profesionales está muy próximo y que tendrá que luchar por su vida en una contienda claramente desproporcionada, ya que tanto este miliciano como la inmensa mayoría del resto, apenas tienen instrucción militar y su pericia en el manejo de las armas es escasa, puesto que proceden de las profesiones más comunes del ámbito civil: campesinos, albañiles, electricistas, carpinteros, poceros, ebanistas, impresores, mecánicos, conductores, alfareros, zapateros, jornaleros, etc.

La imagen es terrible, muy representativa, y sigue los postulados fotoperiodísticos establecidos cuarenta años después por Cliff Edom, Profesor de Fotoperiodismo de la Universidad de Missouri, en su obra Photojournalism de 1976.

Capa capta una imagen devastadora, cuyo principal foco de atención es el rostro del miliciano, cabizbajo, consciente de su muy probable muerte, que está próxima.

El miliciano suda profusamente, además de por el calor (en esos momentos la temperatura es de unos 40º C), en gran medida producto del enorme stress, hasta el punto de que se ha desabrochado tres botones de la camisa.

A diferencia de otras imágenes realizadas previamente por Capa en Barcelona, en el frente de Aragón, en Madrid, etc, no queda aquí ni un resquicio para la típica euforia revolucionaria y frecuentes momentos de jolgorio captados en otras ocasiones, ya que en esta fotografía, el semblante del miliciano impregnado de desesperanza y el ambiente previos a la muerte son los elementos clave.

Al igual que el propio joven miliciano, Capa sabe que los combatientes civiles no tienen ninguna posibilidad frente a tropas no solamente profesionales, sino que además pertenecen al Ejército de África, que incluye las unidades de élite más experimentadas y mejor armadas del ejército español.

Ciertamente, pese a su tenaz resistencia durante varias horas (a diferencia de la mayoría de efectivos republicanos en Cerro Muriano - que huyeron rápidamente, ante la intensificación del ataque aéreo sobre el pueblo a partir de las 15:30, creyendo que las tropas franquistas iban a atacarles rápidamente para intentar capturar el casco urbano y la estación de tren - , conscientes de que la escasa presencia de trincheras en Cerro Muriano y las casas muy bajas no permitían una eficaz defensa), los contingentes de milicianos y soldados republicanos situados en la Finca de Villa Alicia no tenían ninguna posibilidad y fueron finalmente arrollados.

No obstante, pese a que los indicios apuntan claramente a que esta fotografía fue hecha por Capa, no puede descartarse al 100% la hipótesis de que la hiciera Gerda Taro con su cámara de formato medio 6 x 6 cm.

Cabe destacar el hecho de que este mismo jovencísimo miliciano anarquista aparece también de pie junto al tonel en una imagen previa hecha por Capa cuando todavía se hallaba con la cabeza alta mirando hacia arriba al jefe anarquista durante su arenga, antes de derrumbarse emocionalmente. Esta imagen (ubicada por José Manuel Serrano Esparza también en la Finca de Villa Alicia, al igual que el resto de 11 fotografías que componen la serie) apareció en el periódico inglés The Illustrated London News del 24 de Octubre de 1936, en formato muy apaisado a partir de una imagen con aspect ratio 2:3, para satisfacer las necesidades de maquetación de dicho periódico inglés.


Queda pues totalmente demostrado, todavía más si cabe, que Robert Capa y Gerda Taro arriesgaron sus vidas en varias ocasiones el 5 de Septiembre de 1936, sacando fotos a pocos cientos de metros del frente de combate, especialmente en la Finca de Villa Alicia, una zona en ese momento de mayor peligro incluso que las cimas de Torreárboles y Las Malagueñas, ya que debido al todavía escaso número de efectivos franquistas en Andalucía en Agosto y Septiembre de 1936 y las tácticas de despiadada guerra colonial africana que se llevaban a cabo en las provincias de Badajoz, Córdoba, etc, era frecuente no hacer prisioneros en las zonas de maniobra envolvente, pues la velocidad de movimientos era la clave del éxito y, con frecuencia, los legionarios y las tropas marroquíes de los tabores de regulares habitualmente encargadas de ello por los mandos franquistas, se hallaban a su vez en peligro de ser envueltas.

                                                Photo: Robert Capa
3) Esta imagen fue publicada - sin que se indicara ni el nombre del autor ni la ubicación exacta donde fue hecha - en la página 3 del número 15, volumen III, de la revista Weekly Illustrated, del sábado 10 de octubre de 1936, en tamaño 17,6 de ancho x 13,9 cm de alto, a partir de una copia de época realizada con el negativo original Eastman Kodak Panchromatic Nitrate de 35 mm (expuesto por Robert Capa con una cámara telemétrica Leica II con objetivo Leitz Elmar 50 mm f/3.5) y que fue enviada por María Eisner (directora de la agencia Alliance Photo, que distribuía las imágenes de Capa) a Stefan Lorant, editor del Weekly Illustrated, que reencuadró la imagen y por necesidades de maquetación la dejó con un aspect ratio 4:3, de tal manera que encajara en la zona inferior derecha de la mencionada página, junto con otras nueve fotografías más de distintos temas, que nada tenían que ver con la Guerra Civil Española, si bien Lorant decidió dar todo el protagonismo posible a la imagen de Capa, insertándola en mayor tamaño que el resto.


Pero la novedad importante de esta fotografía es que el hombre que está subido sobre un gran tonel de madera (del cual sólo se aprecia parte de él junto a su pie derecho, ya que aparece mayormente oculto por la zona superior del cuerpo de dos milicianos) es distinto al que dirige otra alocución a estos mismos combatientes civiles en una fotografía hecha por Capa en este mismo lugar, día y momento, ya conocida desde hace décadas y en la que José Manuel Serrano Esparza identificó en Agosto de 2010 a Gerda Taro en el borde izquierdo de la imagen.

Se trata de Enrique Vañó Nicomedes, secretario de la CNT de Alcoy (Alicante) y jefe, junto con el alférez Melquíades Valiente, del contingente de la columna alcoyana (compuesta por 534 militares del Regimiento de Infantería de Vizcaya nº 12, con guarnición en Alcoy, y 687 milicianos anarquistas de la CNT y la FAI), que tras salir de Alcoy el 7 de Agosto de 1936 y llegar a Pedro Abad (Córdoba) el 9 de agosto de 1936, se dirigió a Cerro Muriano, mientras que el otro contingente, al mando del teniente Roberto García, se dirigió a Espejo, llegando ambos contingentes a dichos pueblos el 10 de Agosto de 1936.

Enrique Vañó Nicomedes, que fue fusilado en Alcoy el 29 de Agosto de 1939, a los 28 años de edad, tras consejo de guerra sin garantía jurídica alguna, ya que no tenía delitos de sangre, estuvo muy activo durante la jornada del 5 de septiembre de 1936, moviéndose entre la Finca de Villa Alicia y la Loma de las Malagueñas, zona esta última en la que participó en los combates junto con Rafael Miralles de la FAI y Felipe Colomé de la CNT, permaneciendo con los altos mandos republicanos hasta aproximadamente las 21:30 h de la noche, momento en que el comandante Juan Bernal, al no ser ya posible seguir defendiendo la cota ante los feroces ataques de las tropas marroquíes de tabores de regulares, decidió abandonar la posición con su estado mayor - comandantes Balibrea, Armentia y Aviraneta, así como el capitán La Romana y el teniente Roig-, Juan Cimorra, Robert Capa y Gerda Taro, huyendo hacia Cerro Muriano.

En la imagen vemos como Enrique Vañó Nicomedes, ataviado con mono claro de miliciano, habla al nutrido y heterogéneo grupo de militares anarquistas de Alcoy de la CNT y la FAI, así como a combatientes civiles andaluces, tratando de insuflarles todo el ánimo posible ante la inminente batalla.

Son aproximadamente las doce y media de la mañana del 5 de Septiembre de 1936 en la Finca de Villa Alicia, que está repleta de milicianos anarquistas de la CNT y la FAI (equipados con fusiles y mosquetones Mauser calibre 7 x 57 mm, capturados durante el asalto a cuarteles militares a mediados y finales de julio de 1936), así como de numerosos milicianos andaluces ataviados con gorras y boinas y armados sobre todo con escopetas de caza.

Se percibe claramente en el rostro de Enrique Vañó Nicomedes, que ha sido informado de la situación real por el capitán republicano Castañeda, la rabia y el gran esfuerzo que realiza para elevar la moral de los combatientes civiles que en un contexto por momentos macabramente surrealista van a enfrentarse en breve a unidades profesionales muy selectas del temido ejército de África.

La tensión y la angustia que se palpan en la imagen son enormes. Enrique Vañó, al igual que el otro jefe miliciano anarquista que aparece en la otra fotografía mencionada anteriormente y en la que se aprecia la cabeza de Gerda Taro en el borde izquierdo de la imagen, está informando a los milicianos de que las tropas franquistas les van a atacar muy pronto y que intentarán arrollarles y caer sobre la espalda de sus compañeros milicianos y soldados regulares leales a la República que defienden la cresta y vertiente sur de Torreárboles, por lo que deben aguantar a toda costa sus embestidas en la Finca de Villa Alicia y cubrir la retaguardia de sus camaradas.

La atmósfera se hace irrespirable para los hombres que aparecen en la imagen y que están escuchando la alocución de Enrique Vañó .

Saben en su fuero interno que la mayoría de ellos van a morir, como así ocurrirá durante la tarde noche de este 5 de septiembre de 1936, en que serán aniquilados.

La inmensa mayoría de los milicianos que escuchan a Enrique Vañó están muy preocupados. Temen por sus vidas.

Hasta pocas semanas antes, los hombres que aparecen en la fotografía se habían ganado la vida trabajando en las profesiones más comunes, en muy duras condiciones laborales de entre 12 y 16 horas al día, tanto ellos como sus mujeres, en habituales contextos de explotación, condiciones sanitarias e higiénicas que dejaban bastante que desear, sueldos míseros, muchas horas extras no pagadas bajo la permanente amenaza latente del despido al menor atisbo de protesta, agotadoras jornadas de trabajo de sol a sol, sobre todo en el ámbito rural, y habitual presencia de niños trabajando tanto en el campo como en las grandes ciudades y pueblos.

Lógicamente, tienen miedo a morir y la película de sus vidas está pasando rápidamente por sus cabezas en estos momentos. Piensan en sus seres queridos, el sudor mana a borbotones, y la tensión se incrementa hasta niveles exponenciales, al igual que el odio.

Por otra parte, este primer año de guerra civil será el más cruento con respecto al asesinato de civiles en retaguardia perpetrados por ambos bandos, y se han producido ya abundantes masacres por toda España.

Robert Capa capta este momento con su habitual maestría. Está en el lugar apropiado en el momento adecuado y lo más cerca posible.

Son muchos los milicianos en cuyo semblante y actitud aparece claramente reflejada la incertidumbre y el nerviosismo en grado máximo.

Obsérvese al miliciano de la CNT visible en la mitad inferior de la imagen, del cual únicamente se aprecia la cabeza con el gorro anarquista parcialmente iluminado por la luz solar y la zona superior de la espalda. Sabe lo que se les viene encima, ha cerrado los ojos y también probablemente piensa en sus familiares más allegados, mientras justo a su derecha otro miliciano de Alcoy con gorro anarquista, muy nervioso, junta los dedos de ambas manos y frota sus uñas mientras mira a Capa.

Vemos también varios hombres que aparecen en algunas de las otras fotografías anteriormente mencionadas, hechas por Capa en este mismo día, lugar y momento.

En el vértice inferior izquierdo de la imagen aparece un combatiente civil andaluz vestido con boina clara y chaleco oscuro, que está mirando hacia arriba al orador. Lleva una manta sobre el hombro izquierdo y una escopeta de caza a su espalda, colgada de su correa y cuyos dos cañones son parcialmente visibles por detrás de su cabeza.

Justo por encima de él, vemos a un miliciano de la CNT o de la FAI con el típico gorro anarquista, que viste un mono oscuro así como un gran pañuelo blanco alrededor del cuello y está mirando hacia arriba al jefe miliciano mientras pronuncia su arenga.

Por otra parte, en esta fotografía en la que aparece Enrique Vañó pronunciando una arenga, en el borde derecho de la imagen, con un camión justo a su espalda, vemos a un miliciano de Alcoy con una manta clara sobre su hombro izquierdo. Se halla cabizbajo y pensativo - quizá ya ajeno a las palabras de aliento que están siendo pronunciadas por el jefe miliciano desde una posición elevada-, plenamente consciente de que van a enfrentarse muy pronto a las temidas tropas profesionales del Ejército de África.

Y en la zona superior izquierda del borde de la imagen, con la parte trasera de su cabeza casi tocando un árbol, otro miliciano está también cabizbajo y pensativo.

Simultáneamente, otro joven miliciano anarquista situado en el vértice inferior derecho del fotograma y en cuya gorra anarquista están bordadas las letras UHP (Unión de Hermanos Proletarios) se halla con el brazo apoyado en el tonel, también muy preocupado pensando para sus adentros, y no mira hacia arriba a Enrique Vañó, sino en dirección contraria, mientras un combatiente civil andaluz situado detrás de él (con camisa clara y boina oscura) tiene la cabeza baja y, fruto del nerviosismo, se rasca las uñas.

Dos milicianos muy jóvenes, que están de pie tras la pierna izquierda del jefe miliciano que pronuncia la arenga, están claramente afectados por el miedo. El más próximo a Enrique Vañó Nicomedes viste ropa clara y su gorro anarquista aparece justo por debajo de la mano izquierda del orador. Tiene la mirada perdida y la angustia reflejada en su rostro, mientras que el jovencísimo miliciano de unos 15 o 16 años que está detrás de él presenta muy elevados niveles de ansiedad e inevitable pánico en su semblante.

El combatiente civil andaluz con boina clara que está justo delante de la zona izquierda del gran pañuelo blanco del miliciano anarquista del borde izquierdo del fotograma, tampoco mira ya a Enrique Vañó, sino que se halla absorto en sí mismo, muy consciente del enorme peligro de muerte que se avecina.

Así pues, esta fotografía - al igual que muchas otras- confirma plenamente algo que ya se sabía: Capa se jugó la vida en España con notable frecuencia para conseguir las mejores fotos posibles, tal y como ocurre en esta imagen y el resto de la serie La Arenga, en la que está en la zona más peligrosa durante aquel día.

                                         Photo: Robert Capa
4) Esta imagen aparece reproducida en el libro La Lucha del Pueblo Español por su Libertad, de A. Ramos Oliveira (editado en 1937 por el servicio de publicaciones de la Embajada Española en Londres), con un aspect ratio aproximado 4:3 vertical en tamaño 10,6 cm de ancho x 13,3 cm de alto, sin que se indique el autor de la fotografía ni el lugar donde fue hecha.

Esta fotografía es la primera que hace Robert Capa a Enrique Vañó, Secretario de la CNT de Alcoy, durante su apasionada alocución intentando dar ánimos a los milicianos antes del combate, cuando falta alrededor de media hora para que se enfrenten a las tropas franquistas del Ejército de África, procedentes de Córdoba capital, que están a punto de atacarles.

Es verdaderamente impresionante el grado de personificación en Capa de lo que el historiador William Manchester denominó instinto esencial para la captación de grandes fotografías, algo que no se aprende, se nace con ello, y que radica sobre todo en la posesión de un talento intuitivo para saber con precisión cuando hay que apretar el disparador de la cámara, faceta en la que ha habido otros destacados históricos especialistas como Marc Riboud, Werner Bischof, etc.

En esta imagen, Capa ha captado a Enrique Vañó en plena arenga, con la boca abierta y con un fiero gesto en su expresión facial.

Son momentos de enorme intensidad emocional, en los que Capa fotografía con gran maestría y sensibilidad lo que es en realidad la guerra y el crisol de sentimientos paralelos que surcan la mente de los que participan en ella, así como las reacciones fisiológicas dimanantes de su proximidad: el odio y la tensión en su máxima expresión, el miedo a la muerte, el sudor que mana a borbotones, el pulso cardíaco que se acelera, los recuerdos de toda una vida que vienen a la cabeza como una película, el pensamiento en los seres queridos a los que probablemente no se volverá a ver, el desamparo en el que pueden quedar mujer e hijos, etc.

Es una visión desoladora, terrible, especialmente visible en los milicianos ubicados a la derecha de la fotografía:

- El miliciano situado justo debajo de la pierna izquierda de Enrique Vañó (que está subido sobre un gran tonel de madera) se seca la saliva que fluye a granel de sus labios como consecuencia del nerviosismo.

- El miliciano ubicado justo al lado, con camisa blanca y chaqueta oscura, tiene la cara ligeramente hacia arriba, pero no mira a Enrique Vañó, sino que se halla en actitud introspectiva y de gran preocupación, con la boca abierta y apoyado en el tonel con su codo y antebrazo derecho, mientras otro miliciano situado a su izquierda aparece con los brazos cruzados y tampoco mira al jefe anarquista, sino que tiene la mirada perdida, con sus ojos orientados ligeramente a la izquierda de Capa, la boca abierta y un gesto de notable ansiedad, mientras el combatiente civil ataviado con boina y camisa blanca justo tras él, tiene la cabeza baja y se frota las uñas a consecuencia del stress.

- Por su parte, el miliciano con indumentaria clara ubicado entre la pierna izquierda de Enrique Vañó y el miliciano con chaqueta oscura, se frota el rostro con su mano izquierda producto de la gran tensión, la preocupación y para quitarse el sudor.

- Justo tras él, vemos a un jovencísimo miliciano de unos 14 a 16 años de edad, con la cabeza debajo de la zona inferior izquierda de la ventana del pequeño camión que se aprecia al fondo. Este muchacho aparece con el rostro notablemente convulso y presa del nerviosismo, mientras el situado justo a su lado, con barba de varios días, mira con ansiedad al orador.

- Finalmente, otro miliciano muy joven, de unos 16 años de edad, apoya su espalda sobre la zona delantera derecha de la cabina del pequeño camión. Lleva ropa clara y una chaqueta colgada sobre su hombro izquierdo, mientras mira con preocupación al orador, escuchando atentamente sus palabras.

Este miliciano adolescente se derrumbará emocionalmente algunos instantes después, momento que será captado por Capa en la segunda fotografía que hace a Enrique Vañó durante su arenga y en la que se observa que este mismo joven miliciano ha bajado la cabeza y aparece visiblemente preocupado.

En otro orden de cosas, la fotografía incluye otros dos elementos altamente simbólicos:

a) El miliciano con indumentaria clara más próximo a Capa, que aparece en la mitad inferior izquierda de la imagen (con la parte superior del brazo derecho así como la zona derecha de la cara hacia el fotógrafo) y sujeta con su mano izquierda un cigarrillo (quizá el último que pueda fumar).

Este miliciano con bigote y perilla, se derrumbará pocos segundos más tarde y será captado por Capa en profunda introspección , probablemente pensando en su familia y con los ojos cerrados en la segunda fotografía que hace a Enrique Vañó, justo después de la anterior.

b) El brazo izquierdo (con su mano que se apoya en el tonel) que sale del lado inferior izquierdo de la fotografía y pertenece a un miliciano anarquista de la CNT que viste indumentaria oscura y al que se ve completo de cintura para arriba en la segunda foto que Capa hace a Enrique Vañó durante esta arenga.

La escena es ciertamente desgarradora y muestra un momento muy representativo.


Fotoperiodismo de guerra en su más pura esencia.

Capa percibe claramente el contexto ciertamente insólito: voluntarios civiles que van a enfrentarse a las tropas franquistas profesionales del Ejército de África, con amplísima experiencia en combate de muchos años en guerra colonial en África y que, lógicamente, manejan mucho mejor las armas y poseen una moral de combate y capacidad de adaptación muy superior a las circunstancias de batalla.

A ello hay que sumar el hecho de que los dos jovencísimos milicianos que aparecen junto al pequeño camión (el de la izquierda de unos 14 años de edad y el de la derecha de unos 16) han venido hasta aquí por decisión propia, no han tenido infanciay muy probablemente llevan desde los ocho o nueve años trabajando de sol a sol, al igual que el resto de hombres que aparecen en la imagen, a cambio de míseros salarios, con unas condiciones laborales deplorables caracterizadas por el hacinamiento, la falta de higiene, el alto riesgo de accidentes debido a la intencionada falta de inversión en las adecuadas medidas de seguridad por parte de sus jefes para que todo sean beneficios, la ausencia total de ningún tipo de seguro médico, unos altos porcentajes de analfabetismo y la amenaza permanente del despido a la menor protesta.

Cámara telemétrica Leica II (Model D) número de serie 90023 con objetivo Leitz Elmar 50 mm f/3.5 número 133594 fabricada en 1932. Esta fue la cámara con la que Capa hizo las fotografías pertenecientes a su reportaje La Arenga realizado en la Finca de Villa Alicia (aproximadamente 1 km al suroeste del pueblo de Cerro Muriano) al mediodía del 5 de Septiembre de 1936. Le había sido entregada a Capa en 1932 por Simon Guttmann, Director de la agencia fotográfica Dephot de Berlín.

Oskar Barnack, ingeniero óptico, mecánico de precisión y diseñador industrial de Ernst Leitz Wetzlar. Consumado genio, fue la mente impulsora e inventor del concepto de cámara Leica telemétrica de dimensiones y peso muy pequeños con posibilidad de acoplamiento de un amplio surtido de diminutas y muy luminosas ópticas que se inició con la Leica II (Model D) en 1932. Su gran talento y profundísimos conocimientos y experiencia en componentes ópticos y mecánicos miniaturizados, teoría de engranajes, palancas, muelles, propiedades de metales nobles y creación de sistemas mecánicos optimizados para cámaras telemétricas de 35 mm, le permitieron concebir y fabricar el mítico obturador planofocal de recorrido horizontal con cortinillas de seda encauchutada (cuya patente original se remonta a Mayo de 1925) que incorpora la Leica II (Model D) y que genera un ruido extraordinariamente bajo, prácticamente imperceptible, al disparar y que no ha sido superado por cámara alguna hasta la fecha en esta faceta.

El extraordinario reportaje La Arenga realizado por Capa en la Finca de Villa Alicia, uno de los mejores y más importantes durante su carrera profesional, es fruto de la perfecta sinergia entre un gran fotoperiodista (que el 5 de Septiembre de 1936 posee ya una experiencia de cuatro años - su primer trabajo había sido la cobertura fotográfica de León Trotsky en Copenhague en 1932-, que está  en el lugar adecuado en el momento adecuado y se acerca al máximo posible para conseguir las fotos) y los imbatibles niveles de discreción al captar este tipo de imágenes desde una asombrosa proximidad que permite la Leica II (Model D) gracias a su botón liberador del obturador que produce una intensidad decibélica muy escasa y casi inaudible al ser presionado, permitiendo al fotógrafo pasar desapercibido, la ausencia de espejo basculante que permite una excepcional estabilidad de disparo al disparar a pulso sin trepidación hasta 1/20 s que es la velocidad de obturación más baja que permite esta cámara y su magnificación de telémetro de 1x (posible gracias a las ventanas separadas de visor y telémetro) lo cual permite un enfoque muy rápido y preciso, superior en este aspecto a las modernas Leicas M analógicas y digitales con magnificación de telémetro 0.72x, y que Oskar Barnack había mejorado todavía más en 1933 con la Leica III, cuya magnificación de telémetro aumentó a 1.5x, añadiendo además un dial independiente para velocidades lentas dotado de un soberbio escape al más puro estilo de la industria relojera suiza.

La Leica II (model D) fue la primera cámara CSC (Compact System Camera) de la historia con una amplia gama de ópticas intercambiables y accesorios. Esta cámara sin espejo, la más pequeña y ligera para formato 24 x 36 mm fabricada hasta la fecha, con sus dimensiones de 13.3 x 6.7 x 3.3, un peso de tan solo 406 g y velocidades de obturación entre 1/500 s y 1/20 seg, fue una obra maestra creada por Oskar Barnack y la primera cámara Leica en incorporar un telémetro acoplado al sistema de enfoque.

Capa (que lleva una Leica II Model D con objetivo Leitz Elmar 50 mm f/3.5) y Gerda Taro (que también está presente durante la arenga) perciben la trascendencia fotoperiodística, histórica y social de lo que está ocurriendo e inevitablemente se hacen la pregunta:

¿Qué es lo que induce a personas de la sociedad civil a empuñar las armas y jugarse la vida frente a militares profesionales, con muy alta probabilidad de muerte en combate?

Legionarios del Ejército de África recién llegados a Andalucía a finales de julio de 1936. Desde un punto de vista militar eran infantería de choque de élite, con una amplísima experiencia en guerra colonial en África, durísimos en la batalla, muy diestros en el manejo de las armas y con una muy alta moral de combate. De ello se infiere que los milicianos que aparecen en las fotos de La Arenga tuvieron que enfrentarse a tropas muy profesionales, sin absolutamente ninguna posibilidad de vistoria, y aguantaron todo lo que pudieron.

¿Qué es lo que permite hacer el acopio de valor que se necesita para hacer frente a un adversario muy superior desde un punto de vista militar y con mandos con experiencia en combate en Marruecos desde principios de los años veinte?

Esta imagen refleja muy claramente no sólo la excelente precisión en la elección del momento oportuno al apretar el botón disparador de la cámara, sino también compromiso fotoperiodístico a raudales para estar en el momento adecuado y el lugar adecuado, lo más cerca posible, además de un más que notable talento para la percepción de los momentos más representativos y la obtención de grandes fotografías como ésta y muchas otras cosas, que hicieron que Cornell Capa renunciara a su carrera como fotógrafo profesional y dedicara su vida a la preservación del trascendental e histórico legado fotográfico de su hermano.



Publicado en FV Revista de Fotografía. Número 239.
Inscrito en el Registro Territorial de la Propiedad Intelectual de Madrid.
© Texto y Fotos: José Manuel Serrano Esparza