domingo, 11 de marzo de 2012

CERRO MURIANO: DESCUBIERTA Y UBICADA UNA NUEVA FOTOGRAFÍA HECHA POR ROBERT CAPA EL 5 DE SEPTIEMBRE DE 1936. MOMENTOS DE PREMUERTE ( I I )

José Manuel Serrano Esparza. LHSA
ENGLISH VERSION

Córdoba, señera provincia andaluza repleta de historia, engrandece progresivamente, todavía más si cabe, su importancia en la carrera fotoperiodística de uno de uno de los más grandes fotógrafos de todos los tiempos y fundador en 1947 de la Agencia Magnum junto con David Seymour "Chim", Henri Cartier-Bresson, William Vandivert y George Rodger.

Photo: Robert Capa

elrectanguloenlamano.blogspot.com ha descubierto la autoría y ubicado otra fotografía más realizada por Robert Capa en la zona de Cerro Muriano, concretamente en la Finca de Villa Alicia (aproximadamente a 1 km de distancia del pueblo de Cerro Muriano, al suroeste)


el 5 de Septiembre de 1936, y que viene a sumarse a las muchas hechas tanto por él como por Gerda Taro en esta zona y que hemos hallado y ubicado durante los últimos cuatro años.


Se trata de una imagen captada durante la alocución de un jefe anarquista a milicianos de la CNT y de la FAI de Alcoy (Alicante) y voluntarios civiles andaluces, aproximadamente a las 12:30 h del mediodía, y que pertenece a la serie de fotografías hechas por Capa y Gerda Taro en este mismo lugar e instantes, de las que informamos en:

http://elrectanguloenlamano.blogspot.com/2010/08/gerda-taro-centenario-de-su-nacimiento.html

http://elrectanguloenlamano.blogspot.com/2011/04/cerro-muriano-identificacion-y.html

http://elrectanguloenlamano.blogspot.com/2011/07/cerro-muriano-hallada-y-ubicada-una.html

http://elrectanguloenlamano.blogspot.com/2011/09/dos-fotografias-mas-hechas-por-gerda.html

Esta nueva fotografía recién descubierta y ubicada por elrectanguloenlamano.blogspot.com fue publicada - sin que se indicara ni el nombre del fotógrafo autor de la imagen ni la ubicación exacta donde fue hecha - en la página 3 del Número 15 Volumen III de la revista Weekly Illustrated del sábado 10 de octubre de 1936, en tamaño 17´6 x 13´9 cm, a partir de una copia vintage realizada con el negativo original Eastman Kodak Panchromatic Nitrate de 35 mm (expuesto por Robert Capa con una cámara telemétrica Leica II (Model D) con objetivo Leitz Elmar 50 mm f/3.5, desde una posición elevada) y que fue enviada por Maria Eisner (directora de la agencia Alliance Photo, que distribuía las imágenes de Capa) a Stefan Lorant, editor del Weekly Illustrated News, que reencuadró la imagen y por necesidades de maquetación la dejó en un formato aproximadamente 4:3, similar al aspect ratio del gran formato 4 x 5 (10 x 12 cm), de tal manera que encajara en la zona inferior derecha de la mencionada página junto con otras nueve fotografías más de distintos temas que nada tenían que ver con la Guerra Civil Española, si bien Lorant decidió dar todo el protagonismo posible a la imagen de Capa, insertándola en mayor tamaño que el resto.

Photo: Robert Capa.

Pero la novedad importante de esta fotografía es que el hombre que está subido sobre un gran tonel de madera (del cual sólo se aprecia parte de él junto a su pie derecho, ya que aparece mayormente oculto por la zona superior del cuerpo de dos milicianos) es distinto al que dirige otra alocución a estos mismos combatientes civiles en una fotografía hecha por Capa en este mismo lugar, día y momento, ya conocida desde hace décadas y en la que elrectanguloenlamano.blogspot.com identificó a Gerda Taro en el borde izquierdo de la imagen:

http://elrectanguloenlamano.blogspot.com/2010/08/gerda-taro-centenario-de-su-nacimiento.html

Se trata de Enrique Vañó Nicomedes, secretario de la CNT de Alcoy (Alicante), y jefe -junto con el alférez Melquíades Valiente- del contingente de la columna alcoyana (compuesta por 534 militares del Regimiento de Infantería de Vizcaya nº 12 - con guarnición en Alcoy - y 687 milicianos anarquistas de la CNT y la FAI) que tras salir de Alcoy el 7 de Agosto de 1936 y llegar a Pedro Abad (Córdoba) el 9 de Agosto de 1936, se dirigió a Cerro Muriano, mientras que el otro contigente - al mando del teniente Roberto García-, se dirigió a Espejo, llegando ambos contingentes a sendos pueblos el 10 de agosto de 1936.

Enrique Vañó Nicomedes - fusilado en Alcoy el 29 de agosto de 1939, a los 28 años de edad, tras consejo de guerra sin garantía jurídica alguna, ya que no tenía delitos de sangre - estuvo muy activo durante la jornada del 5 de Septiembre de 1936, moviéndose entre la Finca de Villa Alicia y la Loma de Las Malagueñas, zona esta última en la que participó en los combates junto con Rafael Miralles de la FAI y Felipe Colomé de la CNT, permaneciendo con los altos mandos republicanos hasta aproximadamente las 21:30 h de la noche, momento en que el comandante Juan Bernal, al no ser ya posible seguir defendiendo la cota ante los feroces ataques de las tropas marroquíes de tabor de regulares, decidió abandonar la posición con su estado mayor - comandantes Balibrea, Armentia y Aviraneta, así como el capitán La Romana y el teniente Roig- , Juan Cimorra, Robert Capa y Gerda Taro, huyendo hacia Cerro Muriano.

En la imagen, vemos como Enrique Vañó Nicomedes, ataviado con mono claro de miliciano, y al que le falta la mano derecha, habla al nutrido y heterogéneo grupo de milicianos anarquistas de Alcoy de la CNT y la FAI así como a combatientes civiles andaluces, tratando de insuflarles todo el ánimo posible antes de la inminente batalla.

Son aproximadamente las 12:30 h de la mañana del 5 de Septiembre de 1936 en la Finca de Villa Alicia, que está repleta de milicianos anarquistas de la CNT y de la FAI (equipados con fusiles y mosquetones Mauser calibre 7 x 57 mm, capturados durante el asalto a cuarteles militares a mediados y finales de Julio de 1936) así como de numerosos milicianos andaluces ataviados con gorras y boinas y armados sobre todo con escopetas de caza.

Se percibe claramente en el rostro de Enrique Vañó Nicomedes - que ha sido informado de la situación real por el capitán republicano Castañeda- la rabia y el gran esfuerzo que realiza para elevar la moral de los combatientes civiles, procedentes de las más diversas profesiones comunes (albañiles, zapateros, agricultores, campesinos, fontaneros, empleados de imprenta, electricistas, obreros metalúrgicos, etc), sin apenas instrucción militar ni pericia en el manejo de las armas, que en un contexto por momentos macabramente surrealista van a enfrentarse en pocas horas a unidades profesionales muy selectas del temido Ejército de Africa, constituidas por los legionarios de la columna franquista de la izquierda al mando del comandante Sagrado (que atacan desde aproximadamente las 10:00 h de la mañana la vertiente sur de Torreárboles) y los legionarios del comandante Baturone ( que tratarán de envolver la cota Torreárboles por su vertiente norte, complementando así el ataque franquista que está teniendo ya lugar sobre su vertiente sur, con un intercambio de disparos de fusil, ametralladora y morteros que está siendo oído por todas las personas que aparecen en la imagen), mientras que la columna de la derecha al mando global del coronel Sáenz de Buruaga (la más importante para el éxito del ataque) y formada  por el Tabor de Regulares de Melilla nº 3 al mando del comandante López Guerrero (perteneciente al Grupo de Regulares de Melilla nº 2 de Nador de la Circunscripción Oriental) y los Escuadrones de Regulares de Ceuta nº 3 y Alhucemas al mando del comandante Gerardo Figuerola, están a punto de lanzar un ataque sobre la colina de Las Malagueñas (donde se halla el puesto de mando avanzado republicano) que se producirá a las 13:00 h y será parado en seco durante varias horas por los alcoyanos que se lanzarán en tromba a por ellos abriendo fuego a discreción, impidiendo la maniobra envolvente de los durísimos soldados marroquíes de Sáenz de Buruaga y ralentizando notablemente el avance de las otras dos columnas franquistas.

La tensión y la angustia que se palpan en la imagen son enormes.

Enrique Vañó Nicomedes, al igual que el otro jefe miliciano anarquista que aparece en la otra fotografía mencionada anteriormente y en la que hace un año descubrimos la cabeza de Gerda Taro en el borde izquierdo de la imagen, está informando a los milicianos - en su mayoría de Alcoy- de que las tropas franquistas les van a atacar pronto y que intentarán arrollarles y caer sobre la espalda de sus compañeros milicianos y soldados regulares leales a la República que defienden la cresta y vertiente sur de Torreárboles, por lo que deben aguantar a toda costa sus embestidas en la Finca de Villa Alicia y cubrir la retaguardia de sus camaradas.

La atmósfera se hace irrespirable para los hombres que aparecen en la imagen y que están escuchando la alocución de Enrique Vañó Nicomedes.

Saben en su fuero interno que la mayoría de ellos van a morir, como así ocurrirá durante la tarde noche de este 5 de septiembre de 1936, en que serán aniquilados.

La propia naturaleza de estos combates - muy distinta a las masivas batallas a partir de 1937 como Brunete, El Ebro, etc- hace que la Finca de Villa Alicia sea con diferencia la zona más peligrosa de toda la batalla, ya que es el área de maniobra envolvente para capturar la importante cota Torreárboles, Franco dispone todavía de escasos efectivos en Andalucía (aunque lo compensan sobradamente, ya que se trata de la élite del Ejército de Africa) y se aplican parámetros de guerra colonial africana basada en la infiltración de pequeñas columnas en territorio enemigo, por lo que es frecuente no hacer prisioneros.

Las tropas franquistas atacantes poseen muy abundante experiencia previa en combate, con unos mandos que llevan casi veinte años luchando en Marruecos, y que son capaces de adaptarse a cualquier contingencia inesperada que pueda surgir, siempre con la gran ventaja de la muy alta moral de combate de los legionarios y los tabors de regulares marroquíes, que con sus rapidísimos movimientos envolventes y su extraordinaria puntería con disparos de media y larga distancia con sus fusiles y mosquetones Máuser, son capaces de alargar las líneas de frente y rectificarlas según las circunstancias, sin olvidar el hecho de que siempre intentan acortar la distancia con el enemigo para el combate cuerpo a cuerpo.

Nadie quiere luchar a la bayoneta contra las temidas tropas del Ejército de Africa.

La inmensa mayoría de los milicianos que escuchan a Enrique Vañó Nicomedes están muy preocupados. Temen por sus vidas.

Hasta pocas semanas antes, los hombres que aparecen en la fotografía, se han ganado la vida trabajando en las profesiones más comunes, en muy duras condiciones laborales de entre 12 y 18 horas al día, tanto ellos como sus mujeres, en habituales contextos de explotación, condiciones sanitarias e higiénicas que dejaban bastante que desear, sueldos míseros, muchas horas extras no pagadas bajo la permanente amenaza latente del despido al menor atisbo de protesta, agotadoras jornadas de trabajo de sol a sol, sobre todo en el ámbito rural, y habitual presencia de niños trabajando tanto en el campo como en las grandes ciudades y pueblos.

Lógicamente, tienen miedo a morir, la película de sus vidas está pasando rápidamente por sus cabezas en estos momentos. Piensan en sus seres queridos, el sudor mana a borbotones, y el stress se incrementa hasta niveles exponenciales, al igual que el odio - por otra parte, este primer año de guerra civil será el más cruento por ambos bandos con respecto al asesinato de civiles en retaguardia, y se han producido ya abundantes masacres por toda España -.

Robert Capa capta este momento con su habitual maestría. Está en el lugar apropiado en el momento adecuado, y lo más cerca posible.

Son muchos los milicianos en cuyo semblante y actitud aparece claramente reflejada la incertidumbre y nerviosismo en grado máximo.

Obsérvese al miliciano de la CNT visible en la mitad inferior izquierda de la fotografía, con la mirada perdida y muy profunda introspección, con su brazo izquierdo estirado y la mano izquierda apoyada en el tonel.

O el miliciano que ocupa la zona central de la mitad inferior de la imagen - del cual únicamente se aprecia la cabeza con el gorro anarquista parcialmente iluminado por la luz solar y la zona superior de la espalda-. Sabe lo que se les viene encima, ha cerrado los ojos y también probablemente piensa en sus familiares más allegados, mientras justo a su derecha otro miliciano de Alcoy con gorro anarquista, muy nervioso, junta los dedos de ambas manos y frota sus uñas mientras mira a Capa.

Vemos también varios hombres que aparecen en algunas de las otras fotografías anteriormente mencionadas, hechas por Capa y Gerda Taro en este mismo día, lugar y momento y descubiertas y ubicadas por elrectanguloenlamano.blogspot.com:

En el vértice inferior izquierdo de la imagen aparece un combatiente civil andaluz vestido con boina clara y chaleco oscuro sin mangas, que está mirando hacia arriba al orador. Lleva una manta sobre el hombro izquierdo y una escopeta de caza a su espalda, colgada de su correa y cuyos dos cañones son parcialmente visibles por detrás de su cabeza.

Justo por encima de él, vemos a un miliciano de la CNT o de la FAI con el típico gorro anarquista, que viste un mono oscuro y un gran pañuelo blanco alrededor del cuello. Está mirando hacia arriba al jefe miliciano mientras pronuncia su arenga.

Este miliciano alcoyano de la CNT o la FAI con el gran pañuelo blanco alrededor de su cuello, aparece también en la mitad superior de una fotografía cuya autoría y localización fue descubierta por el rectanguloenlamano.blogspot.com en:

http://elrectanguloenlamano.blogspot.com/2011/04/cerro-muriano-identificacion-y.html

y que ocupa la zona superior izquierda de la página 727 del Illustrated London News del 24 de octubre de 1936.

Por otra parte, este hombre también aparece en la mitad derecha de otra fotografía cuya autoría y ubicación fue descubierta por elrectanguloenlamano.blogspot.com y que fue publicada originalmente en el libro ROBERT CAPA Cuadernos de Guerra en España (1936-1939) de la Colección Imagen, Sala Parpalló Diputación Provincial de Valencia Edicions Alfons El Magnànim Institució Valenciana D´Estudis I Investigació de 1987, aunque en el libro el pie de foto explica erróneamente que la imagen fue hecha en Madrid en 1936 (una equivocación comprensible, no sólo por lo prolijo de la identificación y ubicación, sino porque el encuadre muy cerrado y la mirada hacia arriba de ambos milicianos hace pensar que se trata de un mítin en gran ciudad), y que en realidad corresponde a la serie realizada por Capa y Taro en la Finca de Villa Alicia, Cerro Muriano, el 5 de Septiembre de 1936, tal y como demostró elrectanguloenlamano.blogspot.com el 12 de Julio de 2011:

http://elrectanguloenlamano.blogspot.com.es/2011/07/cerro-muriano-hallada-y-ubicada-una.html

Por otra parte, en esta nueva fotografía de Capa recién descubierta y ubicada y en la que aparece Enrique Vañó Nicomedes pronunciando una arenga, en el borde derecho de la imagen, con un camión justo a su espalda, vemos a un miliciano de Alcoy con una manta clara sobre su hombro izquierdo. Se halla cabizbajo y pensativo -quizá ya ajeno a las palabras de aliento que están siendo pronunciadas por el jefe miliciano desde una posición elevada- plenamente consciente de que van a enfrentarse muy pronto a las temidas tropas profesionales del Ejército de Africa.

Y en la zona superior izquierda del borde de la imagen, con la parte trasera de su cabeza casi tocando un árbol, otro miliciano está también cabizbajo y pensativo.

Simultáneamente, otro joven miliciano anarquista situado en el vértice inferior derecho del fotograma y en cuya gorra anarquista están bordadas las letras UHP (Unión de Hermanos Proletarios) está con el brazo apoyado en el tonel, también muy preocupado pensando para sus adentros, y no mira hacia arriba a Enrique Vañó Nicomedes, sino en dirección contraria, mientras un combatiente civil andaluz situado detrás de él (con camisa clara y boina oscura) tiene la cabeza baja y fruto del nerviosismo se rasca las uñas.

Dos milicianos muy jóvenes, que están de pie tras la pierna izquierda del jefe miliciano que pronuncia la arenga, están claramente afectados por el miedo. El más próximo a Enrique Vañó Nicomedes viste ropa clara y su gorro anarquista aparece justo por debajo de la mano izquierda del orador. Tiene la mirada perdida y la angustia reflejada en su rostro, mientras que el jovencísimo miliciano - de unos 15 ó 16 años - que está detrás de él presenta muy elevados niveles de ansiedad e inevitable pánico en su semblante.

El combatiente civil andaluz con boina clara que está justo delante de la zona izquierda del gran pañuelo blanco del miliciano anarquista del borde izquierdo del fotograma, tampoco mira ya a Enrique Vañó Nicomedes, sino que se halla absorto en sí mismo, muy consciente del enorme peligro de muerte que se avecina.

Así pues, esta fotografía - al igual que muchas otras - demuestra plenamente algo que ya se sabía: que Robert Capa no vino en 1936 a Córdoba ni a ninguna otra zona de España a hacer fakes ni a utilizar "truquillos", sino a entre otras muchas cosas, jugarse la vida con notable frecuencia para conseguir las mejores fotos posibles, tal y como ocurre en esta imagen y el resto de la serie, en la que Capa está en la zona con diferencia más peligrosa durante aquel día.

Por otra parte, queda totalmente descartada la acusación infundada de que es el propio Robert Capa el miliciano que posa con su brazo izquierdo en alto sobre una trinchera, a la izquierda del todo, agarrando un fusil, en una de las fotografías de la serie de Espejo, ya que en Septiembre de 1936 Bob tiene 23 años y el hombre que aparece en la imagen con camisa blanca - The Falling Soldier - es un hombre ya maduro, de aproximadamente 40 años, al igual que queda demostrado que ninguno de los 11 hombres que posan de pie sobre dicha trinchera a las afueras de Espejo puede ser Enrique Vañó Nicomedes, ya que éste último no estuvo en Espejo (lugar al que corresponde dicha foto de la trinchera) sino en Cerro Muriano, adonde llegó el 10 de Agosto de 1936 al mando -junto con el alférez Melquíades Valiente- del contingente de la columna alcoyana que el 9 de Agosto de 1936 puso rumbo desde Pedro Abad a Cerro Muriano, mientras que el otro contingente al mando del teniente Roberto García marchó a Espejo.

Volviendo al tema que nos ocupa, esta dura imagen aparecida en la página 3 del Número 15 Volumen III de la revista Weekly Illustrated del sábado 10 de octubre de 1936 -bastante más macabra de lo que pueda parecer en un primer vistazo rápido- es un documento fotoperiodístico muy valioso y de enorme dramatismo, que refleja de modo muy fidedigno y preciso lo que es en realidad la guerra, lo cual ha sido captado de manera magistral por Robert Capa, con una fotografía muy representativa, altamente informativa y repleta de compromiso, que sigue los postulados fotoperiodísticos establecidos cuarenta años después de este 5 de septiembre de 1936 por Cliff Edom, Profesor de Fotoperiodismo de la Universidad de Missouri, en su obra Photojournalism de 1976.

Copyright José Manuel Serrano Esparza. LHSA
Inscrito en el Registro Territorial de la Propiedad Intelectual de Madrid

CERRO MURIANO: DISCOVERED AND LOCATED A NEW PHOTOGRAPH MADE BY ROBERT CAPA ON SEPTEMBER 5, 1936. MOMENTS OF PREDEATH ( I I )

José Manuel Serrano Esparza. LHSA
SPANISH VERSION

Córdoba, a remarkable Andalusian province full of history, is increasing more and more its significance in the photojournalistic career of one of the greatest photographers of all time and founder in 1947 of Magnum Agency, along with David Seymour ´Chim´, Henri Cartier-Bresson, William Vandivert and George Rodger.

Photo: Robert Capa

elrectanguloenlamano.blogspot.com has discovered the authorship and located one more photograph made by Robert Capa in Cerro Muriano area, specifically in the Finca of Villa Alicia (approximately 1 km away from Cerro Muriano village, in the southwest), on September 5, 1936, and which adds to the many ones got by both him and Gerda Taro in this zone that we have discovered and located for the last four years.



It is an image captured during the furious address delivered by an anarchist chief to CNT and FAI militiamen from Alcoy (Alicante) and volunteer Andalusian civil men, around 12:30 h midday, and belonging to the series of photographs made by Capa and Taro in this same place and instants and on which we reported in:

http://elrectanguloenlamano.blogspot.com/2010/08/gerda-taro-centenary-of-her-birth-and.html

http://elrectanguloenlamano.blogspot.com/2011/04/cerro-muriano-identification-and.html

http://elrectanguloenlamano.blogspot.com/2011/07/cerro-muriano-new-photograph-made-by.html

http://elrectanguloenlamano.blogspot.com/2011/09/two-more-pictures-made-by-gerda-taro-in.html

This new photograph just discovered and located by elrectanguloenlamano.blogspot.com was published - without indicating the name of the photographer who took the image or the exact location where it was made - on page 3 of Number 15 Volume III of Weekly Illustrated magazine of October 10, 1936, in a 17,6 x 13,9 cm size, from a vintage copy made with the original 35 mm Eastman Kodak panchromatic negative (exposed by Robert Capa with a rangefinder Leica II (Model D) with Leitz Elmar 50 mm f/3.5 lens, from an elevated position) which was sent by Marie-Jeanne Eisner (Director of Alliance Photo Agency, which she had founded in Paris in 1934, and a great professional who had been a pupil of Simon Gutmann in Berlin during the golden ages of Dephot Agency) to Stefan Lorant, editor of Weekly Illustrated, who reframed the image and because of layout needs, edited it in an approximately 4:3 format, similar to the aspect ratio of the 4 x 5 ( 10 x 12 cm) large format, in such a way that it fitted on the lower right area of the quoted page together with other further photographs which hadn´t anything to do with the Spanish Civil War, though Lorant decided to highlight Capa´s picture as much as possible, reproducing it with a bigger size than the rest.

Photo: Robert Capa

But the most important and newly revealed thing in this picture is that the man who is standing on top of a big wooden barrel (barely visible, since it appears mostly concealed by the bodies of some militiamen) is a different man than the one giving another harangue to these same civil combatants in a picture made by Capa in this same place, day and moment, already known for decades and in which elrectanguloenlamano.blogspot.com was able to identify Gerda Taro in the left border of the image:

http://elrectanguloenlamano.blogspot.com/2010/08/gerda-taro-centenary-of-her-birth-and.html

He is nothing less than Enrique Vañó Nicomedes, secretary of the CNT of Alcoy (Alicante) and chief - along with the lieutenant Melquíades Valiente- of the contingent of Alcoy Column (made up by 534 military men belonging to the Infantry Regiment Vizcaya Number 12 - with a garrison in Alcoy- and 687 militiamen from CNT and FAI) who after leaving Alcoy on August 7, 1936 and arriving at Pedro Abad (Córdoba) on August 9, 1936, went to Cerro Muriano (Córdoba), while the other contingent - under the command of lieutenant Roberto García- marched to Espejo, with the two contingents arriving at both villages on August 10,1936.

Enrique Vañó Nicomedes - shot in Alcoy on August 29, 1939, being 28 years old, after a military court-martial held without any legal base, since he hadn´t committed any blood crime- was very active during September 5, 1936 day, moving between Villa Alicia estate and Las Malagueñas Hill, the latter being the area in which he took part in the combats along with Rafael Miralles from FAI and Felipe Colomé from CNT, staying with the Republican high commanders until approximately 21:30 h in the night, when it dawned on major Juan Bernal that it was impossible to keep on defending the hill against the fierce attacks of Moroccan tabor of regulares troops, and he decided to abandon the position with his staff - majors Balibrea, Armentia and Aviraneta, along with captain La Romana and lieutenant Roig - , Juan Cimorra, Robert Capa and Gerda Taro, escaping to Cerro Muriano to save their lives.

In the image, we can see Enrique Vañó Nicomedes, clad in a clear militiaman overalls and lacking his right hand, speaking to the numerous and eclectic group of Anarchist militiamen from Alcoy CNT and FAI and Andalusian civil combatants, striving after conveying them as much courage as possible before the impending battle.

It is approximately 12:30 h in the morning of September 5, 1936 in the Finca of Villa Alicia, which is full of Alcoy militiamen from CNT and FAI (equipped with 7 x 57 mm caliber Mauser rifles and mosquetones, captured during the assaults to military Francoist barracks in mid and late July of 1936) along with a lot of Andalusian militiamen dressed with caps and berets and mainly armed with shotguns.

The face of Enrique Vañó Nicomedes - which has been thoroughly reported the real situation by Republican captain Castañeda- clearly shows the big rage and effort he is making trying to increase the morale of the civilian fighters listening to him and coming from the most different common occupations (shoemakers, farmers, peasants, plumbers, print workers, electricians, etc), with barely any military drill or skill in the handling of guns, who in a macabre and almost surrealistic context, are going to face within a few hours to the cream of professional units of the dreaded Army of Africa, made up by legionnaries of the left Francoist unit under the command of major Sagrado (who are attacking the south slope of Torreárboles hill from approximately 10: 00 h in the morning) and the legionaries of major Baturone (who will try to encircle Torreárboles hill through its north side, so complementing the Francoist attack which is already taking place on its south side, with an exchange of rifle, machine-gun and mortar fire that is being heard by all the persons appearing in the image), while the Francoist right column under the global command of colonel Sáenz of Buruaga (the most important one for the success of the attack) and made up by the Tabor of Regulares of Melilla Number 3 under the command of major López Guerrero (belonging to the Group of Regulares of Melilla Number 2 of Nador of the Eastern Circumscription) and the Squadrons of Regulares of Ceuta Number 3 and Alhucemas under the command of major Gerardo Figuerola, are about to launch an onslaught against Las Malagueñas hill (where the Republican advanced command post is located) which will take place at 13:00 h and will be stopped for some hours by the Alcoyanos, which will pounce en masse on them, opening fire at will, and managing to avoid for some hours the encircling manoeuver attempted by the very hard Sáenz of Buruaga´s Moroccan soldiers and slowing very much the advance of the other two Francoist columns.

Both the patent stress and anxiety visible in the image are huge.

Enrique Vañó Nicomedes, in the same way as the other militiaman chief appearing in the other aforementioned picture and in which we discovered a year ago the head of Gerda Taro in the left border of the image, is reporting the militiamen - mostly from Alcoy - that Francoist troops are going to attack them soon and that they will try to wipe them out and fall on their comrades militiamen and loyalist to the Republic soldiers defending the crest and south slope of Torreárboles, so they must hold at any cost their onslaughts in Finca of Villa Alicia and cover the rearguard of their companions.

The atmosphere becomes unbreathable for the men appearing in the image, who are listening to Enrique Vañó Nicomedes speech.

They know innerly that most of them are going to die, as will happen during the late evening of this September 5, 1936, in which they will be finally routed by the Francoist troops after a stubborn defense of many hours.

The very nature of these clashes - very different to the massive battles from 1937 like Brunete, El Ebro, etc- makes that the Finca of Villa Alicia is with difference the most dangerous zone in the whole battle, for it is the encircling manoeuver area to capture the important Torreárboles hill, Franco still has scarce effectives in Andalusia (albeit he greatly makes up for it, because the troops he is using in the south of Spain are the cream of the Army of Africa) and parameters of ruthless African colonnial warfare based on the infiltration of small units within enemy territory are applied, so it is usual not to take prisoners.

The attacking Francoist troops feature a lot of previous combat experience, with commanders who have been fighting in Morocco for almost twenty years, being able to adapt to any unexpected contingency that can arise, always with the great advantage of the very high combat morale of the legionnaries and Moroccan tabors of Regulares, which are able to extend the front lines and rectify them according to battle circumstances through their exceedingly swift encircling manoeuvers and their remarkable accuracy with medium and long range shots with their 7 x 57 mm caliber Mauser rifles and mosquetones, without forgetting that they always try to reduce the distance with the enemy for the hand to hand combat.

Nobody wants to fight with fixed bayonets against the dreaded troops of the Army of Africa.

Vast majority of the militiamen listening to Enrique Vañó Nicomedes are very worried. They fear for their lives.

Until a few weeks before, the men depicted in the picture have earned their lives working in the most common occupations, suffering very hard labour conditions, both them and their wives, in usual contexts of exploitation, miserable sanitary and hygienic conditions, widespread lack of security measures, exceedingly low salaries, a lot of non paid overtime under the steadfast threat of being sacked at the least glimpse of protest, exhausting working days from dawn to dusk, mainly within the rural scope, and frequent presence of children working both in the countryside and the big cities and villages.

Logically, they are afraid of dying, the movie of their lives is quickly passing inside their heads at the moment. They think about their most beloved relatives and friends, sweat springs up in a gush, and stress increases to the utmost, in the same way as hatred.

Robert Capa captures this moment with his customary mastery. He is in the suitable place at the appropriate moment, and the nearest feasible.

There are a lot of militiamen clearly showing maximum levels of uncertainty and fidgety on their countenances and attitude.

Pay attention to the militiaman from CNT visible on the lower left half of the photograph, having an absent gaze and very deep introspection, with his left arm stretched and his left hand leaned on the barrel.

Or the militiaman on the middle area of the lower half of the image (of whom we can only see his head with the anarchist cap - partially lit by sun beams - and his upper back ). He does know what is approaching, has closed his eyes and is likewise probably thinking of his relations, while just on his right, another militiaman from Alcoy wearing an anarchist cap, highly jittery, joins the fingers of both hands and rubs his nails while he looks at Capa.

We can also see several men who appear in some of the other aforementioned pictures, made by Capa and Gerda Taro in this same day, place and moment and discovered and located by elrectanguloenlamano.blogspot.com:

On the lower left vertex of the image appears an Andalusian civil combatant wearing a clear beret and unsleeved dark waistcoat, who is looking upward in the direction of the speaker. He has a blanket resting on his left shoulder, and a shotgun hanging from its leather strap and whose two barrels are partially visible behind his head.

Just above him, there´s a militiaman belonging to CNT or FAi from Alcoy. He is wearing the typical anarchist cap and is clad in a dark overalls. A large white handkerchief is wrapped around his neck. This man also appears on the upper half of a photograph whose authorship and location where it was made were discovered by elrectanguloenlamano.blogspot.com in:

http://elrectanguloenlamano.blogspot.com/2011/04/cerro-muriano-identification-and.html

and is on the upper left area of page 727 of the Illustrated London News of October 24, 1936.

On the other hand, this man also appears in the right half of another picture whose authorship and location were discovered by elrectanguloenlamano.blogspot.com and which was originally published in the book ROBERT CAPA Cuadernos de Guerra en España (1936-1939) of the Colección Imagen, Sala Parpalló Diputación Provincial de Valencia Edicions Alfons El Magnànim Institució Valenciana D´ Estudis I Investigació de 1987, though inside the book, the caption of the photograph explains wrongly that the image was made in Madrid in 1936 (an understandable error, not only because of the very complex identification and location, but also because the very tight framing and the look upwards of both militiamen makes one think that it is a meeting in a big city), and which really corresponds to the series made by Capa and Taro in the Finca of Villa Alicia, 1 km away from Cerro Muriano village, in the southwest, on September 5, 1936, as was proved by elrectanguloenlamano.blogspot.com on July 12, 2011:

http://elrectanguloenlamano.blogspot.com.es/2011/07/cerro-muriano-new-photograph-made-by.html

On the other hand, in the new picture made by Capa and just found and located, in which Enrique Vañó Nicomedes appears delivering a harangue to the militiamen trying that they pluck up courage before the combat, on the right border of the image, with a lorry just behind his back, we can see a militiaman from Alcoy with a clear blanket on his left shoulder. He is with his head down and pensive - maybe already unaware of the boosting words that are being pronounced by the militiaman chief from an elevated position - he is standing on the big barrel - , fully knowing that they´re going to fight soon against the dreaded professional troops of the Army of Africa.

And on the upper left area of the border of the image, with the back of his head almost touching a tree, another militiaman is also downhearted and lost in thought.

Simultaneously, another young Anarchist militiaman located in the lower right vertex of the picture and on whose Anarchist cap are embroidered the letters UHP (Union of Proletarian Brethren) is with his arm resting on the casket, likewise very concerned and thoughtful, and he isn´t looking upwards to Enrique Vañó Nicomedes, but in opposite direction, while a civil Andalusian combatant behind him (wearing a clear shirt and dark beret) has his head down and is scratching his nails because of the fidgets.

Two very young militiamen, who are standing behind the left leg of the anarchist militiaman delivering the speech, are apparently affected by fear. The closest to Enrique Vañó Nicomedes is wearing clear clothes and his anarchist cap appears just under the speaker´s left hand. He gazes absently and anguish is reflected on his face, while the exceedingly young militiaman - being around 15 or 16 years old - behind him is experiencing very high levels of anxiety and inevitable panic visible on his countenance.

The civil Andalusian combatant with clear beret just in front of the left area of the big white handkerchief of the anarchist militiaman on the left border of the picture, isn´t looking at Enrique Vañó Nicomedes either. He´s thoughtful, very aware about the huge and imminent danger of death.

Therefore, this photograph - in the same way as many others- proves utterly once more, something that was already known: that Robert Capa didn´t come in 1936 to Córdoba or any other area of Spain to make fakes or use "truquillos" (tricks), but - among many other things - to very often risk his own life to get the best possible pictures, such as happens in this image and the rest of photographs of the series, in which Capa is in the most dangerous zone during that day.

On the other hand, the groundless accusation that Robert Capa himself is the man on far left of the image, posing raising his left arm holding a rifle on a trench in one of the pictures of the series taken in Espejo must be discarded and is absolutely false, because in September 1936 Bob is 23 years old and the man appearing in that photograph wearing a white shirt - The Falling Soldier - is more mature and his age is around 40 years old, in the same way that it is utterly proved that none of the eleven men posing raising their rifles on such a trench in the outskirts of Espejo can be Enrique Vañó Nicomedes, because the latter wasn´t in Espejo (location where the picture of the militiamen on the trench was taken) but in Cerro Muriano,where he arrived on August 10, 1936 in command (together with the second lieutenant Melquíades Valiente) of the contingent of the Alcoy column which on August 9, 1936 departed from Pedro Abad to Cerro Muriano, while the other contingent under the command of lieutenant Roberto García marched to Espejo.

Coming back to the point, the hard image published on page 3 of Number 15 Volume III of Weekly Illustrated magazine of October 10, 1936 - much more frightful than it can seem at a first quick glance - is a very valuable and hugely dramatic photojournalistic document, very faithfully and accurately depicting what war really is, which has been masterfully captured by Robert Capa, with a very representative and highly informative photograph, full of compromise, which follows the photojournalistic basic principles set forth forty years after this September 5, 1936 by Cliff Edom, Professor of Photojournalism at Missouri University, in his work Photojournalism from 1976.

Copyright José Manuel Serrano Esparza. LHSA
Inscribed in the Territorial Registry of the Intellectual Property of Madrid.

martes, 14 de febrero de 2012

CAPA FOTOGRAFIÓ A UN SOLDADO REPUBLICANO MUERTO SOBRE UN ÁRBOL A LAS AFUERAS DE TERUEL

José Manuel Serrano Esparza. LHSA
ENGLISH VERSION

Durante las últimas semanas se ha generado un curioso debate centrado en la Hipótesis de Pepe Pásame los Alicates sobre una famosa fotografía hecha por Robert Capa a las afueras de Teruel de un soldado republicano que resultó muerto subido en un árbol mientras reparaba los cables de una línea telefónica, y según la cual se afirma con rotundidad que el soldado republicano que aparece en la imagen está vivo, lo cual no es cierto.

PRECISIONES IMPORTANTES

Photo: Robert Capa. © Estate of Cornell Capa /ICP / Magnum

Hasta la celebración de la exhibición fotográfica La Maleta Mexicana en el International Center of Photography de Nueva York (que tuvo lugar entre el 24 de Septiembre de 2010 y el 8 de Mayo de 2011), ésta era la única foto conocida de las tres tomadas por Capa junto al mencionado árbol en dicho lugar a las afueras de Teruel a finales de Diciembre de 1937, y que ha sido publicada con muy buen criterio durante los últimos veintisiete años por editoriales de notable prestigio internacional en el ámbito fotográfico como Alfred A. Knopf con su libro Robert Capa: Photographs (año 1985), Aperture con su libro Capa: Cara a Cara (año 1999), Phaidon Press con su libro Robert Capa: The Definitive Collection (año 2001), y más recientemente Lunwerg con su libro La Guerra Civil Española: Imágenes para la Historia (Septiembre de 2011) y otros, sin olvidar algunas obras que estaban en buena medida descatalogadas como Robert Capa, Cuadernos de la Guerra Civil en España (1936-1939) editado en 1987 por Ediciones Alfonso el Magnánimo de la Institución Valenciana de Estudios e Investigación y recientemente puesto a la venta por Librería Kowasa.

Pero el libro catálogo de dos volúmenesThe Mexican Suitcase publicado por ICP/Steidl y que comenzó a venderse en Septiembre de 2010 en las instalaciones del International Center of Photography de Nueva York durante la exhibición inaugural La Maleta Mexicana celebrada allí, mostró por primera vez las otras dos fotos captadas por Capa junto al mencionado árbol y que corresponden al carrete de película Agfa formato 35 mm de 36 exposiciones con el que hizo esas tres fotografías y otras 21 más en otros puntos distintos tanto de sus afueras como de su casco urbano, con los dos últimos fotogramas (números 28 y 29) captados en la Plaza del Torico.

Además, tanto las tres fotografías de Capa hechas junto al árbol como las otras veintiuna que realiza después en sitios distintos tanto de las afueras como del interior de la ciudad de Teruel, estuvieron expuestas como contactos 24 x 36 mm en las paredes del ICP de Nueva York durante la primera exhibición a nivel mundial de La Maleta Mexicana (24 de Septiembre de 2010- 8 de Mayo de 2011) y del Musée Départemental Arles Antique durante la segunda exhibición de la misma en el marco de Los Rencontres Photographiques d´Arles (4 de Julio-18 de Septiembre de 2011),

Detalle de la hoja de contactos de 35 mm (con un total de 24 frames) de los negativos 4, 5 y 6 expuestos por Capa en un lugar a las afueras de Teruel entre el 21 y el 24 de Diciembre de 1937 y presente en la pared de una de las salas del Musée Départemental Arles Antique durante la exhibición La Valise Mexicaine celebrada en dicha ciudad en el marco de los Rencontres Photographiques d´Arles (Francia) 2011. Photo: José Manuel Serrano Esparza

en forma de hoja de contactos correspondiente al carrete de película Agfa pancromática de 35 mm y 36 fotogramas utilizado por Capa para exponer los veinticuatro negativos de dicho carrete, inicialmente encontrados de modo desordenado en La Maleta Mexicana el año 2007.

Se trata del carrete 111, correspondiente a la Batalla de Teruel, y expuesto por Capa a finales de Diciembre de 1937, si bien el verdadero experto en Capa Richard Whelan conocía con mayor precisión la fecha aproximada de Diciembre de dicho año en que Capa pudo tomar la foto del soldado republicano muerto en el árbol, tal y como veremos más tarde.

Así pues, el negativo de la foto ya conocida desde hace muchas décadas y en la que aparece el soldado republicano muerto en el árbol es el fotograma número 6 de la primera tira de negativos del carrete, mientras que las otras dos (fotogramas 4 y 5) son respectivamente las dos previas que toma en ese mismo lugar y que conocemos desde hace más de un año.

Es decir, Capa sólo hace tres fotografías del soldado republicano subido en el árbol, de las cuales precisamente la última (fotograma número 6) es la ya conocida desde la época de la Guerra Civil Española (apareció en Regards el 13 de Enero de 1938 y en Life el 24 de Enero del mismo año), después de la cual Capa ya no hace ni una sola foto más en ese lugar, algo muy significativo, notablemente extraño teniendo en cuenta su trayectoria profesional y su manera de fotografiar, y muy importante para el estudio de la famosa fotografía, tal y como veremos en breve.

Por otra parte, el hecho de que en el ICP de Nueva York se conserven los pies de foto originales de Capa sobre el frente de Aragón y en ninguna parte aparezca una alusión al soldado muerto, no significa automáticamente en absoluto que el soldado republicano que aparece en la foto esté vivo.

De hecho, está muerto o bien mortalmente herido muy pocos segundos antes de fallecer.

UNA MUERTE REAL
Desde Enero de 1938 en que la fotografía fue publicada por Regards y Life, se sabe que el soldado republicano subido en el árbol estaba reparando los cables telefónicos que se aprecian en la imagen cuando de repente recibió un disparo, algo que también ha sido explicado en diferentes libros publicados desde principios de los años ochenta sobre Robert Capa, si bien la hipótesis de electrocución defendida por el ICP en la página 283 del mencionado libro catálogo de dos tomos, no puede ser excluida al 100%.

No es menos cierto que la Agencia Magnum, Richard Whelan y Cornell Capa siempre afirmaron con total convicción y discernimiento que el soldado republicano que aparece en la famosa foto de Capa subido a un árbol (la única conocida hasta hace un año de las tres que hace en ese punto, y en la que no aparece su compañero) está muerto a consecuencia de un disparo realizado por un francotirador franquista, lo cual ha resultado cierto como veremos más tarde.

Por otra parte, en los otros dos negativos (fotogramas 4 y 5, conocidos y vistos por miles de personas por todo el mundo desde hace un año) que Capa expone del soldado republicano subido en el árbol, hay varios aspectos diferenciales muy importantes con respecto al negativo número 6, que es la última foto que Capa hace en este lugar:

a) En el negativo número 4

Photo: Robert Capa. © Estate of Cornell Capa / ICP / Magnum

aparece un compañero del soldado republicano que está subido en el árbol. Este segundo soldado está de pie junto al árbol, mientras el hombre que está subido en él se halla intentando reparar los cables del tendido telefónico. Y junto a los pies de este segundo soldado hay una bobina de cable telefónico (apenas perceptible, ya que es de color oscuro y se encuentra en zona de sombra).

Capa toma esta fotografía desde una posición perpendicular a ambos soldados republicanos. Vemos que el soldado que está en el árbol apoya sus piernas, trasero y espalda en varias ramas gruesas, y su posición es natural, conforme a alguien que está trabajando con los cables, por lo que su cuerpo de cintura para arriba está algo inclinado hacia abajo.

Puede apreciarse parte del cable telefónico de la bobina que sobresale por debajo de uno de los pies del soldado que está en el árbol, mientras que su compañero (que aparece de pie, lateralmente y con su brazo derecho algo doblado con respecto a la cámara telemétrica Contax II y el objetivo Carl Zeiss Jena Sonnar 5 cm f/2 no revestido con el que Capa hace la foto) está mirando al suelo, con los ojos en dirección a la zona inferior derecha del fotograma y las manos en los bolsillos (debido a la temperatura de aproximadamente -10º C que hay en la zona de Teruel en esos instantes) y quizá momentaneamente pensando en algo.

Se aprecian también dos cables tensos de teléfono que salen desde el centro del borde izquierdo del fotograma y que con trayectoria ligeramente ascendente confluyen en el árbol donde está el soldado subido, mientras que se ve otro cable tenso que con trayectoria descendente va desde este árbol a un segundo árbol que aparece a la derecha del fotograma.

b) En el negativo número 5,

Photo: Robert Capa. © Cornell Capa Estate / ICP / Magnum Agency

vemos que Capa se ha movido para hacer la foto desde un ángulo distinto, mientras el soldado republicano sigue subido en el árbol trabajando con los cables y ahora está captado totalmente de espaldas, por lo que únicamente apreciamos su abrigo de invierno y el brazo izquierdo agarrando una rama gruesa en la que buscar otro punto de apoyo (los puntos principales de apoyo continúan estando en la rama gruesa sobre la que descansa el trasero, la rama gruesa sobre la que descansa el pie derecho y la rama gruesa sobre la que se apoya la zona inferior del muslo izquierdo, si bien todo ello está oculto por el abrigo del soldado).

El árbol con el soldado subido en él aparece en la mitad izquierda de la fotografía, mientras que el soldado republicano compañero del que está en el árbol aparece ahora también de pie, pero mucho más nítido, tanto sus facciones como su ropa de invierno (pueden distinguirse incluso los botones de su indumentaria). Está mirando a su compañero mientras trabaja con los cables de teléfono subido en el árbol.

Este segundo soldado sigue con las manos en los bolsillos (ahora ambas muñecas son perfectamente visibles).

Se aprecia al fondo una casa rural hecha en piedra, con varias puertas y ventanas.

Y ahora vemos con mucho mayor nivel de detalle la bobina de color oscuro con cable telefónico que está en el suelo junto a los pies del segundo soldado republicano, así como un tramo de cable telefónico de varios metros que asciende desde la bobina hasta las ramas del árbol y cae por el otro lado.

Se aprecia también un cable de teléfono tenso que va - siguiendo una trayectoria ligeramente descendente- desde justo debajo del abrigo del soldado republicano que está trabajando en el árbol hasta el borde derecho del negativo, así como dos cables telefónicos que también con trayectoria descendente -si bien más pronunciada- van desde el árbol hasta el centro del borde izquierdo del fotograma.

Aunque no vemos el rostro del soldado republicano subido en el árbol, es evidente por su postura (agarrado con su brazo izquierdo a una rama gruesa, con su cuerpo a partir de la cintura inclinado hacia abajo y debido a ello la parte trasera de su cabeza no visible por encima del abrigo), que este hombre, al igual que en el negativo 4, está todavía vivo y trabajando con los cables, mientras su compañero le observa.

c) En el negativo número 6 ( la más famosa de las tres fotos, en la que Capa capta al soldado subido en el árbol, sin que aparezca en el fotograma el compañero que sí está incluido en las dos fotos previas que hace en este mismo punto),

Photo: Robert Capa. © Cornell Capa Estate / ICP / Magnum

vemos que la posición del soldado republicano subido en el árbol es totalmente distinta a la de los negativos 4 y 5, ya que ahora no está inclinado hacia abajo trabajando con cables, sino que estaba tirando de un cable telefónico (que se aprecia en la imagen saliendo de la zona superior del borde izquierdo del fotograma) agarrado con su mano derecha, cuando de repente ha recibido un disparo que le ha matado, y ha quedado en una posición notablemente forzada, con su espalda muy inclinada hacia atrás y la cabeza todavía más.

Este soldado continúa con buena parte de su cuerpo descansando sobre su pie derecho -apoyado en una rama gruesa del árbol- , y aunque a diferencia de las dos fotos precedentes, su pierna izquierda cuelga ahora del árbol, la zona inferior del muslo izquierdo está apoyada también sobre una rama gruesa, y el trasero está igualmente apoyado en otra rama gruesa oculta por el abrigo del soldado-.

Esta posición en la que aparece el soldado republicano en el árbol en el negativo 6 es excesivamente forzada y rígida, demasiado inclinada hacia atrás, con el riesgo de que las ramas sobre las que se apoya la espalda y zona superior de su brazo derecho se rompan, ya que aunque gruesas, son de bastante menor anchura que las que soportan el peso de su pie derecho, zona inferior del muslo izquierdo y trasero.

Evidentemente, la hipótesis de Pepe Pásame los Alicates queda totalmente descartada, ya que este hombre está con la mirada excesivamente hacia el cielo y si estuviera pidiendo una herramienta a su compañero de pie junto al árbol, miraría hacia abajo, al margen de que lo normal es que un soldado que sube a un árbol con intención de reparar un cable telefónico, lleve los alicates o la herramienta que fuere en un bolsillo, para tenerlo en todo momento a mano.

Pero además, la postura es muy rígida y agónica, repleta de stress, y el soldado tiene los ojos abiertos con evidente expresión de shock, y su mano izquierda aparece aferrada a una rama del árbol, al tiempo que su mano derecha ase un extremo de cable (el cual es visible con trayectoria descendente partiendo desde el borde superior izquierdo del fotograma, llega hasta la mano derecha del soldado - que sujeta un pequeño tramo del mismo- y continúa después en sentido descendente, combado por gravedad).

La expresión facial de este hombre no corresponde en absoluto a la de una persona que esté pidiendo unos alicantes o ninguna otra cosa.

Puede apreciarse además claramente en dos de los reencuadres selectivos que hemos realizado, que la mano derecha del soldado que ase este pequeño tramo de cable telefónico del cual estaba tirando, ha quedado prácticamente inerte o bien con sus últimas fuerzas de agarre tras recibir el disparo (o bien la descarga eléctrica, que no puede ser descartada al 100%) y apoyada en una rama del árbol -más gruesa de lo que pudiera pensarse en un principio viendo la fotografía completa-, con los dedos de la mano doblados hacia adentro y el cable telefónico sujeto todavía entre dos de ellos (anular y medio).

Ese es el motivo por el cual el cable telefónico aparece todavía tenso.

También se puede comprobar visualmente en estos dos reencuadres de la mano derecha agarrando el cable de teléfono - que aparece en color oscuro-, que la fuerza de agarre de este hombre ha disminuido notablemente y el cable que a buen seguro tenía sujeto inicialmente en la zona media de separación entre los dedos índice y medio hasta los nudillos con la mano cerrada y probablemente con varios dedos más contribuyendo al apriete por debajo) está ahora algo más allá del extremo superior de los nudillos de los dedos índice y medio, a punto de soltarse, en vez de hallarse en una posición más próxima a la juntura de ambos dedos, tal y como muy probablemente estaría antes del disparo, y que potencia mucho más el agarre.

Por otra parte, su boca está excesivamente abierta, al igual que sus ojos, con un claro gesto de dolor y shock inesperados.

Y por si todo ello fuera poco, en dos de los reencuadres que hemos realizado puede apreciarse con claridad que a consecuencia del impacto de la bala, que ha lanzado hacia atrás la mitad superior de su cuerpo, en especial la testa, su gorro ha quedado torcido y algo desencajado en su cabeza, con aproximadamente un 40% de la mitad de la zona superior de la misma (zona izquierda) sin cubrir, lo cual es muy extraño, ya que la temperatura a las afueras de Teruel en esos momentos era de aproximadamente -10º C, por lo que si el soldado estuviera vivo, el gorro aparecería firmemente apretado en su cabeza para protegerle del gélido frío en lo alto del árbol durante los minutos que tardara en reparar los cables.

Así pues, por todo lo anteriormente mencionado, esta imagen, a diferencia de las dos anteriores (negativos 4 y 5) no corresponde en absoluto a la de un hombre vivo que está trabajando, sino a la de un hombre que ha muerto de modo inesperado por impacto de una bala calibre 7 x 57 mm Mauser de alta velocidad (730 metros/segundo) disparada por un soldado franquista desde media o larga distancia mientras tiraba del cable telefónico.

Es muy difícil saber con certeza si la fotografía está hecha justo después de que el soldado republicano en el árbol recibe el disparo o bien segundos o incluso minutos después.

Pero teniendo en cuenta la manera de trabajar de Capa, su gran velocidad de movimientos y precisión en el timing, y el hecho de que conocemos el negativo número 7 expuesto en un lugar totalmente distinto de las afueras de Teruel, existe una posibilidad mucho más alta de que Capa sacara la foto justo después de escuchar el disparo y oir el grito del soldado republicano al recibir el tiro, poniéndose a continuación rápidamente a cubierto para evitar mayores riesgos, al igual que harían tanto el otro soldado republicano de pie junto a la bobina de hilo telefónico, como el resto de soldados y quizá algún oficial que que a buen seguro estaban en ese punto, a algunos metros de distancia y que no aparecen en las tres fotos que hace Capa en este lugar.

Por otra parte, si Capa sacó la foto con su habitual gran rapidez justo tras oír el disparo y el grito del soldado en el árbol al ser impactado por la bala - que es lo más probable-, existe una posibilidad muy alta de que el hombre que aparece en la imagen acaba de recibir el tiro, y mortalmente herido, con sus postreras energías, se aferra instintivamente al cable telefónico con su mano derecha - que no puede impedir que caiga sobre la rama y se apoye en ella al perder fuerza de agarre-, lo cual mantiene su tensión, mientras con la mano izquierda se agarra a otra rama, preservando un muy forzado equilibrio, viable porque su pierna derecha, zona inferior del muslo izquierdo y trasero están apoyados en ramas gruesas del árbol.

NUEVAS EVIDENCIAS CONFIRMAN LA VERACIDAD DEL PIE DE FOTO DE LA AGENCIA MAGNUM
Una vez más, las 205 soberbias ampliaciones maestras en tamaño 38´8 x 48´8 cm realizadas por Teresa Engle Moreno sobre papel baritado a partir de copy negatives de los contactos de 35 mm de fotografías hechas por Robert Capa durante la Guerra Civil Española y donadas al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid en 1999 por Cornell Capa, han sido muy importantes para analizar en profundidad la imagen del soldado republicano en el árbol, que fue una de las seleccionadas por el ICP de Nueva York en dicho año para tal colección.

Han pasado ya más de doce años desde que Richard Whelan, con diferencia el más grande experto en Capa de todos los tiempos, pronunció su mítica conferencia en el Museo de Arte Reina Sofía aquel inolvidable 25 de Mayo de 1999 en el CARS, donde mostró su profundísimo conocimiento sobre dicho fotógrafo, en un acto en el que estuvo también presente Irme Schaber, máxima experta mundial en Gerda Taro.

Fue Cornell Capa en persona quien encargó a Teresa Engle Moreno la realización de las mencionadas copias en tamaño grande.

Una de ellas fue la del soldado republicano subido a un árbol y muerto de un balazo por un soldado franquista en funciones de francotirador que le disparó mientras reparaba los cables de un tendido telefónico.

Photo: Robert Capa. © ICP New York

La calidad y nivel de detalle en esta copia - al igual que con las otras 201- es tan grande, incluyendo las zonas high key y low key más difíciles de reproducir, que hemos podido realizar ampliaciones de zonas concretas de la imagen que permiten prácticamente asegurar que el soldado republicano que aparece en el árbol (negativo número 6 del carrete 111 de La Maleta Mexicana) está muerto o bien mortalmente herido muy pocos segundos antes de fallecer.

Resulta verdaderamente fascinante que pese a que Capa hizo la fotografía entre el 21 y el 24 de Diciembre de 1938 - es decir, hace nada menos que 74 años- con película Agfa pancromática de nitrato de sensibilidad aproximada Weston 40 (en torno a ISO 32) y grano bastante visible, la muy buena acutancia de dicha emulsión de blanco y negro del carrete 111 (potenciada al máximo al ser realizado el revelado con Agfa Rodinal en dilución 1+50 a 24º C durante 8 minutos en tanque Leitz Correx Cordo por el experto en la Maleta Mexicana Csiki Weisz, que conocía bien tanto la excelente nitidez de contornos y gran nivel de discernibilidad de detalles como el gran control del contraste que aporta este líquido concentrado al negativo final obtenido) y la pericia de la printista de talla mundial Teresa Engle Moreno (positivadora de muchas fotografías de Capa así como de las Life Pictures Collections, master printer y profesora del ICP New York durante 16 años y que durante años ha impartido clases en los Rencontres Photographiques d´Arles) que realizó la ampliación de la foto del soldado republicano en el árbol a partir de un copy negative realizado sobre el contacto de 35 mm de dicha imagen hecho por Csiki Weisz en París el 25 ó 26 de Diciembre de 1937 con ampliadora Leitz Focomat 1 VIWOO Model 1934 utilizando el negativo original Agfa 24 x 36 mm - y que forma parte de la colección de más de 70.000 contactos de Capa que albergan los archivos del ICP- permiten apreciar un notable nivel de detalle en los reencuadres selectivos de zonas pequeñas de la imagen captada a las afueras de Teruel.





EL NEGATIVO NÚMERO 7: OTRA PRUEBA PRÁCTICAMENTE DEFINITIVA
También gracias al ICP de Nueva York y su excelente libro catálogo de dos tomos La Maleta Mexicana, editado por ICP/Steidl y fruto del gran e histórico trabajo realizado durante tres años por Cynthia Young (Assistant Curator del ICP New York), Kristen Lubben (Associate Curator del ICP New York) y Brian Wallis (Chief Curator del ICP New York) clasificando y ordenando todo el contenido de las tres cajas - además de realizar muchas otras cosas que han sido decisivas-, conocemos desde hace un año no sólo los dos fotogramas previos 4 y 5, sino también los negativos de las fotografías que Capa hizo después de la del soldado republicano muerto en el árbol mientras reparaba unos cables de teléfono y que corresponden al mismo carrete Agfa panchromatic formato 35 mm de 36 exposiciones.

Photo: Robert Capa. © Cornell Capa Estate / ICP / Magnum

El negativo número 7 fue expuesto en otra zona de las afueras de Teruel, y en él aparecen personas distintas (cinco soldados republicanos - dos de los cuales llevan en su mano derecha Mosquetones Mauser 1916 calibre 7 x 57 mm- y un hombre con indumentaria color oscuro, gruesa bufanda negra y boina negra, que podría ser un oficial) que avanzan por un camino algo en pendiente, mientras al fondo se distinguen varios soldados y oficiales republicanos más, dos de ellos charlando.

Este contacto número 7 es enormemente importante, ya que demuestra sin ningún género de dudas que el negativo número 6 (la imagen en la que se ve al soldado republicano subido al árbol, sin que aparezca su compañero en el fotograma, y en una postura muy forzada y repleta de stress, muy inclinado hacia atrás con peligro de que las ramas en las que se apoya su espalda se rompan, y con los ojos y su mueca facial mostrando abundante shock) es la última fotografía que Capa toma en ese punto.

Y el que no haga más fotos en este lugar es muy extraño, sobre todo si tenemos en cuenta la manera de fotografiar de Capa y su trayectoria profesional.

Evidentemente, si el soldado republicano muerto en el árbol del negativo 6 estuviera pidiendo a su compañero una herramienta (alicates o lo que fuere), sin ninguna duda Capa habría hecho la foto del momento en que el segundo soldado que está de pie junto al árbol le entrega dicha hipotética herramienta, ya que Bob siempre estaba muy pendiente de captar los momentos representativos, una constante en su cobertura de la Guerra Civil Española desde que llegó a España el 5 de Agosto de 1936.

De hecho, Capa realizó grandes esfuerzos por plasmar dichos instantes entre Agosto de 1936 y finales de Mayo de 1937, ya que durante dicho período utilizó una Leica III (Model F) 1933-1939 con objetivo Summar 5 cm f/2 y una Leica II (Model D) con objetivo Elmar 5 cm f/3.5- esta última propiedad de Csiki Weisz, que se la presta a Capa y Gerda Taro a partir de mediados de Noviembre de 1936-, cámaras que tenían ventanas distintas para el telémetro y el visor, por lo que el fotógrafo tenía que enfocar primero y encuadrar después.

Capa hizo muchas fotos representativas en distintos frentes de la Guerra Civil Española durante sus diez primeros meses de estancia en España, pese a que la cámara que llevaba , por las mencionadas razones, aún siendo muchísimo más rápida que las cámaras de gran formato y formato medio mayoritarias en la época, por las razones anteriormente mencionadas, en comparación con las dos mejores cámara de Zeiss Ikon en aquellos momentos - los modelos Contax II y Contax III- ralentizaba su producción y estilo de fotografiar, basado en la máxima rapidez posible, los movimientos muy veloces gracias a su muy buena condición atlética y una gran precisión en el timing al apretar el botón liberador del obturador para captar los momentos importantes.

Pero a principios de Mayo de 1937, tuvo lugar una reunión en el despacho de Henry Luce, propietario y editor de Life Magazine y de Time Inc. en la planta 31 de la Calle 48th de Nueva York, entre éste, Wilson Hicks (Executive Editor), Daniel Longwell (Executive Editor), John Shaw Billings (Managing Editor) y Edward K. Thompson (mano derecha de Wilson Hicks desde 1937 y el mejor editor de fotografías de todos, hasta tal punto que en algunas ocasiones en que había presión de tiempo fue capaz de elegir las mejores imágenes de algunos carretes de 35 mm de Alfred Eisenstaedt en el cuarto oscuro mirando los negativos todavía húmedos con fijador tiosulfato de sodio), en la que acordaron dar el máximo apoyo posible a Robert Capa a través de Richard de Rochemont, Director de Time Life Inc. en Europa, cuya oficina principal estaba en París, ya que la revista Life estaba muy interesada en que Capa les enviara fotos lo más significativas posibles de la Guerra Civil Española.

En dicha reunión se acordó también que Richard de Rochemont - que era además director de la serie cinematográfica The March of Time Europe- entregaría a Capa una cámara de cine Eyemo de 35 mm y le financiaría una nueva cámara fotográfica telemétrica Contax II (elegida en lugar del modelo Contax III por ser más pequeña y manejable, y por el hecho de que Bob no necesitaba exposímetro incorporado, ya que calculaba la velocidad de obturación y el diafragma por estimación y conforme a su experiencia) con objetivo Carl Zeiss Jena Sonnar 5 cm f/2 con objeto de que aumentara todo lo posible su velocidad de trabajo y producción fotográfica.

Y así ocurrió en la reunión que mantuvieron Robert Capa y Richard de Rochemont en París entre el 20 y el 25 de Mayo de 1937, a partir de la cual Capa dejó de usar su Leica III (Model F) 1933-1939, cambiando a una Contax II con objetivo Carl Zeiss Jena 5 cm f/2 no revestido, con la que hizo muchas fotos representativas a partir de ese momento, trabajando con mucha mayor comodidad, ya que además de no tener que enfocar y reencuadrar por separado, los 90 cm de longitud de base del telémetro de la Contax II con magnificación de 0.75 x aportaban una velocidad y precisión de enfoque mucho mayor, era un telémetro mucho menos propenso a descentramientos y por otra parte, la carga y descarga de película en la Contax II era mucho más fácil que en la Leica III, gracias a su respaldo extraible.

Tan importante relación entre Capa y Life se vió todavía más reforzada durante la reunión que mantuvieron en Octubre de 1937 en la oficina principal de Life y Time Inc. del edificio Chrysler de Nueva York Robert Capa -que estuvo alojado en el hotel Bedford de la 40th West Street-, Henry Luce, Wilson Hicks, Daniel Longwell, John Shaw Billings y el genio Ed Thompson, donde Bob firmó su contrato con Life magazine, el más importante de su vida.

Si tenemos todo ello en cuenta, resulta muy pero que muy extraño que si el soldado republicano del negativo número 6 está vivo y pidiendo unos alicates o la herramienta que fuere a su compañero, bien en ese momento o instantes después, Capa no sacara la fotografía de justo el momento en que se la entrega, ya que tiene una cámara mucho más apta para hacerlo rápidamente que la Leica III que utilizó entre Agosto de 1936 y principios de Mayo de 1937 y con la que siempre estuvo muy atento para captar ese tipo de momentos representativos.

Capa hubiera intentado hacer la foto del instante en que el soldado de pie junto al árbol entrega los alicates o cualquier otra herramienta al soldado que está subido el árbol con cualquier cámara que hubiera tenido a mano, aunque hubiera sido una Kodak Brownie.

Pero la realidad es que tal instante no se produjo. No hubo entrega de alicates ni herramienta alguna al soldado republicano que aparece en el árbol en el negativo 6, y que está claramente muerto o bien mortalmente herido y con sus últimas energías antes de fallecer.

El negativo número 7 demuestra con rotundidad, sin margen para la duda, que el fotograma número 6 es la última foto que Capa hace en ese lugar y que el soldado que aparece subido en el árbol no está pidiendo nada a su compañero (como claramente verifican los reencuadres que hemos realizado), sino que está muerto o bien mortalmente herido muy pocos segundos antes de fallecer a consecuencia de un disparo probablemente calibre 7 x 57 mm Mauser (el mayormente usado en el bando franquista y desde un punto de vista militar con excelentes cualidades balísticas, hasta tal punto que durante la Guerra Civil Española se hizo tristemente célebre, al igual que su sonido "pac" de impacto, por por su alcance letal hasta los 2000 metros y por ser capaz de matar con precisión hasta distancias de 1000 y 1200 metros) hecho por un soldado franquista desde larga distancia apoyando el fusil Mauser Modelo 1893 de cañón largo o Mosquetón Mauser 1916 sobre una base firme.

IMPOSIBILIDAD DE QUE CAPA NO HAGA MÁS FOTOS EN EL LUGAR DONDE EXPONE LOS NEGATIVOS 4, 5 Y 6 PORQUE TIENE POCA PELÍCULA Y DESEA DOSIFICARLA
Es cierto que durante la segunda mitad de los años treinta la película fotográfica era escasa y cara, sobre todo la de 35 mm, que por entonces era todavía considerado el "formato pequeño".

Tanto Capa como Gerda Taro tuvieron en algunos momentos problemas de suministro de película, entre Agosto de 1936 y Julio de 1937.

Pero en Diciembre de 1937, ésto prácticamente no afectaba a Capa, fotógrafo ya muy reconocido, que trabajaba entre otros medios para la revista Life (la más importante del mundo en ese momento y con un enorme poder económico e influencia), Regards (por entonces una de las publicaciones fotoperiodísticas más señeras de Europa), The Illustrated London News (uno de los más influyentes periódicos británicos), Ce Soir, Schweizer Illustrierte Zeitung (revista ilustrada suiza de gran calidad, muy similar en su concepción al Berliner Illustrierte Zeitung), Weekly Illustrated, etc, y estaba muy bien surtido de película por cuatro vías principales:

a) Richard de Rochemont, a quien Henry Luce en persona había ordenado a mediados de Diciembre de 1937 que enviara abundante película de 35 mm desde París a Valencia por avión a Robert Capa, porque Life (que había iniciado su relación con Bob publicando a finales de Diciembre de 1936 algunas de las fotos que éste había hecho en Madrid durante las dos últimas semanas de noviembre y primera semana de diciembre de dicho año) quería poner toda la carne en el asador, sin límite presupuestario alguno, en la cobertura fotográfica de la Batalla de Teruel.

Rochemont ( que disponía de una cuenta abierta en París por Henry Luce para que sufragara todos los gastos que pudieran surgir) estaba en contacto permanente con las fábricas Agfa Gevaert de Mortsel y Amberes en Bélgica a través de Hendrik Kuijpers (Director Técnico) y R.G.Tritsmans (Ingeniero Jefe), así como con la gran fábrica alemana del consorcio I.G Farben de Wolfen y también con varios distribuidores de película Agfa en la capital francesa.

Y siguiendo las órdenes de Luce, envió a Capa a Valencia por avión durante la tercera semana de Diciembre de 1937 una importante cantidad de carretes de película 35 mm Agfa Gevaert belga, Agfa alemana y Kodak SS Panchro de nitrato (anteriormente, cuando era menos famoso, el fotoperiodista había utilizado película de cine Eastman Kodak pancromática de nitrato de 35 mm sin numeración de fotogramas introducida en chasis de distinta longitud, lo cual salía más barato), conocedor de que Capa empezaría a hacer fotos en Teruel el 21 de Diciembre de 1937, como así ocurrió (Bob siguió yendo diariamente a Teruel saliendo desde Valencia, durante cuatro días seguidos -21, 22, 23 y 24 de Diciembre de 1937- , marchando a Barcelona durante la tarde noche del día 24 de dicho mes, para pasar la Nochebuena en la Ciudad Condal, donde permaneció hasta el 2 de Enero de 1938, fecha en que regresó a Teruel, abandonando para siempre esta ciudad durante la noche del 3 de Enero de 1938 en que viajó a París - dos semanas y media después, el 21 de Enero de 1938, zarpó de Marsella junto con John Fernhout a bordo del barco Aramis con rumbo a China, donde llegó el 16 de Febrero, permaneciendo en dicho país hasta el 22 de Septiembre de 1938-).

Y cuando Capa volvía a Valencia con sus carretes expuestos, el avión llevaba dichos carretes de 35 mm a París, donde Csiki Weisz los revelaba, en una operación financiada por Henry Luce de su propio bolsillo y que se llevó a cabo con el máximo sigilo.

Capa venía utilizando este sistema sobre todo desde el 12 de Mayo de 1937, cuando llevó a bordo de un coche Packard 120 con motor de 8 cilindros sus carretes de 35 mm que había expuesto durante la Batalla de Monte Sollube al aeródromo de Lamiako, situado a las afueras de Bilbao, donde le esperaba un avión cuyo piloto viajó hasta Biarritz y desde allí los envió por correo urgente hasta París, donde fueron recogidos por Csiki Weisz, que los reveló, hizo los contactos y envió las mejores fotos a Ce Soir, que publicó un extenso reportaje.

b) La revista francesa Regards, que llevaba ya muchos meses comprando fotos a Capa. Los editores de Regards estaban muy contentos con los reportajes que habían publicado con fotos realizadas por Bob en distintos frentes, que les habían hecho subir notablemente las ventas de la publicación (sobre todo a raíz del gran reportaje publicado en el número del 10 de Diciembre de 1936 titulado La Capitale Crucifiee, con excelente maquetación elaborada por el artista Édouard Pignon, director de arte de la revista), y también le enviaban película con cierta frecuencia.

No en vano, Regards había sido la publicación que envió a Capa a Madrid como fotoperiodista en dos viajes distintos en solitario: uno entre el 18 de Noviembre y el 5 de Diciembre de 1936 y otro en Enero, en el que sólo estuvo un par de días en la ciudad.

c) León Daniel, director de la agencia fotográfica Pix en Nueva York, que había contratado a Capa durante el viaje de éste a Nueva York en Octubre de 1937.

Bob no estaba satisfecho con los resultados de la agencia Black Star que anteriormente le había representado en Estados Unidos, por lo que decidió trabajar para León Daniel, que además era hermano de su amigo Henri Daniel, que había sido uno de sus primeros agentes en París desde 1935.

Por otra parte, Capa consiguió convencer a León Daniel para que contratara también a su hermano Cornell como ayudante de cuarto oscuro de la agencia - Cornell ya tenía experiencia en tal faceta, ya que durante la segunda mitad de Junio y Julio de 1936 había trabajado en París como aprendiz del fotógrafo húngaro Emeric Fehér, y a la vez hacía copias en papel de fotos de Bandi en el cuarto de baño de una habitación que alquiló en el Hôtel de Blois y que había sido convertida en cuarto oscuro-.

Además, Capa también consiguió que León Daniel diera trabajo a su amigo Ladislaus Glück -que había sido director financiero y asistente creativo de Simon Guttman a principios de los años treinta y había ayudado a Bob en 1931 durante su etapa en Dephot Berlín- como redactor de pies de fotos.

d) Csiki Weisz, gran amigo de Capa desde la infancia en Budapest y su hombre de laboratorio en París. Weisz vivía y pasaba muchísimas horas diarias metido en el cuarto oscuro del Capa Attelier en 37, rue Frodivaux, París - donde Bob se había trasladado a principios de 1937- , revelando sus rollos de película de 35 mm, y a diferencia de 1934, 1935 y 1936 en que ambos pasaron por frequentes problemas económicos, sus ingresos habían aumentado notablemente desde Febrero de 1937, Capa vendía fotos a muchas revistas importantes diferentes y ya había contratado a Csiki Weisz con un sueldo fijo, abonándole mensualmente un porcentaje de las ganancias.

Weisz era un hombre muy metódico y disciplinado, con gran destreza manual y revelador y positivador de enorme nivel, que conocía en profundidad tanto las propiedades de las emulsiones con las que trabajaba como el estilo de fotografiar de Capa, al que admiraba en gran manera. Una vez que las películas expuestas por Capa llegaban a París, él las revelaba y hacía los contactos y copias necesarias, encargándose también frecuentemente de enviar las copias de las fotografías más representativas a los medios más importantes y que mejor pagaran.

Csiki Weisz enviaba también por correo certificado urgente toda la película de 35 mm que buenamente podía - comprada en París- a Capa, allí donde estuviese.

NO ES CIERTO QUE NO HUBIERA TROPAS FRANQUISTAS EN LA ZONA EN ESOS MOMENTOS
También según la Hipótesis de Pepe Pásame los Alicates, es imposible que el soldado republicano subido en el árbol recibiera un disparo de un francotirador enemigo, ya que en esos momentos no había tropas franquistas en la zona, lo cual es totalmente incierto.

Evidentemente, entre el 21 y el 24 de Diciembre de 1937, cuando Capa hace la foto, las tropas republicanas dominan la situación, tanto en el casco urbano de Teruel (donde únicamente resisten los aproximadamente 4.000 hombres de la guarnición del coronel Rey d´Harcourt - 52ª División franquista - en distintos reductos, sobre todo en el Palacio de la Gobernación y en el Seminario) como en los aledaños de la ciudad.

La ofensiva planeada por el general Vicente Rojo y Hernández Saravia -conocedores de que Franco tenía concentradas en forma escalonada un total de doce divisiones desde el Valle del Jalón hasta Medinaceli, así como en la provincia de Guadalajara desde principios de Diciembre de 1937 para intentar lanzar el ataque definitivo sobre Madrid- logra el necesario factor sorpresa total y tiene éxito debido a la enorme superioridad numérica (60.000 atacantes frente a aproximadamente 4.000 defensores franquistas), la necesidad apremiante de ofrecer una victoria a la opinión pública internacional y a la incursión de un ya muy experimentado Enrique Líster, que - al igual que había ocurrido en Brunete cinco meses y medio antes- es quien rompe el frente el 15 de Diciembre de 1937 con su 11ª División hasta conquistar el pueblo de Concud -6 km al noroeste de Teruel capital- y sus lomas circundantes.

Al mismo tiempo, el XVIII Cuerpo de Ejército Republicano (Divisiones 34 y 64) al mando del Coronel Fernández-Heredia avanza por el sur en dirección a la ciudad, poniendo en fuga a los defensores franquistas de Puerto Escandón (unos 16 km al sureste de Teruel), que se ven obligados a huir hasta Teruel capital, de tal manera que el 17 de Diciembre de 1937, ambas unidades contactan entre sí y completan la maniobra de tenaza sobre Teruel, que queda totalmente rodeada por abundantes tropas republicanas provistas de 400 cañones y 100 tanques T-26 y BT-5, así como unos 120 aviones como apoyo aéreo.

Por su parte, el centro del ataque republicano es llevado a cabo por el XX Cuerpo de Ejército al mando del teniente coronel Leopoldo Menéndez, mientras que el ala derecha de la ofensiva republicana lo forma una columna de 16.000 hombres y 15.000 en reserva al mando del coronel Juan Ibarrola.

Líster y Fernández-Heredia deciden atacar rápidamente La Muela de Teruel, una colina situada al oeste de la ciudad y de enorme importancia estratégica, ya que desde ella se domina la villa con artillería, lo cual se consigue rápidamente, siendo finalmente capturada el 18 de Diciembre por la División 34 republicana.

Miles y miles de soldados republicanos continúan llegando a las inmediaciones de Teruel, y el porcentaje de soldados franquistas ubicados en sus afueras está teniendo muchas bajas y se halla a punto de sucumbir, por lo que el coronel Rey D´Harcourt decide retirar a sus hombres al interior de la ciudad y plantear una batalla casa por casa, tratando de ralentizar todo lo posible la victoria republicana y dar tiempo a que lleguen refuerzos franquistas, de tal modo que al día siguiente, las fuerzas republicanas atacan en las zonas del campo de fútbol - conquistado por la 34 División- y el cementerio, ya prácticamente tocando el casco urbano de Teruel.

A partir del 19 de diciembre de 1937 llegan a la zona de las afueras de Teruel tropas franquistas del general Aranda (divisiones 81 y 84), pero su número no es suficiente para poder romper el cerco, por lo que se dedican a observar las posiciones enemigas a las afueras de Teruel (para buscar puntos de ruptura por donde atacar a medio plazo y tratar de romper el cerco cuando lleguen más refuerzos) y a dificultar todo lo posible las comunicaciones telegráficas y telefónicas de los sitiadores con el exterior, ya que para Franco es muy importante tratar de evitar por todos los medios la comunicación en tiempo real de los mandos republicanos que tienen sitiado Teruel con las ciudades de Madrid, Valencia y Barcelona.

Entre el 19 y la madrugada del 20 de Diciembre, el XX Cuerpo de Ejército republicano conquista las posiciones franquistas de Puerto Escandón y Castralvo.

El Campesino - una vez despejado el camino por la 11 División de Líster, el XVIII Cuerpo de Ejército del coronel Fernández-Heredia y la 35 División Internacional del General Walter- percute por la zona central, tratando de llegar a la Plaza del Torico cuanto antes, lo cual no consigue debido a la enconada resistencia numantina ordenada por Franco a Rey D´Harcourt.

Pero el 22 de Diciembre, las tropas republicanas consiguen abrirse paso hasta la Plaza del Torico, que es capturada previo uso masivo de artillería y ataques con carros T-26 y BT-5.

A partir de ese momento, la lucha se hace todavía más enconada y los contingentes de tropas franquistas del coronel Rey D´Harcout se retiran al sur de la ciudad con intención de seguir retrasando todo lo posible el avance de las tropas republicanas, parapetados en el Hotel Aragón, el Gobierno Civil, el Seminario, el Banco de España y el Convento de Santa Clara, en espera de refuerzos franquistas.

Teruel se convierte en un Stalingrado en pequeña escala, se combate casa por casa y las tropas republicanas se ven obligadas a utilizar constantemente la artillería para poder desalojar a los defensores franquistas, cañoneando edificio por edificio.

Las bajas por ambos bandos son muy elevadas.

Capa llega a Teruel el 21 de Diciembre de 1937 a primera hora de la mañana. Hace muchas fotos de soldados y oficiales republicanos en medio de un brutal frío de más de 10 grados bajo cero y vuelve a Valencia por la tarde, con sus primeros carretes expuestos de la Batalla de Teruel.

Al día siguiente, Capa contacta en Valencia con Ernest Hemingway, el periodista norteamericano Herbert Matthews (reportero del New York Times y amigo personal de Robert Capa) y el periodista británico Dennis Sefton Delmer (jefe de la oficina parisina del Daily Express). Los tres están también haciendo el viaje diario de ida y vuelta a Teruel en el coche de Mathhews.

A partir de ese momento, los días 22, 23 y 24 de Diciembre de 1937, Capa hace a diario la ruta Valencia-Teruel / Teruel-Valencia, realizando muchas más fotos por la mañana en Teruel y volviendo durante la tarde-noche a la capital del Turia con los carretes expuestos.

El 24 de Diciembre de 1937 por la tarde, Capa entrega el paquete con todos los carretes de 35 mm que ha expuesto en Teruel los días 21, 22, 23 y 24 por la mañana al piloto del avión que desde París ha llegado a Valencia fletado por Richard de Rochemont - cumpliendo órdenes de Henry Luce (que es quien en realidad financia todo de su propio bolsillo)- para una vez recepcionados, llevarlos de vuelta a la capital francesa y entregarlos a Csiki Weisz para su revelado y contactos.

A continuación, Capa viaja en coche a Barcelona con Ernest Hemingway, Herbert Matthews y Dennis Sefton Delmer, para pasar la Nochebuena en la Ciudad Condal.

Justo al día siguiente de la llegada de Capa a Barcelona, Vicente Rojo (Jefe del Estado Mayor Republicano) viaja desde Teruel a Barcelona y poco después, regresa a Madrid, noticia que llega a los altos mandos franquistas, que intentan romper el cerco el día 29 de Diciembre, mediante una ofensiva de Varela y Aranda, durante la cual García Valiño y Muñoz Grandes (otros dos comandantes franquistas con gran experiencia previa en combate en el Ejército de Africa), pese a no contar con efectivos abundantes, conquistan La Muela y desde allí tienen Teruel a tiro de su artillería, pero un contraataque nocturno de la 70 División republicana al mando de Toral les obliga a retroceder, recuperando García Valiño la posición al día siguiente.

Ls bajas siguen siendo muy elevadas por ambos bandos. Las fuerzas republicanas dominan mayormente la situación, pero existe la posibilidad de que las tropas franquistas intenten de nuevo concetrar ataques en puntos específicos para romper el cerco, por lo que Vicente Rojo decide volver a Teruel el 31 de Diciembre de 1938.

Capa y los tres periodistas siguen en Barcelona, donde han pasado la Nochebuena y la Nochevieja. Han sido testigos en Teruel entre el 21 y el 24 de Diciembre de 1937 del éxito del ataque republicano y de la victoria que estaba a punto de producirse, con la total conquista de Teruel, ya que sólo quedaban los últimos reductos franquistas por capturar.

De repente, el 1 de Enero de 1938, estando todavía en Barcelona, Capa, Hemingway, Matthews y Sefton Delmer son informados de que se ha producido una gran confusión con respecto a lo que está ocurriendo en Teruel, ya que las emisoras de radio y periódicos franquistas están informando de que las tropas de Franco han reconquistado la ciudad de Teruel.

Los cuatro se quedan estupefactos. Eso es imposible, ya que sólo siete días antes, cuando estuvieron por última vez en Teruel, prácticamente toda la ciudad estaba ya en manos republicanas y se estaba ya a punto de capturar los últimos edificios con efectivos del coronel Rey d´Harcourt dentro.

La tensión crece por momentos. Saben que no puede ser, pero en esos instantes, todo el mundo en Barcelona, Madrid y Valencia tiene dudas. Es imposible saber qué es en realidad lo que está sucediendo.

La realidad es que Franco ha decidido tratar de romper el cerco, pero en absoluto ha reconquistado la ciudad de Teruel (no podrá capturarla hasta el 22 de Febrero de 1938).

Los generales franquistas Varela y Aranda han intentado romper el cerco los días 29 y 30 de Diciembre, encontrando una fortísima resistencia republicana, y el 31 consiguen llegar a La Muela a costa de grandes bajas.

El general Varela está en contacto permanente con el coronel Yagüe. Saben que necesitan más días para poder enviar refuerzos a la zona, sobre todo la temida 13ª División de Barrón y la 5ª División franquistas, lo cual no es posible a corto plazo, debido a la gran superioridad numérica republicana en la zona y a las bajísimas temperaturas y espesa nieve por doquier, que dificulta el transporte de tropas y pertrechos.

El 31 de Diciembre, tropas franquistas han intentado obtener un punto de ruptura aproximándose a las primeras casas de Teruel e infiltrándose hasta la estación de ferrocarril de la ciudad.

La temperatura es ya extremadamente baja, con una sensación térmica de -26º C.

Durante la noche del 31 de Diciembre, se produce un momento de impasse en el que ha tenido lugar la desbandada de algunas unidades republicanas - que creyeron que les atacaban refuerzos en masa del Ejército de Africa- .

Estas tropas franquistas de Varela y Aranda todavía escasas en la zona, han tenido oportunidad incluso de lograr un punto de ruptura y tratar de liberar el Seminario - defendido tenazmente por el coronel Barba-, pero el general Varela convence a Franco para que ordene que estas tropas vuelvan a sus puntos de partida, porque para el día siguiente se espera una fortísima nevada y una bajada de las temperaturas hasta aproximadamente -18º C y no tienen suficiente cantidad de hombres para enfrentarse a la notable superioridad republicana en la zona, sin tabors de regulares y legionarios que puedan llevar a cabo maniobras envolventes.

La anticipación de Varela, que está en permanente comunicación con Franco, ha permitido librar a dichas fuerzas franquistas infiltradas de una muerte segura, ya que el 1 de Enero de 1938, Vicente Rojo, notable estratega, una vez enterado de la incursión de tropas enemigas, lee perfectamente la situación, reorganiza ad hoc las tropas republicanas en Teruel y lanza un masivo contraataque que pone en fuga a las unidades franquistas que estaban más en vanguardia, obligándoles a retirarse a su zona inicial de partida de La Muela, donde se atrincheran.

También el 1 de Enero, ha caído el Convento de Santa Clara, donde los defensores franquistas han muerto en sus puestos hasta el último hombre y Vicente Rojo ordena tomar por asalto cuanto antes la Comandancia Militar y todo su perímetro defensivo, para lo cual necesitará dos días más.

Franco es informado por Varela de que los últimos reductos defensivos del coronel Rey D´Harcourt en Teruel están a punto de caer en manos republicanas ( lo cual ocurrirá el 8 de Enero) , y no tienen fuerzas suficientes para lanzar un ataque con garantías de éxito frente a las muchas divisiones republicanas presentes en la zona sin la colaboración de unidades del Ejército de Africa, en especial la División 13ª de Fernando Barrón - que se halla en esos momentos en la zona de Salinas de Medinaceli (Soria) - y hasta el 17 de Enero de 1938 Franco no podrá iniciar su ofensiva del Alfambra, al norte de Teruel, hasta reconquistar la ciudad a finales de Febrero.

Los altos mandos franquistas necesitan ganar tiempo, por lo que - algo común en ambos bandos durante la Guerra Civil Española - han optado por difundir el bulo radiofónico y gráfico de anunciar algo que evidentemente no es cierto: la reconquista de Teruel por las tropas franquistas el 1 de Enero de 1938.

Pero el bulo surte efecto. Además, las comunicaciones por teléfono y telégrafo entre Teruel y el resto de las ciudades importantes españolas han sido cortadas por pequeños contingentes de tropas franquistas que se infiltran por doquier e impiden cualquier intento de tendido de cables.

La realidad es que las tropas republicanas están a punto de conquistar el 100% de Teruel (lo cual tendrá lugar el 8 de Enero de 1937, con la rendición de los últimos defensores y el coronel Barba en el Seminario, tras la capitulación del coronel Domingo Rey D´Harcourt un día antes en la Comandancia).

Pero la ciudad está prácticamente incomunicada en tiempo real, con las líneas telefónicas y telegráficas en gran medida saboteadas a las afueras.

La falsa noticia de la reconquista de Teruel por las tropas de Franco el 1 de Enero de 1938 llega ese mismo día al mismísimo Henry Luce, que necesita publicar el reportaje con las fotos de Capa cuanto antes y mostrar una victoria republicana en Teruel.

El jefe de de la revista Life y Time Inc. se comunica con Richard de Rochemont, y le ordena que contacte con Capa en Barcelona con la máxima urgencia y le envíe otra vez a Teruel para sacar nuevas fotos y dar fé de lo que está ocurriendo realmente.

Capa recibe el aviso en Barcelona, así como más carretes de 35 mm que le envía Richard de Rochemont. Life ha invertido mucho tiempo, esfuerzo y dinero para conseguir el reportaje de Capa como sea, por lo que necesitan corroborar in situ lo que está ocurriendo verdaderamente en Teruel.

Richard Whelan informa también en su biografía de Capa que el día 2 de Enero de 1938, las comunicaciones por teléfono y telégrafo con Teruel seguían cortadas, por lo que la mañana de dicho día, Capa y Matthews salieron en el coche de este último desde Barcelona hacia Teruel, y al llegar a un puerto situado a 30 km de la ciudad, se encontraron un enorme atasco de vehículos militares republicanos, ya que a partir de ese punto la carretera estaba cubierta por una capa de nieve de medio metro, por lo que tardaron ocho horas en cruzar el puerto, hasta que llegaron al Puerto del Ragudo, consiguiendo bajar después hasta la zona de Barracas donde pudieron cenar en compañía de unos soldados republicanos.

Al día siguiente, 3 de Enero de 1938, Capa y Matthews descubrieron que los franquistas habían avanzado bastante y que llevaban varios días atacando la ciudad con su artillería y sus aviones, pero que la mayor parte de Teruel estaba todavía en manos republicanas.

Capa hizo muchas fotos nuevas durante la mañana y sobremesa de este día, siendo testigo de algunos de los momentos más duros de la batalla, sobre todo el ataque frontal con granadas y bayoneta calada de los soldados republicanos sobre el edificio calcinado del Palacio del Gobernador Civil, en cuyas ruinas resistían los últimos defensores franquistas, tras ser volada la fachada.

Capa regresó con Herbert Matthews a Barcelona durante la noche de ese mismo día, y allí tomó un avión que le llevó a París, donde entregó a Csiki Weisz en el número 37 de rue Froidevaux del distrito XIV de París todos los carretes que había expuesto el 3 de Enero.

Nota 1.- Algunas personas han argumentado que " el soldado republicano que aparece subido en el árbol en el negativo número 6 no puede haber recibido un disparo, porque en ese caso, "al tener un apoyo tan débil", habría caído al suelo a consecuencia del impacto de la bala, y por tanto el soldado que aparece en la imagen está vivo", lo cual no es cierto.

Además de los distintos factores y evidencias mencionados anteriormente, es importante saber que desde un punto de vista balístico, el calibre 7 x 57 mm no destaca por un tremendo poder de pegada, sino por su gran precisión, alcance y enorme poder de penetración, manteniendo una trayectoria muy tensa y una muy alta velocidad para la época de 730 m / seg, por lo que en manos de un tirador experto ( y todas las divisiones franquistas contaban con ellos, tanto las unidades peninsulares como especialmente las pertenecientes al Ejército de Africa, sobre todo los soldados marroquíes de tábors de Regulares y los legionarios) utilizando fusil Mauser Modelo 1893 de cañón largo o bien mosquetón Mauser Modelo 1916 fabricado en Oviedo, era capaz de matar con precisión hasta distancias de 1000 e incluso 1200 metros si el arma estaba apoyada sobre una base firme, ya que se trata de fusiles diseñados para disparos a largas distancias y con una bala que produce muy poco retroceso, lo cual optimiza la precisión.

Durante el período 1936-1939, desde un punto de vista militar y balístico, los Mausers que disparaban esta bala calibre 7 x 57 mm eran los mejores del mundo en cuanto a precisión a medias y largas distancias y en cuanto a poder de penetración, por lo que si impactaba en zona vital era enormemente letal, y atravesaba el cuerpo de la víctima a gran velocidad.

Pero sólo podía ser utilizado a distancias tan grandes por tiradores expertos con abundante experiencia previa en combate.

Fue utilizado masivamente por ambos bandos durante la Guerra Civil Española, si bien es cierto que en general los fusiles y mosquetones Máuser utilizados por el bando franquista (sobre todo las unidades del Ejército de Africa) solían encontrarse en mejor estado, además de que un alto porcentaje de las divisiones del Ejército republicano estaban dotadas con fusiles Mosin-Nagant calibre 7.62 x 54R habitualmente en mal estado (incluyendo la 11 División de Líster) y bayoneta triangular.

Así pues, las razones por las que el soldado republicano que está en el árbol no cae al suelo a consecuencia del impacto son por una parte que la bala del calibre 7 x 57 mm le mata probablemente en el acto o bien en cuestión de pocos segundos tras el impacto y atraviesa su cuerpo a gran velocidad, pero al no ser un calibre con gran pegada, la mitad superior del cuerpo del soldado republicano (es decir, aproximadamente de cintura para arriba) es impulsada hacia atrás al recibir el balazo, pero el soldado no cae al suelo porque gran parte del peso de su cuerpo descansa sobre ramas gruesas del árbol (trasero, pie derecho, y zona inferior del muslo izquierdo), mientras que su mano derecha que estaba tirando de un cable telefónico, ha quedado inerte o bien con sus últimas energías durante muy pocos segundos más -que es lo más probable-, apoyada sobre una rama más gruesa de lo que pudiera pensarse en un principio y la mano izquierda del soldado se ha aferrado como reacción defensiva al sentir el impacto de la bala a una rama gruesa (puede apreciarse en uno de los reencuadres selectivos, que acaba de producirse una pérdida de fuerza de agarre y sólo tres dedos de la mano izquierda agarran ya la rama, mientras la zona superior de su brazo derecho y el peso de su cuerpo en dicha zona es aguantado por otra gruesa rama mayormente en sombra, al tiempo que su espalda es sujetada por dos ramas muy gruesas iluminadas y en forma de V cuyos brazos alcanzan el borde izquierdo del fotograma y que confluyen por su otro extremo cerca del hombro derecho del soldado, y vemos también otras muchas ramas de menor grosor que ayudan a sujetar el cuerpo del soldado.

Es posible que si el soldado republicano que está muerto en el árbol hubiera recibido el impacto de una bala de superior calibre y mayor o mucha mayor pegada (tanto si el proyectil impacta en zona vital o no) como el 7.62 x 54R Mosin Nagant o Dragunov, 7.62 x 51 (308 Winchester), 30-06 Springfield, 270 Winchester de 130 grains, 300 Weatherby Magnum, 338 Lapua Magnum, etc (no mencionaremos la munición Nitro-Express por hallarse en otro ámbito todavía de mucha mayor potencia) hubiera caido al suelo - o quizá no, ya que el soldado tiene su cuerpo apoyado en varios puntos distintos del árbol, que han frenado su repentina inclinación involuntaria hacia atrás, aunque desde luego, dicha caída habría sido bastante más probable, debido a la mucha mayor potencia de estos calibres-.

Pero no con una bala del calibre 7 x 57 mm Mauser, de mucha menor pegada y tamaño más pequeño con respecto a calibres de mayor potencia y volumen, pero fue elegida a principios del siglo XX nada menos que por el inglés John Rigby, uno de los mayores expertos de la historia en cartuchos de caza mayor, que lo utilizó en algunos de su mejores diseños, cambiando su denominación a calibre .275 Rigby, intentando competir de tú a tú en caza mayor africana con rifles nitro-express de muchísimo mayor calibre y pegada.

La bala del calibre 7 x 57 mm fue también muy utilizada por el cazador escocés Karamojo Bell, que entre 1902 y 1920 abatió gran cantidad de elefantes en Africa que le obligaban a impactar siempre en zona vital debido a la mucha menor pegada del 7 x 57 mm en comparación con la munición nitroexpress habitualmente utilizada por los cazadores africanos de grandes especies, pero el escaso retroceso del fusil copia exacta del Mauser español Modelo 1893 7 x 57 mm (fabricado para él por John Rigby) con el que disparaba, su gran trayectoria plana, su carga de pólvora sin humo de 173 grains (11 gramos) y su alta densidad seccional que le permitía montar proyectiles largos y pesados, así como su gran poder de penetración y precisión en los disparos a larga distancia, posibilitaron el que pudiera cazar grandes paquidermos a distancias mucho mayores (en algunos casos hasta los 600 metros) que otros cazadores que utilizaban munición de mucha mayor pegada pero inferior velocidad, mucho mayor retroceso y precisión notablemente menor a medias y largas distancias.

Por tanto, si la bala del 7 x 57 mm era capaz de tales resultados con elefantes a distancias medias y largas, siempre y cuando el impacto fuera en zona vital, cabe imaginarse sus efectos fulminantes sobre un ser humano, pero con mucha menor pegada y lanzamiento del cuerpo de la víctima hacia atrás que con otros muchos calibres de mayor potencia.

Nota 2.- Durante los últimos veinte años, ha habido algunas personas que sostenían la tesis de que el soldado republicano que aparece en el árbol se hallaba sobre el mismo en misión de observación, lo cual no es cierto.

Este comprensible error se ha debido a que en la imagen del soldado republicano subido en el árbol (negativo número 6) se aprecia una zona triangular alargada y en sombra, cuyo borde está iluminado y que puede confundirse muy fácilmente con unos prismáticos.

Pero el gran artesano Csiki Weisz, pleno conocedor de la trascendencia de las líneas de Mackie, tras recibir los negativos de Teruel de Capa hace casi tres cuartos de siglo, utilizó revelador concentrado de alta acutancia Agfa Rodinal, lo cual permitió aumentar la definición de los efectos de borde inherentes a la película Agfa pancromática expuesta por Bob en Teruel, por lo que en el laboratorio del Capa Atelier de Rue Frondivaux, 37, Emerico Imre Weisz consiguió crear el mejor negativo de 35 mm posible, así como su contacto, generando la máxima nitidez de contornos y discernibilidad de detalles posible.

Gracia a ello, 75 años después, el reencuadre selectivo de esa zona de la fotografía revela que lo que pudiera interpretarse viendo la foto completa como unos prismáticos colgados del cuello y situados sobre el pecho del soldado republicano junto a su mano izquierda, es en realidad la solapa derecha de su abrigo de invierno, lo cual demuestra una vez más la enorme importancia de la acutancia a efectos de la identificación de detalles.

Copyright Text José Manuel Serrano Esparza. LHSA
Inscrito en el Registro Territorial de la Propiedad Intelectual de Madrid

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