domingo, 24 de julio de 2022

COSTALEROS DE LA PROCESIÓN DE LA VIRGEN DEL CARMEN DE SAN CAYETANO (CÓRDOBA) : ÍMPROBO ESFUERZO Y CORAZÓN A RAUDALES

Texto y Fotos : José Manuel Serrano Esparza 


Los costaleros de la Virgen del Carmen de San Cayetano (Córdoba) son un colectivo humano fundamental para la buena marcha de la procesión que lleva su nombre y que se celebra el 16 de Julio de cada año por las calles de Córdoba (España). 

Un grupo de hombres con gran cohesión y sincera amistad entre ellos, seres humanos de muy distintas edades, capacidad física, profesiones y trayectorias vitales, pero a quienes aglutina su devoción por la Virgen del Carmen, a la que cuidan con inefable cariño y llevan con gran esfuerzo sobre sus hombros, sudando a mares, al límite de sus fuerzas, año tras año, por zonas muy representativas de Córdoba capital : la Cuesta de San Cayetano (adyacente a la iglesia del mismo nombre), Ollerías, Torre de la Malmuerta, los Jardines de Colón, Torres Cabrera, Plaza de Capuchinos, la Cuesta del Bailío, Alfaros, Conde de Priego, Plaza Mayor de Santa Marina, la Cuesta de San Cayetano y la entrada de nuevo en su sede canónica. 


Pero tanto la extenuante labor de los costaleros como la Procesión de la bellísima Virgen del Carmen, binomio indisoluble donde los haya, trascienden con creces el ámbito de las convicciones de cada uno.  

Ésto va mucho más allá : es un espectáculo incomparable, grandioso, una epopeya visual que presencian en directo durante su recorrido decenas de miles de personas, tanto españolas como extranjeras, que las más veces quedan atónitas y embelesadas ante la singularidad del evento, el fascinante colorido constante del mismo y la magia y atmósfera muy especiales que impregnan los lugares repletos de historia y de vivencias a través de los cuales transcurre esta procesión ciertamente única por muchos motivos. 

Es una fiesta para los sentidos, una explosión cromática presente en todo instante, una insólita amalgama de luz natural y distintas fuentes lumínicas artificiales, una ósmosis entre emociones indescriptibles muy visibles y profundas introspecciones. 

Porque ésto forma parte del mítico duende de Andalucía y su hondo sentimiento diacrónico, virtualmente imposible de explicar con palabras y que hace que se pongan los vellos como escarpias. 
 
Una procesión pues que por sus muy especiales características y los bellísimos lugares ancestrales preñados de encanto, misterio y hechizo a través de los cuales discurre su recorrido, se convierte en inolvidable para todas las personas que alguna vez la viven en directo. 

Es otro aliciente muy significativo de Córdoba capital, que por increíble que pueda parecer, es hoy por hoy probablemente la ciudad del mundo más potente desde un punto de vista cultural diacrónico e histórico (superando claramente a megalópolis como Nueva York, Londres, París, Tokio, Berlín, Roma, etc), con fabulosos enclaves como la Mezquita de Córdoba, Medina Azahara, el Puente Romano, el Alcázar de los Reyes Cristianos, la Plaza de la Corredera, el Barrio de la Judería, la Calleja de las Flores, la Torre de la Calahorra, la Muralla y sus Puertas, el Palacio de Viana, la Iglesia de Santa Marina y muchos otros, sin olvidar su fabuloso Certamen de Patios, que es el referente internacional en su ámbito. 

Una ciudad además que hace mil años fue la primera en el mundo en tener iluminación integral nocturna en todas sus calles y en la que durante muchos siglos convivieron tres culturas : la cristiana, la árabe y la judía. 


20:00 h de la tarde del 16 de Julio de 2022. Acaba de iniciarse en el interior de la Iglesia de San Cayetano la función principal de culto a la Virgen del Carmen de Córdoba, cuyo paso es visible a la izquierda de la imagen. 


Tras finalizar la función principal de culto, el capataz, su equipo y los costaleros de la Virgen del Carmen de Córdoba comienzan a configurar el armazón del paso, de tal manera que puedan hacerle deslizarse sobre ruedas marcha atrás a través del pasillo central de la iglesia, una dura misión, debido al enorme peso del paso, cuya base está formada por filigrana de plata maciza sobre la que hay abundante candelería, la preciosa talla de la virgen (obra del siglo XVIII, realizada por el escultor cordobés Alonso Gómez de Sandoval en 1770) con su manto de tejidos nobles dotado de extraordinarias labores de bordado y su corona de oro, además de los ocho gruesos varales de plata que sustentan el palio dosel.  


Los costaleros se esfuerzan al máximo para garantizar el más preciso ensamblaje posible entre el paso sobre el que va la Virgen del Carmen y el entramado metálico de la base sobre el que han de llevarla por las calles de Córdoba. 

La tensión es palpable.

Visible a la izquierda de la imagen, dando las instrucciones adecuadas, está el capataz Rafael Muñoz Cruz, leyenda viva del mundo del martillo de la Córdoba cofrade, con una experiencia de 43 años como jefe de diferentes cuadrillas de costaleros y 21 años como capataz de la Virgen del Carmen. 


Los costaleros comienzan a tirar hacia atrás del paso de la Virgen del Carmen con la intención de llevarla hasta la puerta principal de la iglesia, para sacarlo a través de ella. 

Es un trabajo durísimo y extenuante, porque han de hacer acopio de todas sus fuerzas, en una posición muy inclinada, a puro golpe de riñón, mientras el capataz y sus ayudantes (visibles justo tras el paso) les dan las instrucciones precisas para que avancen marcha atrás con la dirección adecuada, mientras decenas de miles de personas aguardan impacientes tanto en los alrededores de la iglesia como en las zonas de Córdoba por las que discurrirá la procesión.   


Tras atravesar todo el pasillo central de la iglesia, marcha atrás y en una posición muy incómoda y agotadora, tirando del paso, los costaleros han llegado ya a la puerta principal de la iglesia. Están luchando a brazo partido para sacar con la mayor suavidad y exactitud posible a la Virgen del Carmen a través de la puerta principal de la iglesia. 

Aunque los costaleros van fajados, descomunales esfuerzos como éste en postura tan incómoda y arrastrando un paso con grandes dimensiones y peso pueden generar lesiones de diversa índole, especialmente ciática. 

El numerosísimo público asistente congregado cerca de la entrada a la iglesia empieza a prorrumpir en vítores, mientras el capataz y uno de los hombres de su equipo dirigen la maniobra. 


Gracias a la encomiable labor de los costaleros y la sabia supervisión del capataz jefe Rafael Muñoz Cruz y su equipo de capataces ( Manuel Orozco, Rafael Muñoz Orozco, Manuel Valero, Álvaro y Fray ) cuyo trabajo es también decisivo, el paso de la Virgen del Carmen ha podido salir de la iglesia y está siendo ya contemplado por el inmenso gentío congregado en los aledaños de la misma, mientras un nutrido grupo de costaleros se preparan para introducirse bajo el paso, que habrán de llevar sobre sus hombros durante cuatro horas y media, hasta la 1: 30 h de la madrugada. 

Uno de los asistentes graba el momento con un smartphone de última generación, con un encuadre vertical en el que además del paso con la Virgen del Carmen, incluye las molduras de piedra y hornacina central con dos esculturas sobre pedestal que hay sobre la zona superior de la puerta principal de la iglesia.  


La Virgen del Carmen está radiante, con su corona de oro, obra maestra de la orfebrería cordobesa, fruto de muchísimas donaciones, diseñada por el padre carmelita Juan Dobado Fernández ( Doctor en Historia del Arte, que sintetizó el Rococó andaluz del siglo XVIII con abundantes esculturas y microesculturas, además de la profusión de decoración con rocalla, jarrones, acantos, etc, en sinergia con muy valiosas joyas antiguas) y creada por el maestro orfebre Manuel Valera, eminencia en un arte complejo en el que se juntan muchas técnicas y oficios distintos, de tal manera que generó con ella un referente del arte sacro trabajando el oro, ámbito en el que Córdoba ha destacado desde hace muchos siglos, tradición que prosigue hoy en día con artesanos de élite como él, que es un eximio dominador del repujado, el cincelado, la fundición para labrar cada pieza, el engaste a buril y muchas cosas más. 


Hay que destacar también la admirable labor de Francisco Romero Zafra, excelso imaginero, escultor y restaurador con la impronta de los genios, que durante el verano de 2019 realizó unas extraordinarias labores de conservación sobre la imagen, que se han revelado fundamentales, tras la también muy meritoria restauración que realizó en 1999 en su taller junto con Antonio Bernal y que recuperó plenamente la policromía original de tonos sonrosados. 


Los incensarios de plata labrada y realizados artesanalmente, comienzan a funcionar, precediendo el paso de la Virgen del Carmen.

He aquí uno bellísimo y de grandes dimensiones, cuya presencia es altamente significativa y simbólica, ya que si hay un oficio vinculado a la historia de Córdoba es el de platero, tradición de gran importancia y arraigo a lo largo de los siglos, caracterizada por el excepcional atractivo y maestría de muchos de sus trabajos. 

Ni que decir tiene que la frecuente presencia de este humo fragante, fruto de la sinergia entre resinas aromáticas vegetales y aceites esenciales, fue otro de los muchos ingredientes que aportaron a la procesión una atmósfera muy especial. 


Pocos segundos después, el paso con la Virgen del Carmen de Córdoba comienza a bajar la Cuesta de San Cayetano, precedido por un nutrido cortejo. 

Rafael Muñoz Cruz da las órdenes pertinentes a los costaleros, que como consecuencia del suelo empedrado con pedernales muy lisos y resbaladizos, han de caminar muy despacio. 

La temperatura, que hasta las 8:30 h de la tarde ha sido de 46 ºC es en estos momentos, a las 21:05 h, de 43º C. 

El calor es asfixiante, pero los costaleros continúan haciendo avanzar el paso con su muy apreciada Virgen del Carmen, aguantando el enorme peso, con una temperatura ya de aproximadamente 50º C dentro del armazón metálico inferior cubierto en el que se encuentran muy juntos unos con otros.   


Prosiguen su marcha y se encuentran ya a muy pocos metros de la rampa empedrada de acceso a los jardines de la iglesia de San Cayetano, al lado de cuyas balaustradas de hierro se han situado cientos de personas que están haciendo fotos y grabando video con sus smartphones para tener un recuerdo bonito el evento. 

Mientras ésto ocurre, Rafael Muñoz Cruz (acompañado por uno de los miembros de su equipo) literalmente se desgañita dando instrucciones a los costaleros, porque es una zona de notable inclinación y muy resbaladiza, por lo que hay que ralentizar el avance del paso con la Virgen del Carmen para garantizar la seguridad del mismo. 


Ya están en las primeras estribaciones de la Avenida Ollerías donde hay una gran cantidad de público.  En este tramo específico el suelo es de adoquín, un auténtico rompepiernas que obliga a los costaleros a hacer un esfuerzo extra. 


Rafael Muñoz Cruz, maestro de capataces, con su gran experiencia e intuición, sabe que los costaleros están empezando a sufrir mucho y les habla en voz alta con palabras de ánimo a través de uno de los huecos vacíos de la filigrana de plata de la base del paso. 

La temperatura que están soportando los costaleros dentro del armazón metálico que sustenta el paso con la Virgen del Carmen es ahora de unos 55º C. Muchos de ellos están ya literalmente bañados en sudor. 


Acaban de pasar el cruce entre la Avda Ollerías y la calle Alonso El Sabio, con gran presencia de público.

Cada metro que se avanza más gotas de sudor genera el cuerpo de los costaleros, que están sufriendo mucho, pero llevar sobre sus hombros a la Virgen del Carmen, los vítores de la multitud y el muy buen hacer de la Sociedad Filarmónica del Carmen de Salteras que les acompaña en todo instante, les dan mucha fuerza


Uno de los ayudantes del capataz pronuncia nuevas palabras de ánimo a los costaleros a través de los huecos de la extraordinaria filigrana de plata de la base del paso, una auténtica obra maestra artesanal hecha con este metal noble, siguiendo en gran medida los preceptos de una tradición platera que ya deslumbró durante el Califato de Córdoba, con las propuestas de maestros árabes y judíos del oficio, que realizaban una exquisita filigrana en piezas creadas con hilos de oro y plata, soldadas con gran delicadeza, y de donde evolucionó después durante muchos siglos el tratamiento del oro y plata en Córdoba, hasta llegar al momento presente en el que sigue usándose el manejo del fuego de modo artesanal en joyería moderna, conviviendo con la utilización de avanzadas tecnologías. 


La comitiva prosigue su marcha mientras el capataz, enmarcado por el incienso, continúa dando órdenes y animando a los costaleros, ayudado por los miembros de su equipo, situados junto a distintas zonas de la base del paso, que se esfuerzan por transmitir las directrices de Rafael Muñoz Cruz con la mayor presteza y eficacia. 

Las calles rebosan de público. Son ya casi las 21:30 h de la noche, pero sigue sin correr ni una gota de aire. 

Este relevo de costaleros es el que más ha sufrido hasta el momento, hace rato que son un mar de sudor y están ahora a una temperatura aproximada de 54º C, achicharrados, con toda su indumentaria absolutamente empapada de arriba abajo, y al hallarse todos muy juntos en un espacio tan reducido, la sensación térmica es de alrededor de 64º C.   

Tienen además una enorme sed. 


Uno de los integrantes del equipo del capataz situado en la zona delantera izquierda del paso, se deja el alma hablando a los costaleros en voz alta con palabras de ánimo, tratando de insuflarles todo el coraje posible en momentos tan duros.


                             Hasta que se produce la primera parada en la que tendrá lugar el relevo de costaleros. 

Es un breve respiro durante el cual varios de los miembros del equipo del capataz aprovechan para tener entre sus brazos a sus hijas, mientras una persona de la organización entrega botellas de agua fría a los costaleros, que están todavía dentro del armazón metálico de soporte del paso. 


             Es un momento de gran felicidad presidido por la alegría paterna con una preciosa niña, su hija, en brazos. 

Pero simultáneamente, a la derecha de la imagen vemos que los costaleros que han llevado el paso hasta este momento empiezan a salir. 

El primero de ellos, ataviado con cofia blanca, está reventado, tal y como indican claramente su expresión facial y la posición de ambas manos. 

Porque la zona interna del entramado metálico que soporta el paso se ha convertido en un auténtico horno, del que siguen saliendo el resto de costaleros. 


Los guerreros en silencio están rotos, extenuados, sudando copiosamente, casi sin fuerzas ni energía. 

Ésta es probablemente la procesión celebrada en España con calor más brutal. 

Pero no se rinden. 


Saben que ésto no ha hecho más que empezar y que tendrán que meterse muchas veces más bajo el paso, dentro del armazón metálico de soporte del mismo, bajo las trabajaderas que amortiguan el peso y lo distribuyen de modo uniforme. 

Sus camisetas son un océano de sudor que va a aumentar cada vez más, al igual que la fatiga y el calor. 


Pero su mirada refleja claramente su determinación por seguir llevando en volandas y con mucho cariño a la Virgen del Carmen. 


Ya se han incorporado los hombres del nuevo relevo de costaleros a la zona inferior del paso, situados todos ellos en su lugar correspondiente y se sigue avanzando a través de la Avda Ollerías, en medio de una temperatura asfixiante de unos 40º C que con el calor del asfalto aumenta hasta unos 45º C.

Y sigue sin correr el aire, algo típico en Córdoba capital, mientras que las breves ráfagas de aire que de vez en cuando aparecen, son ardientes. 

Los miembros del equipo del capataz están preocupados. Su labor es muy meritoria, porque tienen que estar en todo momento muy atentos a como se encuentran física y anímicamente los costaleros dentro del armazón metálico de soporte del paso. 

Y para ello se guían sobre todo del oído, interactuando de palabra frecuentemente con ellos, tratando de vigorizarles. 

El capataz y sus ayudantes saben que los costaleros están dentro de una auténtica sauna, cuya temperatura aumentará cada vez más, como consecuencia de lo muy próximos que están unos con otros, por lo que el grado de humedad se incrementará exponencialmente. 


Uno de ellos anima a los costaleros con palabras de apoyo a través de los huecos de la filigrana de plata y está muy atento a todo lo que ocurre ahí dentro, un microcosmos cuyo nivel de humedad es insoportable, 


por lo que el ayudante del capataz situado en la zona más trasera del paso avanza también muy concentrado, animando con asiduidad a los costaleros, hasta que se decide hacer otra parada y que entre un nuevo relevo de costaleros, que sustituya a los que acaban de llevar a la Virgen del Carmen hasta este punto. 


Los costaleros relevados salen exhaustos, hechos una esponja de sudor, sin casi poder hablar ni respirar, les falta el resuello y tratan de tomar aire como pueden. 


Tienen la mirada perdida. Su semblante confirma el tremendo esfuerzo realizado y que están por momentos al borde del agotamiento.

Algunos de ellos reciben mensajes de apoyo a través de sus smartphones. 


Ellos también son conscientes de que les quedan todavía muchos relevos que dar como costaleros dentro del armazón metálico de soporte del paso, en cuyo interior la sensación térmica es en estos momentos de unos 60º C. 


Beben varias botellas de agua para evitar deshidratarse, un riesgo latente durante todo el transcurso de esta icónica procesión. 


Y están de nuevo dispuestos para realizar el siguiente relevo cuando así se lo ordene el capataz, algo que harán con gran entereza, disciplina, espíritu de sacrificio, altruismo y búsqueda del bien común, que son los principales valores de este muy singular colectivo humano. 


Tras el cambio de costaleros, el paso con la Virgen de Córdoba continúa su marcha a través de la Avda Ollerías, acompañado por los acordes de la Sociedad Filarmónica del Carmen de Salteras, cuyos músicos avanzan detrás. 

Rafael Muñoz Cruz habla con los costaleros y verifica la " igualá ", es decir, la disposición que ha realizado desde el principio de todos los hombres que están dentro de la parihuela (armazón metálico de soporte del paso en cuyo interior van los costaleros) para equilibrar el soporte del paso entre todos ellos y situarlos con buen criterio bajo el mismo. 

Pero ésto no es una ciencia exacta y el calor dentro de la parihuela es asfixiante, por lo que el capataz está muy atento para comprobar como se encuentran los costaleros, mientras que los miembros de su equipo también les pronuncian palabras de ánimo para darles energía. 


La persona de la organización encargada de la distribución de botellas de agua se ha situado muy cerca del paso, por si se produce una emergencia y alguno de los costaleros necesita ingerir líquido para mitigar su sed. 

Mientras, a la izquierda del todo de la imagen, una mujer hace fotos con su smartphone desde distintos ángulos del paso con la Virgen del Carmen. 

La presencia de smartphones de última generación fue una constante durante todo el recorrido de la procesión, confirmando que además de la gran comodidad de manejo, pequeño tamaño, peso muy liviano y gran estabilidad de disparo, la fotografía computacional ha sido capaz de crear una amplia gama de teléfonos móviles con muy buenas capacidades fotográficas y dispositivos de triple lente, con objetivos ultraangular, angular y telefoto, que además incorporan una avanzadísima tecnología que lleva el software hasta los confines de lo tecnológicamente posible, mediante microchips estado del arte con descomunales capacidades de cálculo al servicio de la fotografía, midiendo en décimas de segundo la orientación de la cámara, la luz reflejada e incidente, la distancia a la persona o tema que se fotografía, los elementos que han de ser fotografiados, los rasgos faciales, el tono de piel de los retratos, etc, acumulando varias imágenes para obtener lo mejor de cada una y elaborando una imagen final que sea del agrado del usuario. 


Prosigue la marcha y tanto el capataz como los integrantes de su equipo continúan muy atentos para poder discernir en cada momento lo que ocurre dentro del entramado metálico de soporte del paso, en cuyo interior están los costaleros trabajando a destajo, pegados unos a otros y con un brutal nivel de calor y humedad. 


              De vez en cuando, se encienden las velas que alguna esporádica ráfaga de aire ardiente haya podido apagar. 


Un contraguía (ayudante del capataz situado en la parte trasera del paso) habla a los costaleros a través de los huecos de la filigrana de plata, intentando darles ánimos, 


mientras otro auxiliar de Rafael Muñoz Cruz hace lo propio. Todos son plenamente conscientes del gran sufrimiento que están experimentando los costaleros, en medio de un enorme calor y humedad, 


                          pese a lo cual siguen avanzando impertérritos, impulsando el paso de la Virgen del Carmen. 


Pocos metros después, otro de los miembros del equipo del capataz anima también a los costaleros con sentidas palabras de aliento y les informa de que están llegando a la Torre de la Malmuerta, uno de los lugares más bellos y representativos del recorrido de la procesión. 


El paso con la Virgen del Carmen llega al precioso arco de la Torre de la Malmuerta justo cuando comienza lo que en fotografía se denomina la hora mágica, es decir, los aproximadamente 15 minutos de transición antes de la noche, cuando mejores son las calidades y direcciones de luz para captar imágenes. 


Poco después, el paso está justo debajo del arco de la Torre de la Malmuerta, junto a la cual se han concentrado miles de personas para ver en directo este maravilloso espectáculo. 


Pocos metros después, el paso con la Virgen del Carmen cruza el arco de la Torre de la Malmuerta, y justo tras atravesarlo, miles de pétalos de rosas son arrojados desde la zona superior de la misma, mientras el abundantísimo público congregado hace fotos del momento con sus smartphones. 


La Virgen del Carmen sigue avanzando, literalmente cubierta por miles de pétalos de rosas e impulsada por los costaleros, que escuchan los vítores de los miles de personas que rodean la Torre de la Malmuerta. 

Es ahora cuando los costaleros hacen un esfuerzo suplementario y bailan de un lado a otro el paso de la Virgen del Carmen (cuya zona superior del palio dosel está completamente sembrada con pétalos de rosas) en medio del entusiasmo del público, mientras los músicos de la Sociedad Filarmónica del Carmen de Salteras potencian sabiamente el momento con sus acordes.  

Se viven momentos de enorme intensidad emocional e indescriptible belleza, que van a ir aumentando cada vez más. 


De repente, se produce un instante sublime, cuando el paso con la Virgen del Carmen se superpone con el arco de la Torre de la Malmuerta, con la mampostería de la misma enmarcando todo. 

La cromacidad y colorido de la escena son impresionantes, como resultado de la convergencia simultánea de varias fuentes lumínicas distintas : 

- La ténue luz natural que todavía existe, ya que faltan unos diez minutos para la noche. 

- Las distintas luces artificiales que emanan tanto de las señales de tráfico próximas como de los establecimientos comerciales cercanos. 

- La candelería que ilumina a la Virgen del Carmen sobre su paso.

A todo ello se suma un factor complementario, vinculado a la simbiosis entre la gran capacidad de diseño de Juan Dobado y el inmenso talento del maestro orfebre Manuel Varela para transformar los bocetos en realidad tridimensional : la corona de oro de la Virgen del Carmen refulge con majestuoso esplendor (en especial los rayos lisos abombados en planos muy marcados, que con gran delicadeza realizó el mencionado artesano cordobés) y refleja la amalgama de luces que inciden sobre el paso, realzando sobremanera la textura y vistosidad de los ocho robustos varales de plata, además de iluminar de modo admirable la zona inferior del palio dosel. 

Es una escena que muestra de modo inequívoco la extraordinaria capacidad de reflexión de la luz del oro, plasmada diacrónicamente en una pléyade de obras de arte, como, por mencionar sólo un ejemplo, en los tres objetos fabricados con este metal que aparecen en la mitad inferior del famoso cuadro " El Banquete de Baltasar ", realizado por Rembrandt en 1635 y que se encuentra hoy en día en la National Gallery de Londres. 


Unos 50 metros después, el paso con la Virgen del Carmen se dirige a los Jardines de Colón y deja atrás la Torre de la Malmuerta. 

Es una bellísima escena en la que la muy especial luz del momento enfatiza la sensación de solidez de los muros de dicha torre así como el atractivo de sus almenas. 


Están ya cerca de los Jardines de Colón. La filigrana de plata adquiere un brillo y tonalidad muy especial, realzada por la magia de la luz natural de los últimos minutos de crepúsculo y el reflejo de las luces artificiales circundantes. 

Uno de los integrantes del equipo del capataz, situado en la parte trasera izquierda del paso, aparece muy concentrado en su labor. 


                                                                    Pocos metros después, anima a los costaleros con palabras de apoyo. 


El paso con la Virgen del Carmen está ya a muy pocos metros de la entrada de los Jardines de Colón, repletos de público expectante. 


Cruza con solemnidad la puerta de acceso a este pulmón natural de Córdoba capital, mientras tanto el paso como especialmente los ocho robustos varales de plata y los dos grandes ciriales argénteos que son llevados por los acólitos (ayudantes de sacerdote) y preceden al paso, refulgen de modo impresionante, iluminados por los últimos atisbos de luz natural idóneamente cálida en su espectro de colores, suave y atractiva, dispersada en ángulo y que proyecta sombras alargadas. 


Pero dentro del armazón metálico de la base del paso de la Virgen del Carmen, el calor y la humedad están alcanzando los valores máximos del día, porque aunque son las 21:45 h de la noche, ha habido ya varios relevos de costaleros trabajando hasta la extenuación en su interior, con una mezcla poco menos que insoportable de altísima temperatura y el sudor acumulado de todos ellos.

En este momento, los costaleros que se hallan dentro de la parihuela de la base del paso están sudando a mares, tienen toda su ropa empapada y están casi exánimes, por lo que el equipo de capataces decide parar y que se produzca un nuevo relevo de costaleros que sustituyan a los que han llegado hasta este punto, 


que salen bañados en sudor y al borde de la extenuación, pero dispuestos a seguir haciendo más relevos conforme prosiga la procesión, 


a pesar de que algunos de ellos casi no pueden moverse, tienen los músculos agarrotados y dificultad para respirar en algunos momentos. 


La procesión continúa avanzando a través de los Jardines de Colón, llenos de gente, durante los últimos segundos de luz natural del día, 


hasta que se hace de noche y la Virgen del Carmen es iluminada por la candelería y la luz de las farolas que jalonan estos bellos Jardines de Colón, 


                                           totalmente repletos de público asistente, algunos de los cuales llevan velas. 


El paso con la Virgen del Carmen acaba de salir de los Jardines de Colón y está ya en la calle Conde de Torrescabrera, prosigue su marcha 


y llega a la zona de la Plaza de las Doblas, desde donde se dirige a la Plaza de Capuchinos, donde está el famoso Cristo de los Faroles.

La cantidad de público es enorme, porque la procesión está llegando al ecuador de su recorrido y se aproxima a las zonas probablemente con más duende y sentimiento de todo el trayecto. 


Es ahora cuando la Virgen del Carmen hace su entrada en la Plaza de Capuchinos y se aproxima al Cristo de los Faroles, en medio del entusiasmo de todos los presentes, que en gran número han estado varias horas esperando la llegada del paso.  


Son momentos muy especiales, con masiva presencia tanto de público español como de extranjeros procedentes de países de los cinco continentes. 

La mezcla de luces que emanan por una parte de los faroles que rodean la estatua del Cristo que lleva su nombre y por otra de la candelería que ilumina el paso, sumado al humo del incienso, generan una atmósfera única, potenciada a su vez por los reflejos increíbles de la obra maestra de Manuel Varela, considerada una de las siete coronas de oro más importantes de España en su ámbito. 


Prosigue la marcha a través de la Plaza de Capuchinos. El paso con la Virgen del Carmen ha dejado ya atrás al Cristo de los Faroles, 


y cuando llegan a la altura de la Iglesia de los Dolores (siglo XVIII) de planta basilical, los costaleros hacen girar a la derecha el paso con la Virgen del Carmen, para rendir sus respetos a la Virgen de los Dolores, quizá la talla más bella de Córdoba, 


        cuya corporación hace entrega a su vez como ofrenda a los capataces de la Virgen del Carmen de un ramo de flores 


                          que es subido al paso de la Virgen del Carmen por uno de ellos, utilizando una escalera,  


              mientras los ocho fuertes varales de plata que enmarcan la zona superior del mismo brillan con intensidad. 


Acto seguido, la procesión se encamina hacia la muy carismática y repleta de duende e historia Cuesta del Bailío, cuyos peculiares escalones empedrados, la estrechez de las bifurcaciones de la escalera y el resbaladizo suelo entre escalón y escalón realizado en el típico chino cordobés con dibujos decorativos, hacen de esta zona un tramo muy duro y difícil para los costaleros, 


algunos de los cuales están en estos momentos ya en el comienzo de la Cuesta del Bailío, descansando tras haber sido relevados previamente y esperando a que la procesión pase a su lado.  

Aparecen con evidentes síntomas de fatiga, faltos de sueño, y sabedores de que tendrán que ocupar más veces su lugar en el entramado metálico que soporta el paso de la Virgen del Carmen. 

Pero la Cuesta del Bailío es un lugar con muy especial encanto e historia, uno de los espacios más apreciados de la ciudad y también por los costaleros, 


algunos de ellos muy jóvenes, que perciben que están a punto de vivirse los probablemente más emotivos momentos de toda la procesión. 


                   No es pues de extrañar que sus semblantes sudorosos muestren unas veces profunda introspección 

y otras alegría. 


El paso con la Virgen del Carmen está entrando ya en la zona más alta de la Cuesta del Bailío, donde no cabe un alfiler, porque miles de personas llevan varias horas esperando. 


La Virgen del Carmen y su cortejo siguen su rumbo a través de la zona superior de la Cuesta del Bailío, donde es prácticamente imposible poder moverse. Tal es la ingente cantidad de público que llena totalmente el lugar en este momento, mientras dos costaleros exhaustos relevados pocos minutos antes contemplan el avance del paso. 

Al mismo tiempo, todos los objetos de plata del cortejo y el paso ( ciriales, incensarios, báculos, varales y base del paso) son iluminados de modo sublime por la interacción lumínica entre la farola visible en la mitad superior izquierda de la imagen, la candelería del paso y la corona de oro de la Virgen del Carmen de San Cayetano de Córdoba, revelando formas y texturas con todo lujo de detalle, además de confirmar que de todos los metales, la plata es el que mejor refleja la luz, especialmente todos los colores del espectro visible, que plasma de modo muy uniforme.  

Ésto es un auténtico lujo para los sentidos. 


Mucha gente sigue haciendo más y más fotos con sus teléfonos móviles y empieza a experimentarse un notable aumento de la temperatura, debido a la enorme cantidad de público y a que todo el mundo está inevitablemente pegados unos con otros, al hallarse encajonados en un espacio muy estrecho. 

Son aproximadamente las 10:45 h de la noche y la temperatura vuelve a subir hasta aproximadamente los 40º C, 


mientras que en el interior del armazón metálico que soporta el paso de la Virgen del Carmen dentro del cual están los costaleros, la temperatura es todavía mucho más alta, de unos 50º C, con tremendos niveles de humedad que les hacen sudar a mares, por lo que la sensación térmica es de aproximadamente 60º C. 


La Virgen del Carmen sigue bajando la bellísima Cuesta del Bailío, iluminada no sólo por la candelería del paso, sino también por las elegantes farolas que jalonan su recorrido y que realzan también las abundantes flores existentes en este tramo. 


El paso no ha llegado todavía ni a la mitad de la Cuesta del Bailío, pero las muchísimas personas que están en la parte baja de la misma para ver el recorrido en perspectiva, no pierden detalle y miran hacia arriba, contemplando la marcha del paso con la Virgen del Carmen y su cortejo. 


                  Muchos de los presentes aplauden y algunos de ellos gritan con fervor ¡ Viva la Virgen del Carmen ! .

                  El calor es insoportable y algunos de los presentes se secan el sudor de su frente con pañuelos. 


Y es también aquí, en la Cuesta del Bailío, donde vuelve a brillar con luz propia la experiencia y gran nivel de los músicos de la Sociedad Filarmónica del Carmen de Salteras, que en todo momento acompañan con su música, unas veces alta y otras mucho más suave, el trayecto de la Virgen del Carmen a través de la Cuesta del Bailío.   


Esta es la parte de la procesión en la que más sufren los costaleros, porque tienen que caminar muy despacio, con mucho cuidado, para mantener un ritmo uniforme y sobre todo evitar caer sobre el suelo resbaladizo que hay entre escalón y escalón, realizado en el típico chino cordobés con dibujos decorativos. 

Ésto no se aprende de la noche a la mañana, sino que es fruto de entrenamientos previos durante muchos años por parte de los costaleros, con los que adquieren experiencia. 


La Cuesta del Bailío está totalmente llena, de de arriba abajo, con gente de todas las edades : hombres, mujeres, niños, niñas, abuelos, abuelas, etc. 


Un costalero contempla el paso mientras cruza a su lado. El calor es asfixiante para niños y mayores, pero todos aguantan porque quieren ver de cerca este genuino espectáculo, 


en el que la mezcla de luz de la candelería del paso de la Virgen del Carmen y la de los abundantes smartphones con los que muchas personas hacen fotos, hace brillar con elegantes luces y sombras todos los objetos de plata que forman parte del cortejo de la procesión, 


que continúa su marcha en medio de un volumen tal de público que se hace muy difícil poder moverse hacia arriba o hacia abajo para poder captar imágenes, además de que todo el mundo está sudando con profusión. 


La Virgen del Carmen sigue bajando la Cuesta del Bailío, enmarcada de modo impresionante por los ciriales de plata llevados en alto por los acólitos (ayudantes de sacerdote) y los ocho varales argénteos del paso, en medio de un crisol de indescriptibles emociones y sentimientos a flor de piel, mientras es fotografiada con sus smartphones por muchos de los espectadores, 


entre los que se encuentran algunos costaleros que han sido relevados  anteriormente. Entretanto, muchas mujeres se abanican para intentar mitigar el sofocante calor. 


Los costaleros que se encuentran en el interior del armazón metálico que soporta el paso están aguantando una temperatura todavía mayor que en los tramos previos de la procesión, porque llevar el paso cuesta abajo muy despacio, con el stress que genera tener mucho cuidado para no tropezar en ninguno de los 32 escalones, produce un gran desgaste físico, además de que el pequeño habitáculo en el que están todos muy juntos, ya ha sido ocupado anteriormente por varios relevos con distintos costaleros, por lo que la humedad interior hace que suden literalmente a chorros. 


La Virgen del Carmen ha bajado ya toda la Cuesta del Bailío y comienza su andadura a través de la calle Puerta del Rincón. 

Muy pocos metros después, el capataz ordena una nueva parada para que un grupo de costaleros releve a los que han estado dentro del armazón metálico de soporte del paso hasta este momento, 


y que salen, como no podía ser de otro modo, bañados en sudor y exhaustos, pero muy satisfechos porque han hecho un buen trabajo. 


Prosigue el avance del paso de la Virgen del Carmen a través de la calle Puerta del Rincón, también repleta de público asistente que apenas puede moverse. 

La atmósfera de este tramo es también peculiar, con una mezcla de lo ancestral con lo moderno encarnada por la luz de la candelería del paso, el humo del incienso y la iluminación artificial de la calle,  


                     en cuyos balcones, convertidos en mirador de lujo, hay muchas personas viendo pasar la procesión, 


en la que se insertan muchos de los costaleros que han sido relevados y cuya expresión facial muestra el ímprobo esfuerzo realizado. 


                                 A partir de este momento, el paso de la Virgen del Carmen inicia su camino de vuelta, 


                                                                                     a través de Conde de Priego 

 
y la Plaza Mayor de Santa Marina, donde llega también el paso de Santa Teresa, de dimensiones y peso más reducidos y llevado por un equipo mixto de costaleros y costaleras, 


                                        cuyos integrantes reflejan también en sus rostros la intensa experiencia vivida. 


                         Tras el periplo de vuelta, el paso de la Virgen del Carmen alcanza la Cuesta de San Cayetano, 


en cuya zona superior derecha uno de los más veteranos y queridos costaleros toma aire después del agotador esfuerzo. Suda a mares y su camiseta está empapada, pero un año más ha sido capaz de aguantar y es feliz. 


Los chicos y chicas del equipo mixto de costaleros y costaleras que llevan el paso de Santa Teresa (cuya policromía original fue también restaurada hace años por Francisco Romero Zafra) lo hacen rodar con gran esfuerzo y precisión, a través de la puerta principal de la Iglesia de San Cayetano, consiguiendo que entre en su interior, 


donde continúan encaminándolo hasta las proximidades del altar. Puede apreciarse en la mitad inferior derecha de la imagen como dos costaleras confraternizan entre ellas después de las muchas horas de esfuerzo. 


Uno de los costaleros de la Virgen del Carmen que fue relevado en el penúltimo turno, espera dentro de la iglesia de San Cayetano junto con su sobrino la llegada del paso, 


que está ya muy cerca de la puerta principal de la iglesia, rodeado de su cortejo, mientras una madre sostiene en brazos a su hijo y contempla la escena. 


El paso con la Virgen del Carmen sigue aproximándose a la puerta principal de la iglesia de San Cayetano, mientras varios capataces y costaleras se encuentran disponibles por si se necesitara su ayuda. 


Están ya a muy pocos metros del arco de la puerta principal de la iglesia, pero avanzan muy despacio, porque hay que conseguir introducir el paso con la mayor precisión posible. 

Una de las costaleras camina con rapidez para situarse en un punto en el que su ayuda pueda ser útil. 


                           Mientras tanto, se produce un momento de camaradería entre un costalero y un capataz. 


Finalmente, tras notable esfuerzo, los costaleros del último turno consiguen meter el paso con la Virgen del Carmen en el interior de la iglesia de San Cayetano. 


Aquí aparece uno de ellos pocos segundos después, con su camiseta totalmente bañada en sudor y el gran esfuerzo reflejado en su semblante. 


La Procesión de la Virgen del Carmen de Córdoba ha terminado y la iglesia de San Cayetano está llena de costaleros felices y absortos en sus pensamientos. 


                                   Ha sido una jornada muy dura, pero plena de emociones y vivencias inolvidables. 


                                 Gran cantidad de recuerdos afloran en su mente y generan visibles ensimismamientos. 


Después de dos años sin poder celebrar la Procesión de la Virgen del Carmen de Córdoba como consecuencia de la pandemia, los costaleros han podido llevarla de nuevo a través de las calles y zonas más representativas de Córdoba capital, 


experimentando una vez más sensaciones únicas y momentos irrepetibles, además de compartir una solidaridad y búsqueda del bien común que siempre ha cimentado su cohesión como grupo. 


Están muy cansados, sudorosos, pero pensando ya en la edición del año que viene, donde volverán a trabajar a destajo dentro del armazón metálico de soporte del paso de la Virgen del Carmen, 


sudando a mares y sufriendo una vez más, pero dichosos de hacer algo que les llena y con lo que se identifican profundamente. 


Pero ésto no ha terminado todavía. Hay que hacer la última " levantá " y situar de nuevo el paso con la Virgen del Carmen en su lugar correcto, por lo que los costaleros se ponen una vez más a la obra, dirigidos por el equipo de capataces, 


                                            que supervisa la maniobra, tratando de realizarla con la mayor precisión, 


mientras los costaleros hacen un último esfuerzo, colocando bancos que sirvan de apoyo y levantando a pulso el paso, tarea en la que colabora incluso el mismísimo jefe de capataces Rafael Muñoz Cruz, así como sus ayudantes. 


Ésto no es fácil de hacer, porque el paso con la Virgen del Carmen tiene un tamaño considerable y sobre todo un gran peso, por lo que hacen falta muchos hombres para poder levantarlo, y hay que hacerlo con una gran coordinación. 


Cada costalero conoce sus capacidades y qué es lo que tiene que hacer. Uno de ellos, el más fuerte, sostiene el paso en su zona más difícil, mientras los demás lo levantan en distintos puntos, tratando de distribuir el peso.

El espíritu de equipo es muy visible, con dos de los capataces ayudando en la labor todo lo que pueden, en un esfuerzo colectivo que siempre ha definido el devenir de este colectivo humano. 


          Éste ha sido el último trabajo supervisado por el capataz Rafael Muñoz Cruz, visible a la izquierda de la imagen.


                                                                     Dos de los capataces se abrazan emocionados,  


                                                      mientras otro capataz hace lo propio con uno de los costaleros. 

EMOTIVA Y MUY ENTRAÑABLE DESPEDIDA DE LOS COSTALEROS Y CAPATACES A D.RAFAEL SÁNCHEZ CRUZ

Tras la finalización de la Procesión de la Virgen del Carmen de Córdoba 2022, tuvo lugar el broche de oro de la misma : 


la despedida de capataces y costaleros al capataz jefe Rafael Sánchez Cruz, una auténtica institución en su ámbito, con una experiencia de 43 años como jefe de diferentes cuadrillas de costaleros y 21 años como capataz de la Virgen del Carmen, siguiendo la estela de su legendario padre Rafael Muñoz Serrano, que siempre le enseñó que el valor de un capataz se mide en función del resultado en el andar del paso que dirige y en buscar lo mejor para la cofradía como bien común, además de saber inculcar a los costaleros el adecuado espíritu de sacrificio para poder conseguir las metas, así como crear un equipo muy equilibrado en el que el capataz tenga una gran conexión con los costaleros. 

Ha sido además el hombre clave en llevar a la Archicofradía del Carmen de San Cayetano a sus mayores cotas. 






















Capataces, costaleros y costaleras del equipo mixto del paso de Santa Teresa de Jesús, integrado por chicos y chicas posan en el interior de la iglesia de San Cayetano, tras finalizar la procesión. 

La incorporación de mujeres costaleras ha ido creciendo cada vez más durante los últimos años.


El colofón a una jornada memorable : Los capataces Manuel Orozco, Rafael Muñoz Orozco, Manuel Valero, Álvaro y Fray posan con Rafael Muñoz Cruz y uno de los costaleros de la Virgen del Carmen de Córdoba.