martes, 21 de septiembre de 2021

SILVERIA CORRAL LOAISA : UNA FIGURA LEGENDARIA EN LA HISTORIA DE CERRO MURIANO (CÓRDOBA) CUYA HUELLA SIGUE MUY PRESENTE

Texto y Fotos en Color : José Manuel Serrano Esparza 

                                                                                                                   Silveria Corral Loaisa en 1930. 

Silveria Corral Loaisa (1900-1989) fue, es y seguirá siendo uno de los personajes más importantes en toda la historia de Cerro Muriano (Córdoba), un ser humano irrepetible que dedicó su vida en gran medida a hacer el bien a los demás y dejó su imborrable impronta humana en todos aquellos que tuvieron la suerte de conocerla. 

Silveria Corral Loaisa nació en Serón (Almería) en 1900, con el comienzo del siglo XX.

Muy pronto, con tan sólo varios días de edad, marchó con sus padres a Almería capital, donde vivió hasta mediados de los años veinte, casándose con Nicolás Blanque Doméne en Alcóntar (Almería), tras lo cual fue a principios de los años treinta con su marido a Villafranca de Córdoba y Bujalance, donde se instaló en varias zonas de campo desde entonces hasta el final de la Guerra Civil Española, trasladándose con toda su familia el 15 de abril de 1939 a Cerro Muriano (Córdoba), donde fijó su residencia hasta su fallecimiento en 1989. 

Durante toda su vida no supo leer ni escribir.

Pero resulta difícil encontrar una biografía más apasionante que la de esta mujer muy especial, dotada desde muy joven con el don de curar una amplia gama de dolencias y heridas de todo tipo, y que nunca quiso cobrar nada a nadie ni hacer publicidad alguna con respecto a sus portentosas cualidades para la sanación en personas de todas las edades. 

FORMIDABLE DON TERAPÉUTICO CUYO ORIGEN SIGUE SIENDO UN ENIGMA SIN RESOLVER

Silveria Corral Loaisa fue criada por su madre Juana en zonas boscosas entre aproximadamente 1900 y 1912, alimentándola con todo tipo de frutos silvestres e iniciándola desde su más temprana adolescencia en el conocimiento de las propiedades medicinales de un extenso surtido de plantas, cuyas virtudes principales había aprendido en áreas de Serón, Alcóntar, Bayarque y Bacares, durante una época de crisis económica generalizada por toda España, catalizada por las consecuencias del coste de las guerras de Cuba y Filipinas, así como por unas enormes desigualdades sociales. 

Por si todo ello fuera poco, el año en que nació Silveria Corral Loaisa, España tenía un porcentaje de población analfabeta del 64% y sólo las clases más pudientes podían permitirse acceder a la enseñanza secundaria y la universidad, estando también la enseñanza primaria fuera del alcance de muchas familias campesinas, que constituían alrededor del 40% del total de la población activa en España y cuyos hijos tenían que trabajar duramente en el campo a partir de aproximadamente los ocho años de edad para poder ayudar a la subsistencia. 

Una época en que la ocupación laboral más extendida por todo el país era la de jornalero, sin olvidar el hecho de que muchísimas mujeres campesinas se veían obligadas a trabajar también de sol a sol en las faenas del campo para ayudar a la economía familiar, además de preparar las comidas y lavar la ropa, con lo cual sus horas de trabajo diarias eran en realidad todavía más que las de los hombres. 

Éste fue el contexto en el que se vió inmersa Silveria Corral Loaisa desde su nacimiento, y que continuó a principios de los años veinte, tras contraer nupcias con Nicolás Blanque Domene, que era jornalero, al igual que Antonio, padre de Silveria.

                                                                         Silveria Corral Loaisa y su marido Nicolás Blanque Domene en 1930.

La foto de principios de los años treinta de Silveria Corral Loaisa y su marido Nicolás Blanque Domene muestra a una mujer de gran belleza natural y fuerza en la mirada, con indumentaria de color negro y delantal utilizado durante la elaboración de las comidas, mientras que su esposo jornalero muestra en su rostro endurecido y sometido a todo tipo de privaciones las secuelas del agotamiento y envejecimiento prematuro (aparenta más años de los que realmente tiene) como consecuencia del durísimo trabajo en el campo y unas condiciones laborales muy precarias, con frecuencia entre 12 y 16 horas diarias de sol a sol.

Este hombre ha sufrido mucho durante su vida. Aparece muy delgado, con el rostro enjuto, barba de varios días, le faltan algunos dientes y su pelo está desarreglado. 

Su mirada revela claramente que ha trabajado hasta la extenuación en las faenas agrícolas desde niño. 

Sea como fuere, ambos mantienen ante la cámara una compostura de enorme dignidad y orgullo, algo especialmente encomiable dadas las circunstancias extremas de lucha por la supervivencia en que ambos están inmersos. 

Porque esta dura y a la vez entrañable imagen en blanco y negro revela ante todo y para todo el ancestral coraje de vivir inherente a la especie humana.  

Pero la trayectoria diacrónica de Silveria Corral Loaisa está fortísimamente impregnada de misterio : durante su niñez y adolescencia, fue criada y educada sobre todo por su madre (su padre tuvo que trabajar a destajo en el campo durante toda su vida), que la enseñó nociones básicas de propiedades curativas de distintas plantas, además de instruirla en diferentes frutos silvestres comestibles que podían complementar la dieta deficitaria en proteínas típica de la época en las familias campesinas y permitir la supervivencia en las épocas de mayor necesidad. 

Con el transcurrir de los años, Silveria Corral Loaisa incrementó los conocimientos esenciales sobre propiedades curativas de plantas que le había enseñado su madre, hasta adquirir un nivel ciertamente descomunal en tal ámbito, convirtiéndose en una gran experta en la riqueza, diversidad y potencial fitoterapéutico de las plantas medicinales existentes en la zona de Cerro Muriano, incluso en sus lugares más recónditos, de tal manera que su fama, algo no anhelado por ella, y que empezó a forjarse desde principios de los años cuarenta, se cimentó en gran medida en su inefable talento e intuición para curar no sólo las culebrillas, sino también muchas enfermedades distintas, así como roturas de huesos, luxaciones, gangrenas, lumbagos crónicos, etc. 

Inevitablemente, surge la pregunta : ¿Cuándo y cómo fue capaz Silveria Corral Blanque de adquirir ese inmenso caudal de conocimientos en una pléyade de plantas medicinales distintas, si tenía que trabajar muchísimas horas al día tanto en el campo como en casa para ayudar a su marido?

A día de hoy, treinta y dos años después de su fallecimiento y 121 desde su nacimiento, nadie ha sido capaz de encontrar una respuesta. 

Fotografía de 1945 en la que aparece Silveria Corral Loaisa con su marido Nicolás Blanque Domene y cuatro de sus once hijos (de izquierda a derecha) : Nicolás (nacido en 1944), Antonio (el hermano mayor, situado entre sus padres), Antoñita (nacida el 12 de diciembre de 1939) y Lola (nacida el 27 de junio de 1941). Es una imagen muy interesante, en la que Silveria aparece ya en plena madurez, con 45 años de edad y físicamente desgastada por el paso de los años, su infatigable labor de madre y las muchísimas horas de trabajo durante tres décadas, aunque preservando todavía buena parte de su belleza y empuje, mientras que su marido Nicolás, que tiene unos 50 años de edad, está muy envejecido y enfermo, tras 40 años de trabajo a destajo en el campo como jornalero (morirá dos años después, en 1947), pese a lo cual su semblante refleja una gran felicidad, ya que Silveria le ha dado once hijos, de los que ambos están muy orgullosos.  

Pero parece ser que desde principios de los años cuarenta, a base de tesón, esfuerzo, pasión y una enorme fuerza de voluntad, Silveria Corral Loaisa pudo encontrar tiempo para perfeccionar en gran medida los conocimientos que le fueron transmitidos por su madre, aprender de modo infatigable y experimentar constantemente con todo tipo de plantas que buscaba in situ en los lugares más variopintos. 

Bellísima pita en la zona sur de Cerro Muriano (Córdoba), a la izquierda del tramo de carretera N-432a Granada-Badajoz que discurre aproximadamente 400 metros antes de llegar al Restaurante Los Pinares. Las plantas con propiedades curativas son un regalo de la naturaleza que se utiliza desde la más remota antigüedad. A base de tesón, perseverancia y partiendo de nociones básicas que le enseñó su madre en varias áreas de la provincia de Almería durante las dos primeras décadas del siglo XX, Silveria Corral Loaisa pudo desarrollar un gran conocimiento en este ámbito, que perfeccionó más y más en Cerro Muriano desde principios de la década de los años cuarenta hasta los años ochenta.

Plantas como la pita, de la que Silveria extrajo siempre el máximo potencial curativo posible, especialmente con la inserción de pies accidentados en agua caliente durante una hora, 

Otra preciosa pita en la zona sur de Cerro Muriano (Córdoba), a la derecha del tramo de carretera N-432a Granada-Badajoz que discurre aproximadamente 300 metros antes de llegar al Restaurante Los Pinares. 

con dosis que ella preparaba de dicha planta, tras sus famosos tirones bruscos previos en distintas direcciones con los que conseguía volver a poner los huesos en su sitio.  

UNA INTUICIÓN Y PERSPICACIA PSICOLÓGICA VERDADERAMENTE IMPRESIONANTES

Otro de los aspectos más destacados de la personalidad de Silveria Corral Loaisa ensalzados por las muchas personas de Cerro Muriano, Obejo y Córdoba capital a las que curó entre los años cuarenta y finales de los ochenta, fue siempre su inefable aproximación psicológica a cada accidentado o enfermo. 

Es decir, Silveria tenía una gran capacidad para relacionarse profundamente con cada persona a la que atendía, mediante grandes dosis de empatía, aceptación incondicional y autenticidad.

Y éste vínculo obtenido mediante palabras y lenguaje corporal adecuados, además de su famosa mirada, daba una gran confianza y seguridad a sus pacientes. 

De entre las brumas del tiempo surge cada vez con más fuerza la egregia figura y espíritu de Silveria Corral Loaisa, cuya diacrónica y muy encomiable labor humana en Cerro Muriano (Córdoba), ayudando desinteresadamente a todos los que confiaron en ella durante muchas décadas del siglo XX, sigue muy viva en el recuerdo, con un enorme, sincero e incólume cariño. 

Así pues, el gran don para la curación de Silveria Corral Loaisa emanaba no sólo de su vasto conocimiento de las propiedades medicinales de una amplísima variedad de plantas y de su talento intuitivo a la hora de dar sus célebres tirones de huesos con los que volvía a ponerlos en su sitio (además de sus palpaciones en zonas concretas del cuerpo dependiendo de cada zona accidentada o dolencia específica), sino también de su singular don para establecer sintonía con cada paciente y comunicar dicha empatía, tanto con su lenguaje verbal como corporal, optimizando el potencial sanador mediante la confianza mútua, de tal manera que se generaba un vínculo indisoluble entre Silveria y cada persona a la que asistía lo mejor que podía, siempre con muy pocos medios, con una especie de medicina natural de cosecha propia, pero de gran eficacia. 

Por increíble que pueda parecer (Silveria era analfabeta y nunca pudo ir a la escuela, ni siquiera a enseñanza primaria, como consecuencia de las difíciles circunstancias económicas que tuvo que afrontar su familia desde principios del siglo XX), esta histórica y muy entrañable mujer sabía a la perfección cómo identificarse con las necesidades y sentimientos de cada paciente y adaptarse a ellas.

Silveria Corral Loaisa era plenamente consciente de que cada persona precisa un tipo distinto de interacción y la génesis de una fuerte conexión emocional que la convenza de que se va a curar. 

Y éste fue un ámbito en el que Silveria también destacó en gran medida, lo cual catalizó una plena simbiosis con sus profundos conocimientos de las propiedades medicinales de muchas plantas, su intuición terapéutica y su acervo empírico muy sui géneris, totalmente basado en la experiencia, de tirones de huesos para reubicarlos en su posición inicial antes de accidentes. 

HUMILDAD A PRUEBA DE BOMBA Y AUSENCIA DE GANANCIA 

                               Silveria Corral Loaisa en una fotografía hecha en Cerro Muriano (Córdoba) a principios de los años ochenta. 

Silveria Corral Loaisa siempre tuvo como virtud añadida la proverbial humildad que caracteriza a las personas realmente grandes e importantes. 

De hecho, su trayectoria vital tuvo dos ejes principales : 

2 de abril de 1967. Celebración de la boda de Lola Blanque Corral en el Bar Restaurante Cinema de Cerro Muriano (Córdoba). De izquierda a derecha : Silveria Corral Loaisa, Antonia (madre de Basilio), Lola Blanque Corral (hija de Silveria), Basilio (marido de Lola) y su padre Juan Manuel. Puede apreciarse en la imagen como la mítica Silveria agarra la mano de la madre de Basilio (físicamente más deteriorada) para arroparla y que perciba todo su cariño. Además, Basilio siempre tuvo un enorme cariño y química hacia Silveria, de tal manera que desde principios de los años ochenta, cuando ya no pudo andar, Basilio y Lola iban a todas partes con Silveria, que iba montada en una silla de ruedas.  

2 de abril de 1967. Celebración de la boda de Lola Blanque Corral en el Bar Restaurante Cinema en Cerro Muriano (Córdoba). De izquierda a derecha : Rosi (cuñada de la tía Paulita), la tía Paulita (esposa de Fernando), Fernando Blanque Corral (hermano de Silveria), Silveria Corral Loaisa (madre de Lola), Basilio (marido de Lola), Adela (hija de Silveria), su marido Antonio y su hijo Antoñete. Silveria Corral Loaisa aparece sonriente y exultante de alegría. Es en esos momentos la mujer más feliz del mundo. 

a) La máxima atención a su esposo y sus once hijos : Emilia, María, Adela, Pedro, Fernando, Antonio, Joaquín (que murió con tres años de edad antes de la guerra, y que está enterrado en Villanueva de Córdoba), Antonia, Alejandro, Lola y Nicolás, a los que siempre amó con locura, luchando con uñas y dientes para conseguir sacarles adelante a partir de 1947, año en que quedó viuda. 

b) Su dedicación plena a las personas que acudían a ella para ser sanadas tras un accidente o de diferentes enfermedades. 

Año 1978. Los Llanos del Conde (Cerro Muriano). De izquierda a derecha : Lola Blanque Corral, Lola (hija de Lola Blanque Corral), Basilio (marido de Lola), Begoña (mujer de Juan Rafael Serrano Blanque), Silveria Corral Loaisa, Antonia (hija de Lola), Juan Rafael Serrano Blanque (sobrino de Lola), Matilde (hermana de Rafael Serrano Blanque), Antonia (hija de Lola y Basilio), María Ángeles (hija de Lola y Basilio) y Basilio (hijo de Lola y Basilio).

Pero existen varios factores trascendentales que marcan totalmente la diferencia en el devenir diacrónico de esta mujer incomparable, todo bondad y amor a los demás : 

- Nunca quiso cobrar nada de dinero a nadie, ni tampoco aceptó regalos de ningún tipo. 

- Siempre proclamó que ella no era médico ni curandera, que por motivos que desconocía tenía ese don para sanar y que hacía las cosas lo mejor que podía. 

- Nunca buscó clientes ni hizo ningún tipo de publicidad con respecto a sus capacidades para la sanación.

- Jamás intentó hacer ningún tipo de proselitismo religioso o de convicciones para convencer a nadie de nada en tal sentido. 

Se limitaba a esforzarse al máximo para curar a las personas que confiaban en ella. 

CURACIÓN A PERSONAS CON GANGRENA 

Además de la curación de roturas de piernas, brazos, algunas lesiones de columna vertebral, reumatismo, artritis, cicatricaciones, etc, algunos de los episodios más asombrosos en la vida de Silveria Corral Loaisa tuvieron lugar cuando ya con más de cincuenta años de edad recibió la visita de algunos médicos de Córdoba que la pidieron ayuda para poder curar a varios pacientes de gangrena con los que se había intentado todo y cuyas vidas peligraban. 

Silveria les dijo a los doctores que ella era una persona normal con cierto don, pero que lógicamente, sus conocimientos y capacidades para curar eran muy limitados en comparación con cualquier médico.

Sea como fuere, los médicos insistieron en que Silveria visitara a estos pacientes con gangrena muy grave, hasta que accedió, y a los pocos días todos ellos se curaron y salvaron sus vidas. 

No se conocen los detalles de tales visitas ni el tipo de tratamiento que Silveria aplicó a dichos pacientes en peligro de muerte, porque además, la propia Silveria pidió la máxima discreción al respecto. 

Pero desde los años cuarenta hasta hoy en día, ha habido muchísimos testimonios de personas que han demostrado sin ningún género de dudas que Silveria curó a mucha gente de todo tipo de dolencias, roturas y lesiones producto de accidentes, y que muy frecuentemente médicos de Cerro Muriano, Obejo y Córdoba capital fueron a visitarla y le pidieron consejo durante muchas décadas para tratar a pacientes a los que no podían curar, y a quienes ella consiguió sanar. 

Fotografía de Silveria Corral Loaisa hecha en Cerro Muriano en 1988, un año antes de su fallecimiento. De modo increíble, no tiene ni una sóla arruga en su rostro y conserva todo su pelo prácticamente intacto, aunque tenía ya ambas piernas muy deterioradas, por lo que no podía andar y precisaba silla de ruedas. Pese a no saber leer ni escribir, esta maravillosa mujer forjada a fuego pudo desarrollar una complejísima y a la vez sencilla cosmología propia, vinculada a poderosas energías invisibles, a base de sufrimiento constante, experiencia adquirida, coraje a raudales, gran resistencia a la fatiga e inquebrantable vocación de servicio a los demás, con muy pocos medios, en plena sinergia con un profundísimo conocimiento de las muchas y diferentes plantas medicinales locales que contienen sustancias químicas en sus hojas, flores, tallo o raíz, de tal manera que mediante la simbiosis entre la gran fuerza de sus manos realizando tirones en zonas concretas de las articulaciones y distintos métodos de preparación de las plantas que seleccionaba, era capaz de aplicar todo ese ancestral acervo sanador natural con un tratamiento específico para cada persona, curando con pleno éxito una amplia gama de dolencias, roturas de huesos, lumbagos, gangrenas, etc. 

Silveria Corral Loaisa fue una mujer repleta de aura y personalidad muy especial, un personaje telúrico de primerísimo nivel, pero que nunca tuvo afán de protagonismo alguno, intentando siempre pasar desapercibida si era posible, con la prioridad inquebrantable de ayudar todo lo que podía a los demás, algo en lo que se entregaba al máximo, con todo su ser y unos desaforados niveles de pasión y amor por el prójimo. 

VISITAS NOCTURNAS DURANTE DÉCADAS ENTRE 1940 Y FINALES DE LOS AÑOS OCHENTA 

Pese a la naturaleza sencilla y discreta de Silveria Corral Loaisa, sus curaciones a personas cuyas dolencias se daban por poco menos que insolubles hicieron que su fama se extendiera no sólo entre los habitantes de Cerro Muriano y Obejo, sino también en las más altas esferas de Córdoba capital, algo que se mantuvo en el más absoluto secreto y que únicamente ha trascendido recientemente, varias décadas después de los hechos. 

Durante casi medio siglo, entre 1940 y 1988, Silveria Corral Loaisa recibió muchas visitas nocturnas (algunas de ellas incluso a altas horas de la madrugada) de personas de la más variada índole profesional y social, a las que siempre les abrió la puerta de su casa y atendió lo mejor que pudo, conforme a sus modestas posibilidades. 

Pues bien, algunas de estas personas que la visitaron a altas horas de la noche en Cerro Muriano (Córdoba) fueron celebridades del máximo nivel y fama de Córdoba capital, hombres y mujeres de enorme relevancia en el ámbito de las artes, la ciencia y la política, que acudieron a Silveria para intentar curarse de dolencias que arrastraban desde hacía muchos años o bien se presentaron con familiares muy allegados que eran enfermos terminales, a la mayoría de los cuales consiguió sanar. 

Silveria Corral Blanque siempre fue una persona de gran sensibilidad y agradeció enormemente tales visitas y la confianza de dichas personas, poniendo exactamente el mismo nivel de esfuerzo que con los habitantes de Cerro Muriano y Obejo. 

Pero les exhortó a que no hablaran de ella y a que no hicieran publicidad alguna de su don en Córdoba capital, porque Silveria siempre dijo que para eso estaban los médicos que sabían más que ella, lo cual cumplieron a rajatabla, y sólo muchos años después dichas personas relataron a sus descendientes lo que había ocurrido y la grandeza de Silveria, una mujer cuyo aprendizaje vital fue también fruto de la necesidad y una ingente cantidad de penalidades de todo tipo que presidieron gran parte de su existencia.

Ese fue el principal motivo por el que siempre estuvo dispuesta a ayudar a todas las personas que pudo, intentando con todas sus fuerzas que no sufrieran lo que ella había sufrido. 

UN RECUERDO IMPERECEDERO 

Es verdaderamente impresionante la pervivencia en el recuerdo que la insigne figura de Silveria Corral Loaisa tiene todavía hoy en día, treinta y un años después de su muerte, la gente no la ha olvidado en absoluto y cada vez que amanece en Cerro Muriano, 

los primeros rayos de luz solar hacen refulgir de modo áureo las letras que presiden la plaza que lleva su nombre, como reconocimiento a la incomparable humanidad y altruismo de esta gran señora, cuya presencia seguirá trascendiendo el paso del tiempo.

martes, 14 de septiembre de 2021

FILOMENA DÍAZ RUBIO : DUEÑA Y SEÑORA DEL CERRO DE LA COJA (CERRO MURIANO)

 Texto y Fotos : José Manuel Serrano Esparza 

                                                                                       Filomena Díaz Rubio " La Coja " (1887-1972)

Entre principios de los años veinte y finales de los años sesenta, Filomena Díaz Rubio " La Coja ", una mujer excepcional, 


vivió en la cueva del cerro de 538 m que lleva su nombre, situado a las afueras de Cerro Muriano y perteneciente al término municipal de Obejo, ambos en la provincia de Córdoba (España). 

ORÍGENES DE UNA EPOPEYA

Han sido necesarias varias décadas para poder descifrar cuales fueron las claves de la vida y biografía de uno de los personajes más singulares y fascinantes en toda la historia tanto de Cerro Muriano como del término municipal de Obejo.

Filomena Díaz Rubio "La Coja" (hija de Juan Miguel Díaz Lara y Leonor Rubio Avalos) nació el 9 de agosto de 1887 en Benizalón (Almería) y se casó en 1908 con Juan Manuel Almansa García (nacido en 1885 e hijo de Francisco Almansa García y María García Sáez), viviendo ambos en Almería hasta principios de los años veinte, cuando a consecuencia de la muy precaria situación económica de la zona, deciden emigrar a Cerro Muriano, 

instalándose en la cueva existente al pie del Cerro de la Coja (que en aquella época no tenía nombre alguno), ubicado a las afueras de dicho pueblo y perteneciente al término municipal de Obejo. 

De éste modo, ambos inician su vida dentro de la mencionada cueva del Cerro de la Coja durante los años veinte, ya que Juan Manuel Almansa García (marido de Filomena) es jornalero y trabaja en lo que puede para subsistir tanto él como su esposa, por lo que no les es posible adquirir una vivienda propia. 

Filomena Díaz Rubio " La Coja " y su marido Juan Manuel Almansa García tuvieron tres hijos : Piedad (1924-1986), María Teresa (1909-1998) y un varón que morirá el 5 de septiembre de 1936 y cuyo nombre no ha podido ser encontrado hasta la fecha. 

Durante los cinco primeros años de la década de los treinta, la situación económica empeora todavía más en España como consecuencia de la inestabilidad política y social, los efectos de la crisis del 29 a nivel internacional y la recesión económica que afectó especialmente al sector agrícola (en el que trabajaba más del 40% de la población activa), la industria (excepto la textil), la construcción y a los sectores importación/exportación, reduciéndose la inversión extranjera y generándose el retorno de muchos emigrantes, así como una brecha cada vez mayor entre las clases adineradas y las humildes. 

En un contexto de esta naturaleza, encontrar trabajo como jornalero en el sector rural se convirtió en algo verdaderamente difícil, por lo que Filomena Díaz Rubio y su marido Juan Manuel Almansa García 

decidieron empezar a cultivar varias zonas en pendiente del Cerro de la Coja (que por aquella época no tenía todavía tal denominación) por encima de la entrada de la cueva donde vivían, para poder sobrevivir tanto ellos dos como sus hijas Piedad, María Teresa y el niño cuyo nombre es desconocido a día de hoy. 

Asimismo, complementaban su alimentación con los frutos de la gran cantidad de higueras, almendros y otros árboles que había entonces en el cerro en cantidad mucho mayor que hoy en día.

Fueron años de trabajo extenuante, de sol a sol, en este cerro adyacente a Piedra Horadada y el tramo del Camino de los Pañeros que cruza junto a ella, muy cerca de los Lavaderos y Fundiciones de la Córdoba Copper Company, cultivando todo tipo de productos, en condiciones incómodas por la pronunciada pendiente del cerro.

5 DE SEPTIEMBRE DE 1936, LA TRAGEDIA ASOLA A LA FAMILIA DE FILOMENA DÍAZ RUBIO

Si ya las condiciones de vida de Filomena Díaz Rubio y su marido Juan Manuel Almansa García durante la primera mitad de los años treinta fueron de gran dureza (teniendo además que sacar adelante con ímprobo esfuerzo a sus hijas Piedad, María Teresa y a su hijo, niños muy pequeños por aquel entonces), el 5 de septiembre de 1936 marcó un antes y un después en las vidas de todos ellos. 

Fue tal día cuando se produjo el ataque de tres columnas franquistas bajo el mando global del general Varela sobre Cerro Muriano, en una jornada durante la cual la intensificación del bombardeo del pueblo por parte de la aviación franquista a partir de las 15:00 h de la tarde tuvo como consecuencia el masivo éxodo de la población civil con dirección noroeste hacia la Estación de Tren de Obejo y El Vacar. 

Filomena Díaz Rubio, su marido Juan Manuel Almansa García, sus hijas Piedad y María Teresa, así como su hijo, emprenden también juntos la huida desde el Cerro de la Coja hacia el norte de Cerro Muriano, pero durante su marcha a pie, un obús de artillería de 105 mm impacta junto a ellos con devastador efecto, arrancando la metralla una pierna a Filomena y también a su marido Juan, mientras que sus hijas Piedad y María Teresa resultan heridas graves, y su hijo, destrozado por la metralla, fallece. 

No ha sido posible encontrar información sobre las circunstancias en las que se produjo la salvación de Filomena y su marido Juan, ni tampoco con respecto al hospital o puesto de socorro al que fueron trasladados ellos y sus hijas.

Pero sin duda tuvieron que ser momentos terribles, gravemente heridos por el impacto del proyectil de artillería, con profusas hemorragias y la angustia de no poder socorrerse unos a otros en medio del caos de la precipitada huida de la población civil de Cerro Muriano, hasta que llegó la ayuda. 

Y su único hijo varón tuvo que ser enterrado no en un cementerio, sino en algún lugar improvisado, en circunstancias muy convulsas y con gran rapidez. 

COMIENZA LA LEYENDA DEL CERRO DE LA COJA 

Tras la Guerra Civil Española, la vida de Filomena Díaz Rubio, su marido Juan Manuel Almansa García y sus hijas Piedad y María Teresa se convierte en un inefable drama vital presidido por enormes dificultades económicas, la tristeza ante el hijo perdido y la necesidad de abrirse camino y tirar para adelante como sea. 

Con su movilidad notablemente reducida a consecuencia de la pierna perdida por cada uno de ellos, 

Filomena Díaz Rubio y Juan Manuel Almansa García fijan de modo permanente su residencia dentro de la cueva del que la gente del pueblo denomina ya El Cerro de la Coja (en alusión a Filomena), en el que llevaban viviendo desde principios de los años veinte. 

Juan Almansa García utiliza una rudimentaria prótesis de madera con la que puede andar a duras penas y mantener el equilibrio, mientras que Filomena Díaz Rubio " La Coja " , debido a que su pierna fue seccionada por la metralla en la parte alta del muslo, no puede llevar prótesis de madera y opta por apoyar el muñón en una silla de madera cuyas patas están algo recortadas y que agarra con su mano mientras la apoya en el suelo cada vez que da un paso al caminar, con un muy precario equilibrio y ayudada en todo instante por su hija Piedad, que la acompaña constantemente allí donde va.

A partir de este momento (con su hija María Teresa ya independizada y viviendo también en Cerro Muriano), durante nada menos que dos décadas, con enorme pundonor, capacidad de lucha y extraordinario esfuerzo, Juan Almansa García consigue sacar adelante a su esposa y su hija Piedad


cultivando de nuevo diferentes productos en la zona intermedia y alta del Cerro de la Coja, algo que ya había hecho antes de la guerra junto con Filomena, y que ahora ha de realizar en solitario, en durísimas condiciones, pudiendo apoyar únicamente una pierna sobre el suelo del mismo, que además está en pronunciada pendiente, lo cual dificulta mucho cualquier movimiento así como el uso de aperos de labranza, y ralentiza enormemente toda actividad agrícola. 

Llegada ya la década de los sesenta, Filomena Díaz Rubio " La Coja " y su marido Juan Manuel Almansa García 

continúan viviendo en el Cerro de la Coja, muy envejecidos, con achaques y dolencias de toda índole. 

Son dos ancianos próximos a los ochenta años, prácticamente sin energía ni movilidad alguna y que pueden sobrevivir gracias a la ayuda de sus hijas Piedad y María Teresa, que acuden varias veces al día al Cerro de la Coja para echarles una mano en todo lo que pueden. 

Agosto de 2007. Antonio Sastre Candelario, legendario albañil de Cerro Muriano acude al Cerro de la Coja a rendir pleitesía a Filomena Díaz Rubio " La Coja " , 35 años después de su muerte. El mítico Sastre aparece en imagen junto a la enorme higuera situada pocos metros antes de llegar a la puerta de la cueva del Cerro de la Coja. 

Es entonces cuando muchos ciudadanos de Cerro Muriano 

Agosto de 2007. Antonio Sastre Candelario acaba de visitar la puerta de entrada a la cueva del Cerro de la Coja, donde Filomena Díaz Rubio vivió durante más de cincuenta años, entre principios de los años veinte y finales de los años sesenta. El alquimista de la albañilería nacido en Los Santos de Maimona (Badajoz) fue una de las muchas personas de Cerro Muriano que ayudaron todo lo que pudieron a Filomena Díaz Rubio " La Coja " (con quien tuvo gran amistad), especialmente durante la segunda mitad de los años sesenta, tras el fallecimieto de su marido Juan Manuel Almansa García. Antonio Sastre Candelario aparece a la derecha de la imagen, visiblemente emocionado y mirando a la zona de acceso a la cueva que fue morada de Filomena Díaz Rubio durante más de medio siglo. 

se movilizan y deciden ayudar también a Filomena y Juan con comida, dinero en efectivo, ropa y muchas otras cosas. 

Muchos de ellos ven a diario como especialmente Piedad (que es la persona que estuvo durante toda su vida ayudando a su madre y renunció a casarse hasta después del fallecimiento de la misma) da paseos agarrando del brazo a su progenitora Filomena, mientras ésta camina como puede, con gran esfuerzo y faltándole el resuello. 

Una vez más, con gran solidaridad, los habitantes de Cerro Muriano hacen piña y deciden promover una colecta que permita reunir el dinero suficiente para construir una pequeña casa donde Filomena Díaz Rubio " La Coja " y su marido Juan Manuel Almansa García puedan vivir los últimos años de su vida.

La colecta surte efecto y se consigue reunir el dinero suficiente, con el que se le compra una pequeña casa a Filomena y su marido Juan, en la que comienzan a vivir desde principios de los años sesenta.

                                                   Juan Manuel Almansa García (1885-1965), marido de Filomena Díaz Rubio " La Coja ". 

Pero Juan Manuel Almansa García (marido de Filomena y dos años mayor que ella) está muy delicado de salud. 

Además de arrancarle una pierna, la metralla de la explosión del obús de 105 mm el 5 de septiembre de 1936 afectó a varios de sus órganos vitales, por lo que necesita cuidados constantemente y apenas puede moverse, hasta que fallece el 2 de enero de 1965 en el interior de la mencionada pequeña casa, tras una vida repleta de sufrimientos y privaciones. 

La muerte de su marido Juan Manuel Almansa García deja a Filomena Díaz Rubio " La Coja " sumida en una profunda depresión y tristeza. 

Está agotada y sin fuerzas, consumida por la tristeza, ya no quiere seguir viviendo, y únicamente el apoyo de sus familiares más allegados, especialmente sus hijas Piedad y María Teresa (que se aproximan a los 55 años de edad) hacen que pueda salir adelante. 

La situación es dantesca. 

Al igual que su marido Juan Manuel Almansa García, Filomena Díaz Rubio " La Coja " ha vivido una existencia repleta de sufrimientos y privaciones, rota además por el inmenso dolor de haber perdido un hijo el 5 de septiembre de 1936, cuando tenía casi 50 años. 

Y ahora, a los 77 años de edad, ha perdido a su marido.

Sólo le queda la mitad de su familia, sus hijas 

                                                                                          Piedad Almansa Díaz (1924 -1986)

Piedad 

                                                                                        María Teresa Almansa Díaz (1909-1998)

y María Teresa. 

No obstante, el cariño y apoyo que recibe Filomena Díaz Rubio " La Coja " por parte de los habitantes de Cerro Muriano consiguen aumentar su moral y ganas de seguir viviendo varios años más, hasta que fallece el 2 de enero de 1972, a los 85 años de edad, siendo enterrada en el Cementerio de San Rafael de Córdoba el día 3 de enero de dicho año.

Su tumba no ha podido ser encontrada hasta la fecha. 

Los indicios apuntan a que tras ser enterrada en el Cementerio de San Rafael de Córdoba, debido a las dificultades económicas de la época, no se pudo seguir pagando el alquiler de la tumba, por lo que el cuerpo de Filomena fue exhumado y arrojado a una fosa común.

Pero el reciente hallazgo de una fotografía familiar de Filomena Díaz Rubio " La Coja " ha permitido preservar para siempre el inmenso legado humano y extratosférica dimensión como persona de este ser humano excepcional y atemporal, cuyo recuerdo será un metafísico faro de luz, cuántico a más no poder, para las generaciones venideras. 

MÁS ALLÁ DE LA MUERTE. 1 DE AGOSTO DEL 2018, UNA FECHA HISTÓRICA 

El recuerdo de Filomena Díaz Rubio " La Coja "  y su leyenda pesaban mucho, hasta el punto de que eran legión las personas tanto de Cerro Muriano como de Obejo que pedían un reconocimiento a su insigne e histórica figura. 

Y 46 años después de su fallecimiento, el 1 de agosto de 2018, el pleno del Ayuntamiento de Obejo, reunido en Cerro Muriano, decidió otorgar a Filomena Díaz Rubio " La Coja " , una placa conmemorativa en reconocimiento a su digno ejemplo vital que permanece y seguirá permaneciendo todavía muy vivo en el recuerdo colectivo de los habitantes tanto de Cerro Muriano como del termino municipal de Obejo. 

Al fondo de la imagen a la derecha puede verse parte del bellísimo Mirador del Cerro de la Coja, cuyo nombre evoca a Filomena Díaz Rubio, que contempló muchos amaneceres durante más de medio siglo desde dicho punto, que permite la observación de sublimes paisajes de Sierra Morena. 

Porque más de medio siglo después de su muerte, el recuerdo de Filomena Díaz Rubio " La Coja " está muy presente y nunca caminará sóla.

viernes, 3 de septiembre de 2021

BAR CINEMA IN CERRO MURIANO (CÓRDOBA) HOMEMADE MEALS WITH THE LOVE OF A GRANDMOTHER

Text and Photos : José Manuel Serrano Esparza 

SPANISH 

44 years ago, in early 1977, Gabriel Medina Gómez and Carmen Hidalgo, a Cordoban marriage who would be known within time as the grandfather Gabriel and the grandmother Carmen, decided to found in Cerro Muriano (Córdoba) a small family business made up by a bar in symbiosis with an endearing coterminous cinema.

After the made investment, Gabriel and Carmen´s economical resources were limited, so they opted for an easy but highly efficient entrepreneurial approach : 

Superb Cordoban salmorejo with limited production virgin olive oil from oil mill and ham from los Pedroches, one of the flagship dishes most admired by the customers of this family bar restaurant of Cerro Muriano since its creation in 1977.

the raison d´être of Bar Cinema would be a homemade cuisine and a top-notch personalized attention to customers imbued with painstaking care. 

And encouraged by their iron will, illusion and impressive working ability, they made a strenuous effort to provide the people of the area visiting them with an exceedingly competitive quality / price ratio in their homemade meals, beverages and desserts.

Therefore, grandfather Gabriel and grandmother Carmen toiled on throughout late seventies, striving upon forging ahead and strengthening their little family business, something they managed to attain soon, 


thanks to their professionalism and humbleness both regarding the bar and the cinema, the latter one turning into a real treat for many visitors, who particularly in summer watched on the screen a raft of mythical Hollywood feature films wisely chosen by Juan Antonio Parrilla Pérez (a remarkable expert on cinema and the person making the projections, in addition to obtaining the 35 mm movie reels that he fervorously looked after) while they were sitting and relished the soft breeze wrapping Cerro Muriano at night, which is a true blessing. 


                                       THE PRESERVATION OF A PHILOSOPHY 

Some decades later, Francisco Medina Hidalgo and his wife Ana, owners of Bar Cinema, took the reins of a family business that had originally been devised by Gabriel and Carmen (who knew how to win the affection of everybody meeting them) and kept on with their straightforward and proficient working ontology in the scope of catering. 

Flamenquines, another of the delicacies that both in its loin or roquefort versions, can be tasted at Bar Restaurant Cinema. A full-fledged delight for the palate. 

different and delicious homemade meals in which top priority is the first-class quality of raw materials in synergy with exceptional reciped of the lush Cordoban and Spanish cooking. 

This way, little by little, the Bar Cinema, already with Paco and Ana at the helm, was increasingly consolidating, by means of their huge endeavour and commitment, until the concept of family business was outstandingly boosted from the first years of XXI Century, thanks to three key factors : 

a) The gradual bar / restaurant duality, with the enhancement and steady improvement of a wide gastronomic and desserts offer, which has been the main diachronic hallmark of Bar Restaurant Cinema. 

b) The ongoing incorporation of Gabriel, Ana and Jose (Paco and Ana´s children) as workers of Bar Restaurant Cinema in Cerro Muriano, who have also provided their enthusiasm and perseverance, along with some more trustworthy people who have risen to the challenge. 

c) An unswerving desire to satisfy the customers´ needs, since they are deemed to all intents and purposes as members of the family. 

That´s to say, it´s first and foremost a question of mutual confidence in which the fundamental thing is that people visiting the Bar Cinema (which is likewise a very good restaurant) feel really at ease and satisfied, both from the viewpoint of having lunch or dinner really well and the experienced quietness. 

A place where connoisseurs go to enjoy an unforgettable cuisine experience and to have a good time, as well as relaxing talking to friends. 


                                          AN EVOLUTION BASED ON TRADITION 

Whatever it may be, the vital epicenter of Bar Restaurant Cinema in Cerro Muriano is its comprehensive assortment of foods, mainly made up by mouth watering dishes  of the traditional Cordoban and Spanish cuisine, ancient recipes having been optimized once and again, with patience to spare and tons of passion, until perfectly prepare them, in addition to being adorned with beautiful presentations, another of the most prominent aspects of Bar Restaurant Cinema : 


- Aubergines with Cane Syrup 


- Homemade tripes 


- Pelotón Potatoes with Ham from Los Pedroches 


- Fried Fish with Squids 


- Cheddar Potatoes and Bacon  


- Meat with Tomato 


- Bandeja Campera (chips with fried egg, tenderloin, sausage and pepper) 


- Iberian Suckling Pig 

All of it being complemented by occasional delicatessen like the tapas of migas with beer, the fantastic paellas on San Rafael Day and so forth, as well as an exclusive variety of local wines. 


                                             SELECT CHOICE OF GRILLED MEALS 


Another of the highlights of Bar Cinema is its extensive supply of grilled meats, among which stand out : 

- Barbecue of Meat

- Barbecued Steak with Strogonoff Sauce 

- Grilled Chicken Breast 

- Mount Meat 

- Iberian Secret 

- Appetizers with Potatoes 

And of course, its fabulous grilled gilt-head bream with potatoes on weekends. 


It´s a hard work needing experience and devotion to be able to satisfy the customers´ wishes on the spot, because each one has its own tastes and preferences. 


                                               DELICIOUS HOMEMADE DESSERTS 

The manufacture of exquisite homemade desserts is also one of the Bar Cinema specialties, and among them stand out : 


its sensational cheese cake, 


the raspberry and cherry cake, 


the chocolate cake with cream, 

the handcrafted egg custard, the calzone nutella, the panacotta, the homemade dessert from Black Forest with chantillí cream, and the dessert of the day, 


without forgetting its tiramisú with fragments of black chocolate, which has become a classic of Bar Cinema. 


                                         SPECIAL SERVICE OF FOOD DELIVERY 

Together with all the previously explained sides, Bar Restaurant Cinema offers a special service of food delivery, ideal for those persons who either because of comfort or lack of time availability prefer that option


holding a wide range of handcrafted hamburgers and pizzas (of which the most famous and sold is the Pizza Gaucha Cinema), along with wok style fried rice with Provenzal pork and wok style noodles with veal. 

Pizza Gaucha, a gastronomic benchmark of Bar Restaurant Cinema fairly appreciated by most of its customers. 

The flavourful hamburgers of Bar Cinema feature first-class ingredients and a large size. Besides, they constantly experience with different kinds of breads and recipes to upgrade the product : Brioche Cordoban Bread, 80 g Veggie Burger, 54 g Poppy Seed Burger, 54 g White Sesame Burger, 80 g Multicereal Burger, 100g Poppy Seed Burger, 80 g Basic Burger, 80 g Toasted Malt Burger, 80 g Potato Roll, 100 g Juanit Burer, etc. And they were even pioneers of the original recipe of the popular giant hamburger with potatoes in 2016. 

The vocation to customers service fulfilled by the Bar Restaurant Cinema staff reaches such a level that  by dint of strenuous toil they managed to create in mid 2020 special kebab and pineapple pizzas for celiac people, who instead of featuring wheat mass, include mass with rice flour, but simultaneously preserving an almost identical taste. 


                                                          BEAUTIFUL NIGHT SHOWS 

People going to Bar Restaurant Cinema to have dinner can revel in the further chance of watching live music concerts in its big outdoors terrace, with differents artistic events that will certainly make the night more pleasant for them (flamenco groups, guitar concerts, singers, etc), in symbiosis with the wonderful luminosity generated with the different colours projected through the pretty central fountain surrounded by flowers and reflected all over the place : 



With the added choice of drinking any of the exotic beverages making up its wide range of 100% original ten different handcrafted cocktails.